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Abdón Espinosa Valderrama

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De cara al presente y al porvenir

  Hacia el año de 1968, el Banco Mundial se inclinaba a excluir a Cartagena de Indias de la visita de un grupo de periodistas de los varios continentes, invitado a observar los planes y avances del desarrollo, con el argumento de que era ciudad nostálgica, embelesada en el pasado y en sus laureles marchitos, sin vocación de porvenir. Las razones no eran pocas. Para empezar, el recorrido del aeropuerto al centro histórico, por entre lodazales, constituía, a su juicio, muestra irrefutable de desidia y abandono. Por sobre todo, de una mentalidad reacia a asimilar y poner en práctica los cambios y adelantos tecnológicos.

Viéndola ahora, limpia, radiante y pujante, de cara al futuro y buscándolo sin desfallecimientos (aunque con considerables zonas de pobreza) se pregunta uno cómo logró dar semejante salto y volcarse al progreso con sentido estético. Obras básicas de infraestructura le permitieron romper el anillo de hierro de la inercia. Dos grandes avenidas, la Francisco de Paula Santander, bordeando el mar desde el aeródromo, ahora con toques de modernidad, y la Pedro de Heredia, ancha vía por entre focos de miseria, le dieron movilidad y atractivo aspecto.

Faltaba el alcantarillado para el saneamiento ambiental. En Boca Grande habría de tener serios tropiezos, finalmente superados, a causa de la corrosión de los tubos subterráneos, mal sufrido de antaño por los objetos de plata en los hogares. Además, había que extirpar el cáncer voraz de la corrupción. Ello se logró gracias a la energía moral del gobernador Donaldo Badel, también en la Administración Lleras Restrepo, cuando no había aún elección de alcaldes. Su ejemplo de probidad y eficiencia no parece haber sido seguido con pareja decisión e inquebrantable carácter. Todo esto, y mucho más, se alcanzó con la acción del Estado y el músculo financiero de la Nación.

Dentro de esta línea de conducta, no se puede callar el aporte fundamental del hermoso y funcional Centro de Convenciones, promovido por Rafael Gama, por entonces gerente del Banco de la República, a través de Proexpo, a la sazón dirigido por Manuel José Cárdenas, siendo presidente Julio César Turbay Ayala. Las puertas que tal obra abriera y las corrientes comerciales y turísticas que propiciara no autorizan a callar sobre su afortunada construcción. Coincidente con la de la Casa Presidencial, mejor conocida por el nombre estratégico de Huéspedes Ilustres, en una ciudad que es por ley, y por un mes cada año, capital alterna de la República de Colombia. En las Islas del Rosario, en jurisdicción de dicho municipio, un ministro pudo tomar posesión legal de su cargo, ante el presidente López Michelsen, merced a esa circunstancia.

Navegando hacia la ciudad, se vislumbra desde lejos la línea de avanzada de los edificios altos y blancos, armoniosos y airosos, en contraste con los monótonos bloques de ladrillo, sin arte ni gracia, de otras ciudades colombianas. En el Corralito de Piedra, barrido a diario y notoriamente restaurado, lleno de hoteles encantadores y restaurantes, por sus calles pasean tranquilamente bajo la luna numerosos turistas nacionales y extranjeros. Todo es a la par conservación y renovación, balcones florecidos y rostros risueños.
En la actualidad, Cartagena se prepara para el IV Festival Internacional de Música, promovido por la Fundación Salvi con la presencia amablemente repetida de la Sinfónica City of London. Parte en preciosos recintos cerrados y parte en espacios abiertos.
En esa temporada, se oirá y respirará música de la más alta calidad en todos los rincones, principiando por la tachuela del rejuvenecido y embellecido Corralito de Piedra. El arte invadirá la ciudad, como la literatura con ocasión del Congreso de Academias de la Lengua, sin que tenga infortunadamente la virtud de acabar con la miseria, la corrupción y el desempleo. Para este objeto, tratamientos de distinta índole se requieren.

Abdón Espinosa Valderrama

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