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El miedo que sienten los habitantes de esa población como consecuencia de la violencia, está acabando incluso con la tradición de cantarle alabaos de despedida a los difuntos.
Con más de 460 homicidios reportados oficialmente en el 2006, los habitantes del puerto no salen de noche, desconfían hasta de sus autoridades y más de la cuarta parte de ellos vive de actividades informales.
Un periodista y un fotógraf (...)
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