Peatonalización a la vista
Por: ABDON ESPINOSA VALDERRAMA |
La determinación de peatonalizar el trecho aludido de la carrera 7a. parece irreversible.
La peatonalización del tramo histórico de la carrera 7a., antigua calle real de la capital de la República y por muchos años eje comercial de la urbe, en otra época atestado de cafés con el típico aroma del producto de este nombre y el humo de cigarros y cigarrillos, reviste vasta trascendencia, aun en medio de la proliferación de otros centros de trabajo, comercio, recreación y actividades profesionales.
Desde cuando se adoptó, en el segundo semestre de 1974, el modelo de la ciudad multicéntrica, la población se ha más que duplicado y sus asentamientos se han diversificado, expandido y fortalecido. El espacio libre de la antigua herradura urbanística se ha ido llenando con velocidad extraordinaria.
Aun así y aunque la peatonalización de la vía emblemática sea de prueba por seis meses con motivo del derribo del puente sobre la calle 26, la medida tiende a ser permanente y exigirá cuidadosos ajustes del tráfico. No sin considerar que en el sector se concentran las sedes rectoras de los poderes públicos, eclesiásticos y, en parte fundamental, financieros, con el Banco de la República a la cabeza. Autoridades cuyas funciones imponen trámites ante ellas, al menos de cuando en cuando, pese a la descentralización de sus dependencias.
Además, en su radio de acción se encuentran el barrio colonial de La Candelaria, ricos museos de variada índole, bibliotecas y numerosas universidades que sirven de polo de atracción y educación de las nuevas generaciones. Y en construcción se halla el edificio de más de sesenta pisos en la calle 19 con carrera quinta, iniciativa que presuntamente consultó las facilidades de acceso y servicios públicos.
De inmediato, se plantea la necesidad de usar avenidas y calles alternas. Con mucho optimismo, se menciona la deleznable Circunvalar, a la cual, sin embargo, no se la ha mantenido y solidificado, hasta el punto de que en varios trayectos han debido establecerse desvíos y las obras desmayadas de reparación manual acusan ritmo lentísimo. Por no haberse aprovechado los días de sol, con las lluvias volverán o se intensificarán las interrupciones y la situación se agravará con la restricción de la carrera 7a., si no se establecen y prevén correctivos adecuados.
Para no llamarse a engaño, vale la pena traer a colación los resultados de similares experimentos en Colombia. Una de las primeras determinaciones del primer alcalde popularmente elegido en Bucaramanga, Alberto Montoya Puyana, fue la de peatonalizar, arborizar y embellecer su calle real. Aquello fue, al principio, todo un éxito. Daba gusto caminar en un ambiente amable, seguro y gratísimo. A poco, sin embargo, los vendedores ambulantes ocuparon el espacio y el hermoso paseo se volvió un mercado persa por el que ya no es atractivo transitar.
Al contrario de lo que ha ocurrido con la calle Florida de Buenos Aires (Argentina), pese a las precauciones que cada transeúnte debe tomar contra los riesgos de inseguridad, existentes también en otras zonas de esa bella y populosa metrópoli.
Todo dependerá de la reglamentación y de que no se violen las normas. Como se ha pretendido en sectores destinados a la vivienda al tratar de insertarles universidades con las implicaciones que de su funcionamiento se derivan. La determinación de peatonalizar el trecho aludido de la carrera 7a. parece irreversible. Bien hicieron los que emigraron a tiempo de esos amados predios.
Corresponde a las autoridades hacer lo imposible por que su iniciativa opere sin mayores traumatismos. Ojalá, socialmente, con buenos resultados. El acelerado crecimiento del parque automotor va creando en todas partes dificultades que toca atender y resolver, en la mejor forma.
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