Marzo 17 de 2008
Se mueren de hambre las Palomas en Medellín; municipio recortó presupuesto para su alimentación
Según visitantes de las plazoletas y parques, se aportaban dos sacos mensuales de comida, pero este mes sólo recibieron medio y en el centro antes llegaban seis sacos y ahora sólo dan cuatro.
Juan Cadavid, un abogado pensionado que ha vivido en el centro de la ciudad y que conoce palmo a palmo cada uno de los parques del sector, encabeza la denuncia.
Según él, en uno de los parques se enteró de que por falta de presupuesto, la Secretaría de Medio Ambiente decidió disminuir el aporte que hacía para la alimentación de estas aves.
Pero Cadavid y otros amantes de estas aves como Jaime y Álvaro Rodríguez, que pertenecen a un grupo de voluntarios que protegen animales, aseguran que fue la misma Alcaldía la que las introdujo hace más de 20 años. Ahora las abandona.
"Yo también creo que fue un error introducirlas y dejarlas reproducir sin mayor control, pero el mecanismo no es hacerlas morir de hambre", dice Cadavid, indignado.
Al respecto, Juan Gonzalo Zea, funcionario de la Secretaría de Medio Ambiente, afirma que: "lo que se da en maíz es el 10 por ciento de lo que se necesita para alimentar las más de 300 mil palomas que hay en Medellín. Esto es un aporte y no una obligación de la Administración Municipal". Y aunque no se ha definido si el aporte va a desaparecer, la intención es seguirlo desminuyendo.
Demasiada reproducción
Para la Secretaría, las palomas son un aporte cultural de la ciudadanía y han sido los mismos habitantes los encargados de alimentarlas durante años.
Esto ha hecho que aumente la población y los motivos para que la entidad reciba, por lo menos, una denuncia formal al mes por problemas de convivencia con las aves que afectan fachadas y edificios con nidos y excretas.
Según Zea, la decisión también responde como mecanismo al control del crecimiento poblacional. "Hay que ser consecuente con la cantidad de alimento porque las palomas se mueren de hambre", dice el representante de la Secretaría de Medio Ambiente.
Además, agrega que hay legislaciones como la española que prohíbe alimentar estos animales. "Obviamente, acá no se podría hacer, pero esta no es una solución nueva", comenta.
Por ahora, los dolientes de las palomas tratan de conseguir en restaurantes y tiendas granos de maíz y arroz para compensar la escasez de alimento y evitar que estas mueran de hambre, porque ellos sí las han visto caer desmayadas.
Para ellos, las palomas no son malas. Lo malo, dicen, es la abundancia y creen que dejarlas de alimentar es una medida cruel ante otras que existen y que se han aplicado con éxito en ciudades como Ginebra, Luxemburgo y Niza.
"Allí el control de natalidad de las palomas se logra alimentándolas con granos impregnados de sustancias hormonales para controlar las puestas y dejar un número manejable", explica Álvaro Rodríguez.
Este se interesó hace unos años en el tema y tuvo contacto con los laboratorios que producen Ovistop, una de las sustancias, y sugirió el método a la Secretaría. Pero, no obtuvo respuesta.
Mientras que la Secretaría asegura que las palomas no se están muriendo de hambre, las personas que se acercan a los parques y plazoletas ven que ellas desfallecen. Por eso, la problemática tiende a empeorar y la ciudadanía espera una solución definitiva.
MEDELLÍN
Herramientas
Comentar
Enviar
Imprimir
Reportar