Corrupción y medidas radicales

Corrupción y medidas radicales

Es increíble que personas ilustradas vendan sus conciencias sin importarles su dignidad.

21 de agosto 2017 , 12:00 a.m.

Señor Director:

Qué corrupción. Y qué desgracias para un país que está apretándose el cinturón y recortando en el presupuesto, mientras que unos inescrupulosos ganan millones, abusando del poder, y amasan fortunas en forma delictuosa. Es increíble que personas ilustradas, que se han quemado las pestañas estudiando, vendan sus conciencias, sin importarles su dignidad ni la de las instituciones que representan.
¿Dónde estuvo el quiebre? En las ganas de tener, de ser rico, de ostentar. En las facilidades que da el ordenamiento. Pero un hombre ético de cuna no debería dejarse tentar.

Así, pues, la tarea es también la de una revisión en la formación de la sociedad. Como se ha dicho, se necesita un trabajo desde los hogares, reforzado en las aulas. Y, claro, se requiere que haya justicia ejemplar, como dice su editorial dominical, “mirando el delito más que la investidura”.

Ángel María Aguilar

Bogotá

* * * *

Señor Director:

Lincoln fue tentado por un corrupto para que lo ayudara a quedar en la impunidad, pero este, obviamente, se negó. El hombre multiplicó la cifra a una que lo haría rico. Lincoln le ordenó a su asistente: “Saque a este hombre de aquí porque está llegando mi precio”. Sobre su exhortación a guardar la serenidad, lo conocido sobre la justicia amerita medidas radicales. La pandemia de la corrupción exige un nuevo ‘contrato social’, eliminando los incentivos perversos. Que la suerte del escándalo Bustos-Ricaurte dependa de la ‘Comisión de absolución’ de la Cámara es signo de una profunda “reconfiguración cooptada del Estado” y de su captura instrumental. Los vencimientos, la oportunidad, la detención domiciliaria y las cortas condenas son muestra de una legislación al servicio de la corrupción.Carlos H. Quintero B.

¿Pasión u obsesión?

Señor Director:

Las últimas peleas o riñas entre los hinchas de Nacional y el América de Cali son, sin duda, un grito de SOS para el fútbol colombiano, pues en los últimos cuatro meses las hinchadas más grandes del país se han enfrentado: Cali vs. América, Millonarios vs. Junior y Nacional vs. América; enfrentamientos en los cuales hubo aproximadamente 21 heridos. Lastimosamente, en Colombia confundimos muchas cosas, entre ellas “un estadio de futbol con un campo de batalla”. A estadios como El Campín, el Pascual Guerrero o el Atanasio Girardot no solo asisten las barras bravas; también, niños, personas de la tercera edad y gente que realmente vive el fútbol.

¿Se necesita más control? Evidentemente, sí, pero no solo en los estadios, estas personas violentas que se esconden tras una camiseta crecen en lugares donde la violencia es tan común como el pan; hay que atacar el problema de raíz, para que no nos dé miedo ir al estadio en familia.

¿Tendremos que esperar a que haya una masacre, aunada a los ya suficientes eventos de violencia que preceden en el país? ¡Qué horror!

L. Viviana Camacho
Bogotá

Escríbanos a: opinion@eltiempo.com

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