Despegue de campañas presidenciales

Despegue de campañas presidenciales

No más tolerancia cómplice con quienes estén delinquiendo.

16 de noviembre 2017 , 12:00 a.m.

A medida que se aproxima el fin del actual Presidente de la República, van lanzándose los candidatos a sucederlo, como si del fondo de la historia hubiera resonado la voz de “patos al agua”. Esta semana le correspondió el turno a Germán Vargas Lleras, quien no se restringió a poner su nombre a disposición de sus compatriotas, sino que compendió, en una especie de revista a todo color, su programa de gobierno, su novedosa política económica y tributaria. Vaya si en verdad lo son.

Por la sede principal de tales estudios, no puedo menos de asociar el recuerdo paradigmático de su abuelo, Carlos Lleras Restrepo, cuya residencia fuera literalmente arrasada el fatídico 6 de septiembre de 1952 por la Policía Nacional, junto con EL TIEMPO, el diario El Espectador y la residencia del otro jefe liberal, el expresidente Alfonso López Pumarejo. EL TIEMPO pudo reaparecer al tercer día con lo que el público cariñosamente designó ‘el tiempito’, en gracia de la reducción obligada de su formato.

Semejante milagro fue posible en virtud del préstamo generoso de las instalaciones del diario El Liberal, que acepté sin vacilar en mi calidad de director encargado de EL TIEMPO, gallardamente ofrecidas por sus representantes legales, Hugo Latorre Cabal y Samuel Muñoz Piedrahíta. A esa ocasión hace referencia quien entonces era director-propietario de EL TIEMPO en carta manuscrita, fechada en París el 18 de septiembre de 1952.

En lo pertinente reza así: “Mi queridísimo Abdón: ¿Te habré dicho lo suficiente mi admiración, mi gratitud, mi afecto por ti? En la hora suprema y decisiva estuviste a la altura de todos mis anhelos, más allá aún. Adivino tus luchas, tus amarguras, tus esfuerzos. Solo ecos honrosísimos de lo que hiciste me llegan, y me enorgullezco de nuestra sangre común y de lo que eres. Tu nombre queda para siempre grabado en letras de fuego en la hora más noble y pura de EL TIEMPO”.

El hecho de que haya un candidato presidencial clamando por lo que considera una reforma impostergable sienta precedente valiosísimo en forma que alumbra el camino por recorrer de aquí a las urnas.

Volviendo a la actualidad palpitante, sobre la mesa quedan las propuestas específicas de Germán Vargas Lleras en materia de tributación y legislación impositiva. Por ejemplo, para corregir inequidades lesivas de los intereses legítimos de la industria nacional que a todos los compatriotas acaban afectando, a través del contrabando y la reducción consiguiente de las oportunidades laborales. Lo que se plantea es un viraje fundamental de las concepciones y las prácticas nocivas de al menos la última época, en que hemos ido allanando el camino de graves errores, tanto de concepción como de aplicación, hasta el punto de considerar las opciones posibles como anatemas ruinosos para las finanzas públicas.

Menester será revisar tanto los textos como refrescar las mentalidades, no a la luz de principios trasnochados sino de viabilidad comprobada en el mundo contemporáneo. No todo ha de ser estatismo absolutista, con exclusión de los seres humanos que habitan el respectivo territorio. Ni que hubiéramos retornado al imperio de normas y prácticas despóticas, a la moda de los totalitarismos de turno, cuando se está sintiendo la urgencia de fórmulas diáfanamente democráticas. El hecho de que haya un candidato presidencial clamando por lo que considera una reforma impostergable sienta precedente valiosísimo en forma que alumbra el camino por recorrer de aquí a las urnas.

De otro lado, tonifica la invitación a recuperar la confianza en la justicia, en dar seguridad jurídica, en facilitar el acceso a sus más representativas y diáfanas figuras en el limpio desempeño de sus deberes y, en fin, en reivindicar el alma de la toga, empezando por corregir sus extravíos, persistiendo en la tarea de enmendar yerros protuberantes y de aplicar sin vericuetos ni esguinces las sanciones respectivas. No más tolerancia cómplice con quienes estén delinquiendo, ni el solo rubor complaciente con cuantos lleguen a ofrecer conductas sospechosas.

ABDÓN ESPINOSA VALDERRAMA

Columnistas

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