Llegará la realidad tras el espejismo

Llegará la realidad tras el espejismo

Pedro Sánchez será en los primeros meses un presidente de guiños, de gestos. 

06 de junio 2018 , 12:00 a.m.

¡Muerto el Rey!, ¡viva el Rey! Así es también la política: amnésica con la derrota, eufórica con la victoria. Aunque algunas, quizás, puedan ser pírricas. Solo el tiempo, implacable en su veredicto, arrojará la sentencia definitiva. Mientras, España en el camino, para lo bueno y lo malo. Del árbol caído no hagamos más leña. Casi todo ha sido y ha quedado dicho de Mariano Rajoy. Desde el tancredismo a cierta indolencia, pero los epitafios, benevolentes o no, ya llegarán. Veremos qué hace, si bien todo apunta a que dejará al partido a su propia suerte. En el fondo, cuanto menos tutelas, mejor.

Es el momento de Sánchez, el séptimo presidente de nuestra democracia. Lo consiguió, contra pronóstico, contra quizás ciertas lógicas caducas. Pero está en la Moncloa, las riendas de un país están en sus manos. Prácticamente se ha dicho de todo de él, quizás no todo bueno ni para bien. Es el precio de la mediocridad política y la forma en que en este país se demoniza a todo o casi todo. Pero ha ganado la moción de censura y automáticamente será presidente. Legítimo, sí, porque es el juego democrático y constitucional.

No nos equivoquemos. No juguemos con al palabrería vana y estéril. Nunca mejor aquél viejo adagio latino del veni, vidi, vici. A buena fe que Sánchez ha pasado por muchos Rubicones, especialmente entre sus compañeros de filas, más bien ejecutivas y baronías. Pero él ya es, será, presidente de un gobierno, el resto no.

Resurge y renace de unas cenizas que otros quisieron aventar. Tenaz, obstinado, decidido, con el suficiente desdén y arrojo para echarse el mundo por montera y romper inercias, sabe que su apoyo ha estado en las bases, en la militancia. Eso le ha servido, sobre todo desde el 2 de octubre de 2016, aquél domingo de traiciones y cuchillos bajos, para saber dónde está su fuerza y su gente, su perseverancia y su umbral de resistencia más allá de la fundición del hierro. Pero ahora todos, de momento, hincan su rodilla y altivez ante el nuevo pretor. Las heridas acaban cicatrizando. O no, qui lo sà?

Los próximos días serán escrutados con lupa. No le dejarán ni respirar, ni un atisbo o amago de duda. Ni quiénes le han aupado, ni quiénes están en la oposición. Esperemos que emerge el verdadero rostro. Con todas las consecuencias que ello depara, por el bien de España y de una sociedad que en las elecciones de 2015 y 2016 ha devuelto el espejo roto que los políticos y los partidos entregaron.

Por el bien de España y de una sociedad que en las elecciones de 2015 y 2016 ha devuelto el espejo roto que los políticos y los partidos entregaron.

Necesitará cintura, equilibrio constante pero mucho malabarismo que no filibusterismo. Precisará empatía y pedagogía. Solo los sordos y mal asesorados tiran por los acantilados la explicación pedagógica. Así les ha ido. Sánchez debe explicar muy bien lo que hace, y por qué y cómo lo hará. Debe tener unos límites claros para no ser rehén del oportunismo y fiel de la balanza de Podemos –que no pasa por su mejor momento- y el nacionalismo más impenitente y aguerrido. Sabe que aún tiene un Senado en contra mayoritariamente y que él, en realidad solo es un presidente, -nada menos-, con 84 diputados sin ni siquiera serlo él mismo. Cada ley será un mundo si llega a aprobarse, y esperemos que no caiga en aquello que tanto censuró, el abuso desmedido del Decreto Ley.

Algunos todavía se preguntan ¿cómo ha sido posible? Pero ya poco importa, esa es la realidad. Por contumaz y pertinaz que sea, solo es realidad misma. Es una incógnita ahora mismo saber qué gobierno formará, si monocolor o con adherencia de quiénes le apoyaron, recte, se juntaron para echar y desalojar al anterior presidente y su partido. Si abrirá el gabinete a profesionales independientes. Pero sin duda la mayor certeza de las probabilidades, no pleonásticas, es que no está dispuesto, de momento a convocar nada. No le interesan elecciones a nadie salvo a un Ciudadanos que se ha descolocado aún más que los populares. Y que sabe que ahora el sr. Rivera es el centro del fuego cruzado de todos, acabada la adolescencia política. Hora es de retratarse.

Sánchez será en los primeros meses un presidente de guiños, de gestos. Pero estos tienen poco recorrido en política. Y sí consecuencias. Sabe que el camino está lleno de minas. Que quiénes hoy le piden formar gobierno de coalición, en 2016 boicotearon su investidura. Que el nacionalismo va a cobrar peajes y muy caros después de habérselos sacado ya a todos. Que las encuestas de momentos no remontan. Y que a nadie le importa de verdad hablar de reformas laborales, económicas, pensiones, déficit y los nuevos recortes que ya vienen de Bruselas, así como levantar un maquillado 155.

Incertidumbre e inestabilidad parcial en el carrusel político. Eso es lo que ahora mismo aflora. Porque los frentes son inmensos. No tanto en lo económico máxime si se compara con los dos tres primeros años del gobierno Rajoy, cuanto en lo político, territorial, social y de futuro para un país, donde sus políticos no son capaces de tener una idea clara de qué hacer, cómo y cambiarlo todo. Empezando por el cáncer de la corrupción cuyos tentáculos han tocados todos los resortes públicos, privados y mentales de este país. El futuro no está escrito pero sus renglones sí, ya vienen marcados, y más que para sus antecesores a un Pedro Sánchez donde la opinión pública tiene muchas dudas, no menores recelos y desconfianzas.

ABEL VEIGA

Columnistas

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