Por Charles Babington, periodista de AP y colaborador de The Washington Post.
John McCain dice que su compañera de fórmula Sarah Palin se opuso a la construcción de un puente inservible en Alaska cuando en realidad ella sólo le retiró su apoyo al proyecto cuando le fue conveniente por razones políticas. McCain acusa a Barack Obama de llamar cerda a Palin, lo que nunca ocurrió, y lo acusa también de querer aumentar los impuestos de todos cuando varios estudios demuestran que el plan del candidato demócrata resultaría en un alivio impositivo para el 80% de la población. Aun en el mundo político estadounidense -donde las exageraciones y distorsiones son cosa de todos los días- las medias verdades del candidato presidencial republicano se destacan. Ello ha indignado a la campaña de Obama y los expertos se preguntan por qué el electorado hace caso omiso de los artículos en que se destapan tales falsedades. La insistencia de McCain resulta particularmente curiosa ya que él es considerado una de las mayores víctimas de una campaña de desprestigio. En las primarias por la candidatura republicana en el 2000 contra George W. Bush, McCain sufrió en Carolina del Norte cuando se desató una ola de rumores falsos de que era psicológicamente inestable y que era padre de una menor de raza negra concebida ilegítimamente. En ese entonces, McCain, estremecido, denunció la campaña de mentiras y prometió hacer valer su fama de ''hombre que habla claro''. Pidió disculpas por su renuencia a criticar el uso de la antigua bandera secesionista en Carolina del Sur, y calificó de ''deshonrosa y deshonesta'' la campaña de desprestigio desatada en el 2004 contra el candidato demócrata John Kerry, en que se decía que no fue merecedor de sus numerosas condecoraciones por valentía en la Guerra de Vietnam. Hoy, McCain tiene entre sus asesores a Steve Schmidt, allegado de Karl Rove, el principal consejero de Bush en la campaña del 2000. Los candidatos usualmente se retractan o se disculpan cuando surgen artículos de prensa demostrando que han mentido. Por ejemplo, Hillary Rodham Clinton eventualmente admitió que no cayó bajo fuego de francotiradores en una visita a Bosnia como había asegurado en un principio. Pero McCain y Palin, quien es gobernadora de Alaska, se mantienen desafiantes aun frente a las rectificantes versiones de prensa. Palin repite día tras día que le dijo ''No, gracias!'' a la iniciativa del puente superfluo aunque desde hace días varios medios de comunicación han publicado artículos que demuestran que ella apoyó el proyecto cuando era candidata a la gobernación en el 2006, y que se opuso sólo cuando le valió burlas en el mundo político. Solamente esta semana, la campaña McCain-Palin formuló por lo menos tres aseveraciones dudosas o tajantemente falsas. Dijo que todas las solicitudes de congresistas para proyectos son corruptas, aunque la misma Palin solo este año ha pedido casi 200 millones de dólares para tales gastos. Emitió una propaganda por internet diciendo que Obama había llamado cerda a Palin. En realidad Obama había usado una frase, varias veces usada por el mismo McCain, para expresar que uno no puede disfrazar la verdad, diciendo que si uno le pone lápiz labial a un cerdo sigue siendo un cerdo. Luego la campaña de McCain sacó un aviso diciendo que Obama había favorecido impartir educación sexual para preescolares. Varios medios de comunicación inmediatamente sacaron titulares desmintiendo tal aseveración: ''Aviso sobre educación sexual distorsiona propuesta de Obama'' tituló el New York Times. ''Aviso de McCain sobre educación sexual es deshonesta y engañosa'', amonestó el Washington Post. Ese tipo de desmentidos son elaborados por medios de comunicación responsables desde hace años, ''pero en las últimas dos elecciones, pareciera que a la gente no le importa que algo sea verdad o no'', lamenta Michael X. Delli Carpini, profesor de ciencias políticas en la Universidad de Pensilvania. ''Los candidatos y sus asesores al parecer se han dado cuenta de que si uno no se retracta de tales aseveraciones, quedarán grabadas en la mente del electorado independientemente de su veracidad o, por lo menos, que la discusión sobre si algo es verdad o no quedará reducida a una cuestión de opinión''.
WASHINGTON
AP
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