Oposición a la política, no al político

Oposición a la política, no al político

Muchas ciudades están ya cansadas de la destrucción y de la falta de una oposición constructiva.

24 de junio 2017 , 12:00 a.m.

Los otrora centralistas y realistas pastusos nos enseñan todos los años que los actos hay que evaluarlos por su beneficio o perjuicio, y no por quien los ejecuta. En los días de blancos y negros todos son iguales, se homogenizan las clases sociales, la raza, el origen y la ideología. Pareciera no importarles quien está al lado; importan sus acciones. En la política tal vez es diferente: se juzgan y atacan las decisiones públicas dependiendo de quien las promulga, no de sus atributos.

Todos coincidimos en que la oposición es necesaria para las democracias; sin importar quién sea el alcalde de turno, las ciudades necesitan críticas y voces diversas. Pero hoy somos testigos de permanentes barreras y gritos ruidosos cuyo fin pareciera ser más una obstrucción al político y no una detracción a la política.

Se nos ha olvidado hacer oposición. O tal vez nunca aprendimos.

Bolívar y Santander no siempre dieron ejemplos de buena oposición. Resuenan en las bibliotecas los discursos en tropel donde el primero denunciaba la “pérfida ingratitud de Santander” y éste último calificaba a Bolívar como “supremo perturbador de la República”, en medio de esa lucha decimonónica por el poder. Lo que ocurrió después representa parte de nuestra historia: Los militares depusieron a Mosquera; Obando y López tumbaron a Urdaneta, y Obando revivió los movimientos contra Márquez. Todo esto en cerca de 10 años.

Seguimos igual. Muchas ciudades están ya cansadas de la destrucción y de la falta de una oposición constructiva. Periódicos y redes sociales se están colmando de argumentos ad hominem para convencer, manipular y agredir. Sin importar la ideología, partido o región, algunos se preocupan solo por atacar a los funcionarios, en lugar de trabajar bajo una oposición técnica y respetuosa.

Ahora, algunos opositores aún se esfuerzan por hacer las cosas de una mejor forma, y con argumentos, debates, sin exageraciones, envidias ni agresiones luchan por el cambio de las políticas que consideran equivocadas.

Esa es la oposición que le sirve a la democracia, la que no busca tumbar a un líder gobernista por pertenecer a un determinado partido, sino que es capaz de considerar y estudiar sus ideas, antes de criticarlas. Despersonalizándolas. Mirando la letra y no su autor; olvidándose de los nombres de los protagonistas y de sus afiliaciones políticas. Como hacen los pastusos en carnavales.

La historia puede ser mejor si existiera una oposición a las políticas públicas, no a los políticos enemigos. Es hora de recordar cómo hacer oposición. O tal vez aprender a hacerla.

ALEJANDRO RIVEROS GONZÁLEZ

Columnistas

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