Los últimos días de la dictadura

Los últimos días de la dictadura

Ver el error para no repetirlo es vital, más cuando estamos en el nacimiento de una nueva Venezuela.

17 de junio 2017 , 12:00 a.m.

Asistimos a los últimos días de este proceso de hambruna. Es inminente el resquebrajamiento del proceso totalitario que destruyó a Venezuela. El régimen no tiene escapatoria: ante la rebeldía cívica de un pueblo decidido a cambiar su suerte, ya son muchas las humillaciones recibidas por una casta de bribones que jugaron con su futuro en nombre de una revolución que los expolió hasta dejarlos pulverizados.

Ya las tretas gubernamentales no son el eficaz somnífero que durmió a la población por años. Sus infundios son repelidos por las numerosas protestas de calles, que muestran el vigor ciudadano que no se amedrenta ante las balas del crimen, no importa que los órganos represivos del Estado en alianza con grupos delictivos arremetan en contra de la población desarmada; estos se rebelan con la fuerza imparable de no querer más dictadura en la patria.

Cada agresión es respondida por miles de personas que han hecho de la calle la casa común del pueblo alzado. Jóvenes en el despertar de sus anhelos, viejos con la fortaleza de los años; construyendo una oportunidad arropada al legado incandescente de héroes inquebrantables. Una luz que alumbra al final de un túnel que conduce a un destino mejor.

Son las valiosas historias que escriben con su sangre los capítulos de la Venezuela contemporánea, ella será el espejo en donde las nuevas generaciones se mirarán para no volver a permitir que el comunismo haga nido en nuestras columnas democráticas. Enseñarán que la ilusión mesiánica es un atolladero revestido con las pompas del sutil engaño. Que la pretendida revolución no puede inscribirse sobre el cadáver de la libertad, que cualquier doctrina que la castre siempre será una dictadura.

Nuestra patética realidad debe servirnos para reflexionar con respecto al país que está al borde del cambio inminente.

Se requiere de gobiernos que impulsen el crecimiento económico de la mano de plenas garantías para la inversión sin olvidar el compromiso social con los más débiles. Enseñándolos a crecer para profundizar en su despegue definitivo, alejándolo de la dádiva que actúa para comprar su conciencia y reducirlo al estatus de pedigüeño.

Hace falta un relanzamiento de la nación hacia nuevas formas democráticas para construir una sociedad justa, dinámica y con la elevación de los estándares de vida.

Mirar el error para no repetirlo es una premisa fundamental y más cuando estamos en el nacimiento de una nueva Venezuela. Ahora cerramos una etapa cruenta que nos legó un cúmulo de heridas que iremos sanando con gran esfuerzo. Es la hora de la construcción de un cambio estructural que nos haga cambiar el modelo manipulador por uno en donde pongamos primero a la democracia.

Nuestros jóvenes luchan en las calles por lograr una nación plena, briosos corren por los amplios senderos de la esperanza. Enarbolan la bandera de la patria que no se arrodilla, que cruza pendientes y baja al abismo para renacer en cada pecho. Son los héroes que construyen el futuro de todos. Son también el hechizo de un balón enamorado de libertad y principios cívicos, ambos son el mismo pueblo que muestra su grandeza en cada lance de vida.

ALEXANDER CAMBERO

Columnistas

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