Durante las seis horas que duraron los tres enfrentamientos entre los candidatos y uno más entre los aspirantes a la vicepresidencia, la región solamente ocupó dos minutos.
En una ocasión, para llamar a la Venezuela de Hugo Chávez un "estado paria" frente al que es necesario romper la dependencia petrolera, tema que fue abordado por los dos; y en otra, cuando John McCain criticó la oposición del senador Barack Obama al Tratado de Libre Comercio con Colombia y su desafortunada anuncio (que lleva meses tratando de enmendar) de sentarse a dialogar "sin precondiciones" con sus pares en Caracas y La Habana.
De resto, y salvo por un par de discursos que se pronunciaron en La Florida durante el verano, y las visitas de McCain a México y Colombia, la región ha pasado "de agache" a lo largo de la contienda por la Casa Blanca.
Jaime Daremblum, director del Centro para los Estudios Latinoamericanos del Instituto Hudson, dice que esto no debería llegar como una sorpresa. "Dados los enormes retos que tendrá enfrente el nuevo presidente en política exterior -Irak, Afganistán, Corea del Norte, Irán, Rusia y China- es hasta entendible que América Latina reciba una mínima atención.
Salvo por una crisis regional, el Hemisferio Occidental no será prioridad para el próximo presidente, sea Obama o sea McCain", dice el experto. De hecho, es muy probable que de 'patio trasero' pase a la manigua.
Aunque Obama, que se perfila como el más probable ocupante de la Oficina Oval, había prometido un sustancial incremento de asistencia financiera para la región, es poco factible que pueda cumplir, pues la crisis económica por la que atraviesa el país forzará a usar el grueso de los recursos disponibles en atender temas domésticos como la reactivación del sector inmobiliario, salud, educación, y la dependencia del petróleo extranjero por mencionar solo algunos.
Y lo que quede de tiempo y recursos se invertirá en dos guerras que recibirá de herencia, más las amenazas nucleares de Irán y la inestabilidad de Pakistán.
Muchos expertos creen que la actual situación financiera tendrá el efecto equivalente que tuvo el 11-S.
Cuando George W. Bush llegó a la presidencia en el 2000 vaticinó una "nueva era" de las relaciones con la región. Pero tras los atentados terroristas contra Washington y Nueva York el énfasis absoluto se fue a la guerra contra el terrorismo. Y el resto ya es historia.
La hoja de vida de Obama, además, no brinda los mejores augurios para la región. Como bien se lo resaltó McCain en el debate de la semana pasada, el senador de Illinois jamás ha puesto un pie más abajo del Río Grande. Y en el caso de su compañero de fórmula, Joe Biden, la inexperiencia es aún más aguda.
A lo largo de sus 35 años en el Senado, Biden solo visitó la región en cuatro ocasiones: dos a México y dos a Colombia, pese a que lleva más de una década siendo el líder de los demócratas en la Comisión de Relaciones Internacionales de la Cámara Alta.
Por supuesto, la falta de 'roce' de Obama no es exclusiva de la región y será el equipo de asesores que lo rodeen los que influirán en sus políticas. Y allí se ha rodeado por 'sangre joven', como el colombiano Daniel Restrepo y veteranos de la administración Clinton, caso Arturo Valenzuela y Peter Romero. Y estos, por supuesto, alegan que con Obama habrá un renacimiento de las relaciones.
Romero, por ejemplo, le dice a EL TIEMPO que, si bien la crisis económica será la prioridad número uno, el senador puede "caminar y mascar a la misma vez". Dice Romero: "La noción de que el 11-S distrajo al país es una excusa inadmisible. Lo cierto es que Bush perdió de vista a la región. Con Obama habrá un cambio radical en el que primará el diálogo y el fortalecimiento de las relaciones a través del comercio justo y la búsqueda de soluciones conjuntas para los problemas que nos aquejan a todos".
En palabras de Restrepo, lo que Obama plantea es una aproximación conceptual muy diferente a la que caracterizó los últimos ocho años. "La idea es que lo que es bueno para las Américas es bueno para E.U. Debemos ser socios mas no salvadores. Obama favorece el diálogo y romper con la tradición de tratar de imponer un modelo e insistir en que Washington tiene la solución para todos los problemas".
Pero el problema, sostiene Restrepo, ha sido la ausencia de una política coherente, que generó un vació que ha sido llenado por la retórica antiestadounidense de Chávez y una diplomacia basada en petrodólares.
En esencia, sostiene Laura Carlsen, del 'think tank' Programa para las Américas, lo que el demócrata promete es regresar a la política del 'Buen Vecino' de Franklin Delano Roosevelt en contraposición del 'Consenso Washington', que ha caracterizado las últimas décadas y que se mantendría bajo McCain. Una visión, descrita por Peter Hakim, del Diálogo Interamericano, como "sofisticada y moderna".
Para Carlsen, no obstante, hay serias dudas sobre si Obama se inclinará hacia la vertiente progresista de su discurso -esa que habla de la redistribución de la riqueza y edificar las sociedades de abajo hacia arriba- o terminará jugando al 'status quo' o la línea conservadora propia de un presidente estadounidense ya en ejercicio.
Eso se pondrá a prueba, especialmente, con el manejo que le dé a las relaciones con Venezuela, Bolivia, Ecuador y los otros del llamado 'eje de izquierda' y a su respuesta al desafío que está planteando Rusia con su penetración 'Posguerra Fría' y el avance de China, que ve en la región una fuente de negocios y recursos naturales.
Según Hakim, Obama buscará a los moderados, como Brasil y Chile, y los grandes -caso México- para contrarrestar el avance del populismo. Pero sin fondos, y mientras Chávez siga nadando en una piscina de petróleo, es tarea difícil. Otro de los grandes interrogantes sobre un mandato de Obama estará en el área del libre comercio.
Obama, el candidato, ha prometido revisar acuerdos ya existentes y poner en el congelador los que están en proceso de aprobación, hasta que se pacten normas que beneficien a la mayoría. Algo que tiene en vilo a muchos en la región, pues E.U., pese al camino de diversificación comercial que ha emprendido por decenas de países, sigue siendo el mercado más importante. Por no hablar de que el comercio es, sin duda, un motor para la integración entre el 'norte y el sur'. Nadie sabe qué camino tomará Obama, el presidente.
Donde sí se prevén cambios que podrían aceitar las relaciones es en el frente migratorio. Con un Congreso de amplía mayoría demócrata, Obama podría empujar la tan mencionada reforma, que beneficiaría a millones de indocumentados, en su mayoría hispanos con fuertes nexos en sus países de origen.
Como dice Carlsen, todo el mundo -cual "profetas bíblicos"- está a la espera de 'signos' que permitan pronosticar lo que se vendría bajo un reinado del probable ganador en los comicios de este 4 de noviembre.
Pero una cosa está clara: es tal el rechazo en la región a los ocho años de administración Bush (en promedio, según el Latinbarómetro, por debajo del 25 por ciento) que Obama, de triunfar, recibirá una página en blanco. Que escriba en ella es lo que está por verse.
SERGIO GÓMEZ MASERI
CORRESPONSAL DE EL TIEMPO
WASHINGTON