Para visualizar correctamente nuestro portal debes activar Javascript en tu equipo.


Revisa en tu configuración que el javascript esté activado

Recarga la página para poder visualizarla

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Publicidad

15 de junio: todos por la paz

Sábado 25 de junio de 2016
Columnistas
Jaime A. Fajardo Landaeta

Jaime A. Fajardo Landaeta

15 de junio: todos por la paz

La negociación no puede tener reversa, pero solo la reelección de Juan Manuel Santos asegura su culminación satisfactoria para Colombia.

compartidos

Que las Farc renuncien a todo tipo de ataque a la población y a la fuerza pública y que se abstengan de reclutar niños para la guerra, de sembrar minas antipersona y de propiciar desplazamientos son, tal vez, los más vehementes anhelos de los colombianos; no obstante, pregonar la suspensión de la negociación para obligar a aceptar unilateralmente esas aspiraciones, antes de firmar un acuerdo, es una desmesura. Con este artilugio se pretendió, inicialmente, confundir a los electores para mostrar al candidato Zuluaga como adalid de una negociación impuesta a la contraparte, bajo la pena de arrasarla.

Pero ante la sensibilidad que el tema suscita, y que lo llevó rápidamente al centro del debate político, dicho candidato protagoniza una voltereta como de circo internacional para caer luego en un sinnúmero de declaraciones, tratando de explicar sus evidentes contradicciones. De tal tamaño es la pirueta que su jefe Álvaro Uribe ha tenido que explicar el acuerdo con Marta Lucía Ramírez, desautorizando a Zuluaga. Todo porque este creyó que ganar la primera vuelta electoral le daba todos los créditos para prometer decisiones ilusas. No sería raro que en estos momentos tenga alguna delegación en Cuba buscando hablar con los voceros de la guerrilla, pretendiendo que esta emita señales positivas que lleven a los electores a creer que, con el candidato uribista, también se puede llegar a un buen acuerdo. A propósito: ¿a qué juega Álvaro Leyva Durán y por qué varios miembros del uribismo cubren de elogios su gestión en el anterior proceso de paz? Ojalá juegue del lado de Santos y no se deje arrastrar a los linderos de la extrema derecha.

Si, en este caso, la acrobacia resultó tan espectacular, no nos extrañaría que la función se repita en los próximos días ante la pérdida de iniciativa política y, precisamente, frente a un tema que ellos han desconocido y atacado con virulencia. Parece que estamos al final del efecto teflón de Uribe.

Lo cierto es que la actual negociación de La Habana va por buen camino y próxima a una fase de decisiones irreversibles. Además, los colombianos tendremos la oportunidad de avalar los acuerdos y de participar en sus futuros desarrollos.

Así que desbordan falsedad los anuncios recientes del candidato sobre el tema. Aquí no caben imposiciones ni es posible desconocer la dinámica de la negociación en general. Es claro que previamente se pactó la agenda y una metodología que incluye negociar en medio del conflicto, lo que cambiará radicalmente cuando se llegue a un acuerdo sobre el conjunto de la agenda, se firme el acuerdo global y su texto sea avalado por los colombianos. Luego debe darse la desmovilización, la entrega de armas y la incursión de los excombatientes en la vida democrática del país.

Cualquier cambio en la agenda o en exigencias a la contraparte debe ser producto de otros acuerdos. Lo más seguro es que el improbable día cuando Zuluaga presente su listado de pretensiones, la guerrilla contrapropondrá un cese bilateral del fuego, más otras condiciones que entorpecerán la negociación. Entonces, el posible y no deseado gobierno las rechazará y, según la promesa electorera, terminará con los diálogos y arreciará la actividad militar para intentar destruirlas.

Es que toda su iniciativa se orienta a acabar con la posibilidad de paz negociada para los colombianos y a matizar las suspicacias que suscita el uribismo. Y, aunque quisiera aceptar un acuerdo bilateral con las Farc, Uribe se lo impediría. Además, nos vende la idea de que la justicia transicional no existe y, aunque no ha sido tema de la negociación, propalan que el proceso es sinónimo de impunidad. Nada más falso: Colombia puede construir su propio modelo de justicia transicional con arreglo de los compromisos internacionales suscritos para terminar con el conflicto armado. Pero reducir esta posibilidad a la aplicación de penas de seis años a autores de delitos de lesa humanidad es salir a la caza de incautos y hacernos creer que las Farc ya están derrotadas y se las puede exterminar fácilmente.

La negociación no puede tener reversa, pero solo la reelección de Juan Manuel Santos asegura su culminación satisfactoria para Colombia. Que el 15 de junio sea el día del gran plebiscito a favor de esa promisoria opción.

Jaime A. Fajardo Landaeta

COLUMNISTAS

Ver todos

Publicidad

MÁS NOTICIAS

Temas relacionados a esta noticia

ÚLTIMAS NOTICIAS

Publicidad

Publicidad