Vaivenes del proselitismo político

Vaivenes del proselitismo político

Si las Farc van a convertirse en partido, nada habrá de escatimárseles en actividades propias de esta condición, pero previamente han debido entregar las armas a la ONU y congregarse en los sitios convenidos.

03 de agosto 2016 , 06:47 p.m.

En el transcurso de realidades y expectativas del proceso de paz han surgido interrogantes sobre los alcances de las instituciones actuales y sobre perspectivas que apenas despuntan en el horizonte. Tales, por ejemplo, respecto de la dejación o entrega de armas de las Farc a comisionados de la Organización de Naciones Unidas en centros suyos de acopio, previamente señalados.

Pero no faltan las inquietudes ni las preguntas como las que han surgido sobre los alcances de instituciones en plena vigencia, específicamente en materia de líneas de conducta a nivel constitucional. Quizá se venga tendiendo a homologar o equiparar, en estructura y funciones, a las Farc con las Fuerzas Armadas de la República de Colombia y, por ello mismo, se las considere teóricamente sujetas a la prohibición de hacer proselitismo político en cualquier sentido.

Fruto de esta restricción del Frente Nacional, a raíz de la caída tumultuosa del régimen tiránico del general Gustavo Rojas Pinilla, a nadie se le había ocurrido derogarla hasta ahora, acaso con motivo de los acuerdos alcanzados en la mesa de negociaciones en La Habana. Si a nadie se le va a permitir hacer política con armas al hombro o metralletas en la cintura, no se vislumbra la razón de exigir su enmienda, cuando se trata de norma diáfanamente democrática e igualitaria, con la cual todos los colombianos nos sentimos protegidos.

A la memoria viene el recuerdo del discurso famoso del presidente electo Alberto Lleras, en el recinto del Teatro Patria, donde había convocado al mando militar en pleno para presentarle el exacto alcance de sus facultades y de las que a aquel incumbían. No cedería en sus atribuciones, pero tampoco aceptaría extralimitaciones de las ajenas, ni violaciones de la veda a la actividad política de quienes vistieran el uniforme militar.

Si las Farc van a convertirse en partido, nada habrá de escatimárseles en actividades propias de esta condición, pero previamente han debido entregar las armas a la ONU y congregarse en los sitios convenidos. Nada de proselitismo armado, sino exposiciones y contactos igualitarios en campo abierto. No es que vayan a renunciar por siempre a las armas, pero sí a utilizarlas para amedrentar o tiranizar a compatriotas inermes e intervenir políticamente con apoyo de ellas.

Mirando hacia afuera, se tuvo el privilegio de seguir, gracias a la televisión, el curso accidentado de las asambleas de los partidos Demócrata y Republicano en Estados Unidos. Con resultados frustrantes de este y tranquilizadores y esperanzadores de aquel. En efecto, jamás se pensó en la victoria arrasadora de Donald Trump y, en cambio, sí se previó la de Hillary Clinton, previa sucesión de brillantes y algunos emocionantes discursos.

Empezando por el del presidente Obama, a la altura de su vasto prestigio, lo mismo que a su turno la primera dama, siguiendo con el muy gallardo y progresista de Bernie Sanders, quien dejó al descubierto su diáfana estirpe socialdemócrata y declinó su aspiración en la de la líder de su partido, con tanta disciplina como elocuencia.

Si bien se ratificó la candidatura de Hillary Clinton, madurada en el fértil ejercicio del poder, se hizo impresionante despliegue de compactación y unidad con miras a las elecciones del mes de noviembre. Al recuerdo vinieron las de 1950, en las que se daba por descontada la victoria de Thomas Dewey y resultó confirmado el nombre del infatigable presidente demócrata Harry Truman.

Luego vendrían la era del presidente Kennedy y, más tarde, el giro a la derecha de Ronald Reagan, coincidente con el de la de la señora Thatcher en la Gran Bretaña, afín en su ideología y ambos con fuerte influencia en América Latina. Como vasta, precursora y profunda fuera la progresista de Franklin D. Roosevelt, que al mundo entero marcara.

Abdón Espinosa Valderrama

Columnistas

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