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Las convulsiones que sufrieron varios de los combatientes fueron atribuidas, por ellos, a espíritus en pena. Hubo exhumación y cremación de los restos de las personas que habían asesinado.
"El primero que sufrió las convulsiones fue un muchacho muy joven. Cayó al piso, echaba espuma y vomitaba. Amenazaba con dispararles a todos y tuvieron que desarmarlo. Después empezaron a decir que en la montaña los asustaban y ya nadie querí (...)
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