Samak Sundaravej afirmó haber aceptado la renuncia de su ministro de Relaciones Exteriores, pero no su propia dimisión, a pesar de que las protestas contra su gestión ya completan una semana.
"'No abandonaré el barco y me haré responsable de la tripulación a bordo", dijo el premier, y se mantuvo firme frente a sus adversarios, a los que comparó con una "secta radical suicida".
El ministro de Relaciones Exteriores, Tej Bunnag, ex consejero real que tomó posesión de la Cancillería hace sólo seis semanas, presentó su dimisión el miércoles pasado, haciendo más frágil la posición del Gobierno, que atraviesa una grave crisis política.
Su salida ha sido interpretada por muchos tailandeses como una señal de que la Corona no confía en el primer ministro y su Gobierno.
Desde el 26 de agosto, cerca de 30.000 manifestantes están atrincherados en el complejo donde se encuentra la sede gubernamental en la capital tailandesa, Bangkok, para pedir la dimisión de Samak.
Sus detractores lo acusan de ser un "títere" del ex mandatario de Tailandia, Thaksin Shinawatra, quien fue derrocado en un golpe de estado en el 2006 y hoy se refugia en Inglaterra, a raíz de acusaciones de corrupción y falta de respeto a la monarquía.
En respuesta, Samak decretó hace cuatro días el estado de excepción en Bangkok tras violentos enfrentamientos entre partidarios y opositores del Gobierno, que dejaron un muerto y 44 heridos.
El estado de excepción permite al Ejército el empleo de la fuerza, le da poder para censurar la información de los medios de comunicación que "causen el pánico" o pongan en riesgo la seguridad del Estado, y prohíbe las reuniones públicas de más de cinco personas.
Con esa iniciativa, el primer ministro sorprendió a los detractores y a los miles de manifestantes que ocupan el Palacio del Gobierno y lo han convertido en un campamento lleno de bandas de música y puestos de comida.
Por su parte, el Gobierno acordó ayer celebrar un referéndum para resolver la crisis política desatada por las protestas contra Samak.
La medida fue rechazada por los líderes de la multitud que controla la sede gubernamental, y que la consideró como otro recurso para ganar tiempo.
Ni Samak ni nadie de su gabinete explicó a qué tendrán que responder los tailandeses en las urnas. "Propongo que el referéndum formule otra pregunta, como ¿aprueba usted la corrupción en el Gobierno?", comentó Prasert Sitheemorn, empresario y destacado miembro de la antigubernamental Alianza del Pueblo para la Democracia, organizadora de las protestas.
Aunque Samak insiste en que fue elegido primer ministro de forma legítima, entre los tailandeses aumenta la percepción de que las Fuerzas Armadas no obedecen las órdenes del mandatario por negarse a utilizar la fuerza contra los opositores.
Las protestas callejeras comenzaron en mayo, cuando los seguidores de la Alianza montaron un campamento frente al edificio de Naciones Unidas para denunciar al Gobierno, al que tachan de corrupto y desleal a la Corona.
Tailandia cuenta con una monarquía constitucional. El rey Bhumibol Adulyadej, además de ser Jefe del Estado, también domina las Fuerzas Armadas.
El monarca es venerado como tal y gobierna el país desde junio de 1946, cuando ascendió al trono, a la edad de 19 años.
BANGKOK (AFP, Efe y AP)
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