Grandezas y miserias

Grandezas y miserias

¿Por qué los rastros de hambre y miseria en la Venezuela de hoy, no obstante la permanencia de la abundancia del subsuelo que la ha inducido a compartirla a título gratuito con otros pueblos?

14 de septiembre 2016 , 06:38 p.m.

El debate sobre los acuerdos, pacientemente construidos en La Habana por representantes de la República de Colombia y voceros de las Farc, viene copando la atención del país y seguirá haciéndolo hasta cuando se realice el plebiscito convocado para aprobarlos o improbarlos. No sin episodios conflictivos como la suspensión por el Consejo de Estado de la reelección del procurador general de la Nación, Alejandro Ordóñez Maldonado, a quien se le había crecido la propensión camorrista.

En realidad, con ocasión del desempeño de sus funciones, venía deslizándose a críticas cada vez más acerbas a los servidores públicos, apuntando cada vez más alto en el panorama de su presunta jurisdicción. En especial, al Presidente de la República, con quien venía hombreándose, cuandoquiera sus determinaciones o sus palabras pudieran aparecer expuestas a su vigilancia.

Jamás un funcionario de su categoría se atrevió a tanto. Se cita como antecedente la reprensión ocasional y única del procurador Mario Aramburu al presidente Carlos Lleras Restrepo por el desliz verbal que consideró intervención calculada en política. Pero, de resto, prestó discreta, abnegada y eficaz colaboración como abogado que de suyo lo era de la Nación, en casos conflictivos de muy difícil manejo y escabrosa solución.

Vínculos familiares de afecto y patria chica me han ligado a los antecesores del doctor Alejandro Ordóñez Maldonado, también oriundo de mi amada ciudad de Bucaramanga. En principio, atribuí sus primeros descarrilamientos a razones puramente temperamentales y accidentales que no habrían de convertirse en costumbre y línea de acción. Bien pronto, sin embargo, demostró que la intransigencia visceral era propia y característica de su estilo. Propicia de suyo para exponerlo a resquemores y animadversiones. Como la que acabó llevándolo al precipicio administrativo.

En contraste con estos amagos de conflicto e incomprensión, encuentro en mi cuarto de trabajo, refundido entre otros papeles, un librito en memoria de Rómulo Betancourt (1908-1998), en el cual campea la grandeza a la luz de su correspondencia epistolar. A la memoria viene el recuerdo de la comunicación telefónica que ese insigne personaje me hiciera desde Berna (Suiza) a Madrid (España), hacia el mes de julio de 1981, cuando por voluntad propia finalizaba mi misión diplomática en esa nación.

Era con el fin de proponerme que hiciéramos publicación conjunta del epistolario cruzado con el expresidente Eduardo Santos a lo largo de los años. No se requerirían notas aclaratorias de ningún género en cuanto los temas eran fundamentalmente ideológicos. Ahora lo comprendo por el cuadernillo de la referencia, y veo con desencanto que se limitaron a publicar las cartas a él dirigidas, pero no sus respuestas.

Por ellas cabe juzgar, sin embargo, el nivel de inteligencias y grandeza en que se movían, al servicio de la patria, la libertad, la prosperidad y la justicia. En contraste con el oscurantismo y la dramática escasez que en la actualidad allá se observan, a juzgar por todos los testimonios. Como si Venezuela no fuera inmensa e intrínsecamente rica, como si la dramática escasez de hoy fuera fruto del acaso o de pulpos desalmados.

En concepto del expresidente Eduardo Santos, nuestros pueblos suelen perdonar todo a sus gobernantes, excepto el no hacer nada, el dejarse llevar de los acontecimientos. Cuántas lecciones de buen gobierno y recto pensar, democrático y justiciero, ahí se encuentran. Cuántas ilusiones realizadas se presentan, por encima de desengaños y traiciones, con mano firme en el timón supremo, sin pretender disculparse con factores puramente aleatorios, o soslayando si no tapando las propias responsabilidades y desvíos de conducta.

¿Por qué los rastros de hambre y miseria en la Venezuela de hoy, no obstante la permanencia de la abundancia del subsuelo que la ha inducido a compartirla a título gratuito con otros pueblos? ¿Por qué el eclipse de las libertades públicas y por qué los encarcelados sin juicios transparentes?


Abdón Espinosa Valderrama

Columnistas

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