Judicialización con incidencias políticas
Por: ABDON ESPINOSA VALDERRAMA |
Abdon Espinosa Valderrama
Habrá que llenarse de razón, templanza y estricta imparcialidad para prevenir cualquier suspicacia sobre las actuaciones judiciales.
Va a resultar difícil evitar las incidencias políticas del juzgamiento de servidores públicos.
A propósito del caso del ex Alto Comisionado doctor Luis Carlos Restrepo, a quien se le imputa haber patrocinado la farsa de la desmovilización de un supuesto grupo guerrillero de las Farc, han salido a la luz pública toda clase de embelecos e interpretaciones, desde la operación misma hasta sus móviles y responsabilidades. El principal testigo, 'Olivo Saldaña', primero acusa y luego asume la totalidad de la culpa del engaño al país, a los jefes militares y al propio doctor Restrepo.
Con la Fiscalía General de la Nación, que lo ha enjuiciado por esta causa y considerado peligro social, mantiene desde la clandestinidad acre enfrentamiento. Mitigado, en cierta forma, por el concepto lenitivo de la Procuraduría General de la Nación en el sentido de que no es tal su condición personal y, por tanto, no habría mérito para su detención preventiva si viniera a presentarse ante la justicia. Quedaría a criterio del juez la determinación posterior de encarcelarlo o no, con perfecta seguridad para su vida y sus derechos.
El ofuscamiento por las duras acusaciones llevó al doctor Restrepo a escoger como intermediario a José Obdulio Gaviria para dar a su episodio aguerrido giro político y plantear iniciativas descabelladas. Como la de una Asamblea Constituyente para cambiarle la faz al régimen político y establecer el período presidencial de ocho años y la reelección indefinida. So pretexto de estabilidad, la monserga de revivir el régimen dictatorial de Porfirio Díaz en México o, de todos modos, una rigurosa hegemonía autocrática, con elecciones manipuladas.
A la judicialización de la denuncia se ha respondido con furiosa interpretación política, como si se tratara de una maniobra de partidarios del presidente Juan Manuel Santos contra su antecesor, el expresidente Álvaro Uribe Vélez, por tratarse de uno de los más destacados colaboradores en su gobierno. Hay quienes viven en trance de promover su discordia, con perjuicio de todo el país.
Por ejemplo, José Obdulio Gaviria, en columna de ayer en este mismo diario, escrita en Madrid, pretende asimilar la política española a la colombiana, sin reconocer las características propias de cada nación.
Todo para vejar al presidente Santos como presunto exponente de la izquierda socialista y exaltar al expresidente Uribe atribuyéndole convicciones de ultraderecha. Sin advertir que allá, en la llamada Madre Patria, la extrema austeridad, impuesta extemporáneamente en Europa, va ahondando la crisis, precipitando la recesión, multiplicando el desempleo y provocando protestas multitudinarias, como las estudiantiles de estos días en la ciudad de Valencia, velozmente extendidas a otras.
Más vale que cada país obre en función de sus realidades, posibilidades e idiosincrasia. Amargo recuerdo dejó el empeño de trasladar a Colombia la cruzada de exterminio del Generalísimo Franco. Por lo demás, no es prudente ni útil dramatizar las eventuales discrepancias entre el mandatario en ejercicio y su predecesor, habiendo trabajado en estrecho acuerdo en el gobierno de este y compartido en el pasado ideas liberales. Cada período presidencial tiene problemas, compromisos y deberes específicos.
Va a resultar difícil evitar las incidencias políticas del juzgamiento de antiguos o actuales servidores públicos. Pues de suyo estos vínculos existen por haber desempeñado funciones oficiales. Si no, recuérdese lo que fue el proceso 8.000 por la intromisión del narcotráfico, o las anomalías en el DAS, o los robos en la Dirección de Estupefacientes. Habrá que llenarse de razón, templanza y estricta imparcialidad para prevenir cualquier suspicacia sobre las actuaciones judiciales.
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