Theresa May, a contrapié

Theresa May, a contrapié

Nadie convoca unas elecciones anticipadas si no cree que las va a ganar.

19 de abril 2017 , 12:00 a.m.

Se equivocan quienes no se cansan de comparar a la actual premier británica, Theresa May, con Margaret Thatcher. Es posible que en coraje y en firmeza no le gane, pero acaba de demostrar que sí lo hace en audacia y astucia.

Nadie se esperaba esta convocatoria electoral por sorpresa. Ni en el Reino Unido ni tampoco en Bruselas. Y si algo nos enseña el cálculo y la estrategia electoral, es que nadie convoca unas elecciones anticipadas si no cree que las va a ganar. Salvo Zapatero en su momento, podemos apostillar, cuando el derrumbe era manifiesto y otros ganaron por goleada más por castigo que por virtudes propias.

El brexit se cobra sus víctimas, y May está dispuesta a jugar sus cartas, pero también a cobrar los peajes que sean precisos. Entre ellos dar la puntilla a los laboristas, noquear a los liberales y acallar a los nacionalistas escocesas. Mas todo puede pasar. Ahora bien, hay una certeza: la salida de la Unión es irreversible, y debe serlo por necesidad e higiene cerebral a ambos lados del canal.

Estos no son los tiempos del siglo XIV tras el fin de los capetos en Francia y el poderoso Eduardo III en 1346 y su hijo el Príncipe Negro. De aquella guerra de los Cien Años, no podemos permitirnos los europeos estar siempre en la picota, en los dimes y diretes, en el torpedo y el órdago constante. La salida del Reino Unido no será, a priori ni fácil ni contentará a todos. Al contrario, será dura, compleja, tensa, enconada y solo con el paso del tiempo todo se irá suavizando. Serán y son muchos los intereses y los factores en juego, tanto presentes como futuros.

Es astuta, rápida, de reflejo corto en medio de las dudas, pero suficiente para mostrar credenciales bien distintas y más pensadas que las de su homónima ex premier Thatcher.

Pero volvamos al contrapié. May apuesta fuerte, segura de sí misma. Dispuesta a romper con hipotecas, con debilidades y con mayorías exangües. Necesita un parlamento perfectamente alineado con sus tesis. Sin contratiempos ni zancadillas que obstaculicen las negociaciones. Necesita claridad y paz en casa para afrontar lo único trascendente ahora mismo para los británicos.

Busca legitimidad, poder, pero sobre todo, más allá de la potestas, la auctoritas. Necesita blindarse de autoridad, sin fisuras ni contestación de ningún calibre. Sabe de la debilidad del bipartidsimo y de la oportunidad ante un partido laborista dividido y fracturado por su carencia de liderazgo, su contestamiento interno y sus dudas. Es el momento. No tiene a otro. Este es el contrapié de May. No tendrá otra oportunidad. Sabe jugar con los tiempos. Ha apurado hasta la extenuación la activación del artículo 50 del TFUE, y gana tiempo y sorpresa ahora cuando nadie esperaba una cita electoral.

Es astuta, rápida, de reflejo corto en medio de las dudas, pero suficiente para mostrar credenciales bien distintas y más pensadas que las de su homónima ex premier Thatcher. Quién sabe, quizás May haga pequeña a esta. Va por todas. Con audacia. No quiere ni ataduras ni mochilas. La lección que a veces solo los políticos más decididos aplican. Y si el liberalismo resurge, lo hará por noqueo de los laboristas, no de los torys. Estos cierran filas en bloque. Sin fisuras. Jaque mate.

ABEL VEIGA COPO

Columnistas

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