La vida por un cheque

La vida por un cheque

El mundo está como está no por falta de sexo, sino por exceso de trabajo.

14 de abril 2018 , 12:00 a.m.

Solía pensar que si una persona estaba amargada era porque no tenía sexo, hasta que un día leí que solo al 13 por ciento de la población le gusta su empleo. Entonces entendí que el mundo está como está no por falta de sexo, sino por exceso de trabajo. Usted odia el suyo, solo que públicamente afirma que le encanta.

No es ningún secreto que las personas no quieren ir a trabajar, basta con verles la cara un lunes, y eso pasa porque la mayoría no sabemos qué hacemos acá, y no hablo solo de cuestionamientos existenciales, sino de asuntos prácticos. Ignoramos por qué nacimos humanos, pero ya siendo lo que somos nos toca jalar del carro porque sin dinero nos morimos de hambre y sin ocupación; además, nos morimos de aburrimiento. Igual, aun con trabajo y dinero seguimos careciendo de respuestas y de sentido, la vida nos pasa por encima, y ni nos enteramos.

De toda esa gente que odia su empleo pero que cada mañana hace como si lo adorara, la que más llama la atención es la que trabaja para una gran empresa, diga usted una multinacional. Todos comemos de esos monstruos, que son los que mueven la economía, pero no tienen gracia, no hay amor ahí. Serán admirables como organización, incluso podrán gustarnos las cosas que producen, pero ser empleado de una de ellas es casi estar muerto en vida.

Crecen y descubren que tanto trabajar hasta las diez de la noche y fines de semana no era tan gratificante como creían, y que sus sueños quizá nunca fueron los suyos sino los de su empleador.

Y ve uno a esa gente corporativa, toda feliz al comienzo, trabajando en una petrolera de cincuenta mil empleados y operaciones en tres continentes, y no entiende nada. Lo peor es que mientras estudian, el sueño de muchos es pertenecer a una organización de esas y viajar por trabajo. Y cuando lo logran se los ve plenos, portando la tarjeta de ingreso a la oficina como si fuera una medalla obtenida en la guerra. Sufren de reunionitis, copian a media empresa en los mails y desde los 22 se visten como gerente y se comportan como tales, hasta que un día lo logran y no les cabe el orgullo cuando dicen que son el director de mercadeo para Latam de lo que sea. Porque esa es la otra, creen que el término se oye cool y que su tiempo es tan valioso que no pueden perder ni un segundo de más diciendo Latinoamérica.

Luego crecen y descubren que tanto trabajar hasta las diez de la noche y fines de semana no era tan gratificante como creían, y que sus sueños quizá nunca fueron los suyos sino los de su empleador. Y, según el mismo artículo que leí, ocurre cerca de los 40, que es cuando esos prisioneros descubren que no hay hacia dónde más ir, que el tiempo es el más valioso de los recursos y que cerca de los 50 empiezan a volverse obsoletos y corren el riesgo de ser reemplazados.

Es ahí cuando de nada valen los cerros de dinero, las bonificaciones, las vacaciones pagadas, las facilidades para comprar casa y carro, los espacios extravagantes con juegos y zonas de descanso en la oficina. Todo eran mecanismos para tenerlos productivos y sumisos.

Por eso, mucha gente está volviendo a lo básico, a la pequeña empresa, al emprendimiento. La independencia da miedo, pero te afila el instinto de supervivencia. Sin un horario que cumplir ni un jefe que te diga qué hay que hacer, pronto entiendes que remas o te ahogas y, de paso, que remar no es tan difícil y que un cheque fijo mensual no necesariamente da seguridad, sino que más bien mata los sueños.

Cuando visito grandes empresas o lugares por el estilo donde trabajé veo a las personas sentadas en sus cubículos y siento pesar por ellas, y de paso ruego para que nunca me toque aceptar un empleo así. Yo no sé cuál será mi lugar en el mundo, menos el suyo, lo que sí tengo claro es que no lo va a encontrar en uno de esos búnkeres en los que nunca sale el sol, y si sí, toca verlo detrás de una ventana desde donde se observa la vida, pero no se participa en ella.

ADOLFO ZABLEH DURÁN

MÁS COLUMNAS

Columnistas

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Ya leíste los 800 artículos disponibles de este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido digital
de forma ilimitada obteniendo el

70% de descuento.

¿Ya tienes una suscripción al impreso?

actívala

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.