Diez años sin Germán

Diez años sin Germán

Riguroso, detallista, investigador, gran lector, dejó un legado insondable en nuestras letras.

14 de octubre 2017 , 12:00 a.m.

Por estos días hace una década partió Germán Espinosa. Un polígrafo letrado. Autor de 'La tejedora de coronas', una de las novelas más complejas de nuestra historia literaria. Un relato donde el lenguaje, la ciencia y la historia forman un trípode monumental. Espinosa crea uno de los personajes femeninos más formidables, Genoveva Alcocer, una criolla ilustrada y adelantada a los hábitos eróticos de la época. Una revolucionaria del ser y el hacer. Un monólogo que enriquece el idioma y sirve de reflexión crítica sobre la ‘madre patria’ en el siglo XVIII, donde corrientes liberadoras iluminaron el conocimiento y el espíritu rebelde a seguir.

También escribió 'Los cortejos del diablo', que ahonda con belleza y crueldad la Inquisición en Cartagena. En un arriesgado juego de voces, relata la vejez de Juan de Mañozga, inquisidor del Santo Oficio que vino a dar a “estas tierras de Belcebú, donde el sol no se sacia, te chupa la sangre y te la saca hecha agua de borrajas”.

Barroco, anacrónico, esteta, nos enseñó el amor por el arte de la escritura. Riguroso, detallista, investigador, gran lector, dejó un legado insondable en nuestras letras. Y digo insondable, porque Espinosa es un escritor de culto en Hispanoamérica. Su garbo e inteligencia no son aptos para todo público, y él era consciente de esta determinación, sembraba su propio camino, sin importar las modas que aparecen de cuando en cuando; escribía para ser un mejor hombre.

En el libro de ensayos 'La elipse de la codorniz' rastreamos sus preferencias literarias. Cómo, por ejemplo, en su juventud fue atraído por Henry Miller, y con el tiempo, al volver a leerlo, se truncó esa admiración. En 'La vida misteriosa de los sueños', un extraño volumen, profundiza en las ciencias ocultas y el esoterismo. Y en el país del olvido, de todos los olvidos, especialmente el cultural, un bien intangible que arde en el inconsciente colectivo, también quiero recordar a R. H. Moreno Durán y Óscar Collazos.

Al final de su prolífica vida de escritor: poesía, cuento, ensayo, novela, porque era de esa estirpe donde escribir lo era todo, 'Aitana' es su obra más autobiográfica y un homenaje a su compañera de viaje, doña Josefina, pintora, y quien estuvo a su lado en las tormentas y pequeños paraísos; juntos remaron hacia cristalizar una memoria fundada en los sueños y el arte.

ALFONSO CARVAJAL

Columnistas

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