Purga en PDVSA consolida construcción del madurismo

Purga en PDVSA consolida construcción del madurismo

En una jugada política, el oficialismo admitió que hubo corrupción en la entidad y tomó acciones.

Nicolás Maduro y Nelson Martínez

Eran otros tiempos, nada lejanos. El presidente Maduro junto a Nelson Martínez, hoy detenido, en ceremonia de la estatal PDVSA.

Foto:

Juan Barreto / AFP

02 de diciembre 2017 , 11:00 p.m.

Con 15 años de férreo control sobre la industria petrolera, por primera vez el oficialismo venezolano admite que hubo corrupción y actúa. ¿Saneamiento de la industria o desplazamiento de grupos de poder?

Según la dialéctica revolucionaria, todos los males son heredados o vienen de afuera. La corrupción es un quiste de la ‘cuarta república’ –como llama el oficialismo venezolano a los años de democracia previos a Hugo Chávez–, mientras que la escasez y la pobreza son productos de una supuesta “guerra económica” en la que empresarios, EE. UU. y “la derecha” confabulan para acabar con la revolución bolivariana.

Por eso, todavía cuesta procesar la imagen de los expresidentes de Petróleos de Venezuela (PDVSA) y exministros de Petróleo hasta hace una semana, Eulogio del Pino y Nelson Martínez, detenidos luego de ser acusados por corrupción. Esto al mismo tiempo que hay versiones encontradas sobre el despido de Rafael Ramírez como embajador de Venezuela ante la ONU. Ramírez, otrora conocido como ‘el zar del petróleo’ en Venezuela y una de las figuras más influyentes del antiguo gabinete de Chávez.

Tras años de absoluta opacidad en las cuentas y la defensa a ultranza de la “pureza” de sus más altos funcionarios, la decisión de la nueva Fiscalía –impuesta por la Constituyente– de apresar a Del Pino y Martínez junto con otros 64 trabajadores de diferentes rangos muestra un claro tinte de purga política dirigido a reforzar el liderazgo del presidente Nicolás Maduro y su control sobre los grupos de interés que integran su régimen.

“Si uno lo ve en términos comparativos, esta es la clásica purga que suele haber en los países comunistas, el clásico desplazamiento de unos enquistados por otros. Las grandes purgas se daban así, de la noche a la mañana, aunque a Rafael Ramírez se le fue alejando paulatinamente”, comenta a EL TIEMPO el politólogo Luis Salamanca.

Por primera vez el oficialismo venezolano admite que hubo corrupción y actúa

“Estamos viendo el desplazamiento del chavismo histórico y la construcción formal del madurismo. Si Chávez y su liderazgo fueron la fórmula para tomar el poder, el madurismo y su instalación de la Constituyente, sus prácticas electorales y ahora esta purga son la fórmula para preservar ese poder”.

El exministro Ramírez escribió desde EE. UU. dos artículos que dieron cuenta de una importante fisura en el chavismo al recordarse como uno de los más cercanos colaboradores del ‘comandante’ y criticar que, durante la gestión de Maduro, la producción de PDVSA cayó en un millón de barriles. Ramírez, incluso, trinó: “Quien me ataque a mí debe pensar un poquito, solo un poco, porque Chávez me tuvo 12 años a su lado. Pero, además, cuando estaba muriendo solo llamó a cuatro, y YO estaba allí”.

Estos mensajes sirvieron en bandeja de plata a Maduro para poner en marcha la purga en PDVSA, que, además, le ofrece otras ventajas: mostrarse como un líder fuerte que castiga la deslealtad y lucha contra la corrupción que, asimismo, cuenta con los militares como uno de los puntales de su régimen. El nombramiento del mayor general Manuel Quevedo como nuevo presidente de la petrolera es un paso en esa dirección.

“De esta manera, Maduro continúa blindándose en el poder con la ayuda de la casta militar, manteniendo a raya a las facciones consideradas ‘con menor lealtad’ (...), tal es el caso de la facción del partido oficialista PSUV, e incluso de los huérfanos de Chávez, facción que aglutina su poder fuera del mapa ejecutivo”, dice la agencia de consultoría política ORC.

Rearmar el rompecabezas de poder sobre PDVSA también otorga a Maduro mayor control económico sobre la principal fuente de ingresos del país y, al apuntar a la corrupción, le ofrece una nueva excusa para justificar el terrible estado financiero del país. Todo con miras en las presidenciales del 2018.

“Estamos en un momento de construcción, de culto a la personalidad (...); ya no es solo ni principalmente el ungido de Chávez, sino que es un tipo que se va imponiendo, que tiene su propia influencia y control”, refuerza Salamanca.

VALENTINA LARES MARTIZ
Corresponsal de EL TIEMPO
Caracas 

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