Para leer esta nota usted debe ser un usuario registrado. Regístrese o ingrese aquí.
Óscar Álvarez sufrió nueve disparos, uno de ellos en el rostro, que le hicieron perder la vista.
Al otro día, tras despertarse y corroborar que había quedado ciego, se levantó, tomó unas canastas de frutas que sus familiares le habían llevado y con la asistencia de su hermano salió, como un verdadero santo, por todo el hospital a dárse (...)
Publicidad
COPYRIGHT © 2008 CEET Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin autorización escrita de su titular. Ver Términos y Condiciones.