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Apostadores hacen corrillo en la cancha del barrio Tomás Cipriano de Mosquera para forzar a niños y niñas de 10 a 16 años a que ganen combates que organizan en un improvisado ring de boxeo.
Los apostadores llevan los guantes y les ofrecen pírricas sumas a quienes ganen. Muchos pequeños llegan a sus casas con el cuerpo golpeado, los ojos morados y 3.000 pesos en el bolsillo. Otros salen hacia el centro médico, como le ocurrió a un (...)
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