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Cindy McCain, reservada, empresaria por obligación y filántropa por devoción

La esposa de John McCain es millonaria; su padre, artillero durante la II Guerra Mundial, creó Hensley & Co., un negocio que se convirtió en uno de los mayores distribuidores de cerveza de E.U.

Cindy Lou Hensley nació el 20 de mayo de 1954 en Phoenix, Arizona, y fue la única hija del segundo matrimonio de James Hensley y Marguerite Smith, que ya tenían hijos de uniones previas.

A la muerte de su padre heredó una fortuna superior a los 100 millones de dólares.

James Hensley la preparó para que asumiera las riendas  del negocio familiar, aunque a ella le interesaba la educación de niños discapacitados.

La heredera de los Hensley tiene un máster en educación especial por la Universidad del Sur de California y trabajó en un barrio pobre de Phoenix con niños con síndrome de Down.

En la primavera de 1979, viajó con sus padres a Hawai, donde conoció a John McCain.

Ambos mintieron sobre su edad: McCain, que tenía 41 años, dijo tener 37 y Cindy, de 24, aseguró tener 27.

El suyo fue, según dicen, amor a primera vista. El único problema es que McCain estaba casado, aunque su relación no funcionaba bien.

Menos de un año después, Cindy y John McCain contrajeron nupcias.

McCain hizo de Arizona su tierra adoptiva e inició una carrera política sustentada por la fortuna y los contactos de su suegro.

En 1982 logró un escaño al Congreso y los McCain se trasladaron a Washington, una ciudad en la que Cindy no se acostumbró.

Cuando en 1984, tras varios abortos espontáneos, descubrió que estaba otra vez embarazada, los médicos le recomendaron reposo y Cindy encontró la excusa perfecta para regresar a Arizona.

Fue así como asumió las riendas de un hogar al que el cabeza de familia llegaba sólo los fines de semana y en el que se criaron siete hijos: tres del primer matrimonio de McCain, tres fruto de la unión entre Cindy y John, y una adoptada en Bangladesh.

Cindy compaginó sus tareas de madre y empresaria con la filantropía, que desarrolló tras comprobar las condiciones infrahumanas de los hospitales locales en un viaje a Micronesia.

Entonces fundó "American Voluntary Medical Team", un grupo dedicado a enviar medicinas y material médico al Tercer Mundo.

La asociación se disolvería posteriormente, tras uno de los episodios más aciagos en la vida de Cindy: su adicción a varios analgésicos opiáceos, que incluso llegó a robar de la citada organización, y que tomaba para calmar el dolor causado por varias operaciones de espalda.

Cindy admitió su problema una noche de 1992, después de que su madre, alarmada por su pérdida de peso y su mal aspecto, le preguntara qué le pasaba.

Su marido no supo nada hasta un año después, cuando se abrió una investigación para averiguar por qué habían desaparecido medicamentos de la organización caritativa.

La caricatura que publicó entonces un periódico local, que la presentó como una drogadicta, y las críticas a su marido durante la campaña presidencial del 2000, que la hicieron llorar en público, la llevaron a desarrollar un impenetrable muro de protección que le ha dado fama de distante.

A Cindy, que sobrevivió a un derrame cerebral en el 2004, le gustaría convertirse en una primera dama al estilo de Diana de Gales. De momento, las encuestas, que colocan a su marido rezagado frente a su rival demócrata Barack Obama, aventuran que el suyo no será un sueño fácil de alcanzar.

WASHINGTON
Efe

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