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CPI emite orden de detención contra presidente de Sudán por crímenes en Darfur

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Foto: AP

Al Bashir se convierte en el primer presidente en ejercicio cuyo arresto es solicitado por la Corte Penal Internacional

Es la primera vez que el alto tribunal de La Haya ordena arrestar a un Presidente en ejercicio. El gobierno sudanés dijo que la decisión es una muestra de "politización de la justicia internacional".

El fiscal de la Corte Penal Internacional (CPI) Luis Moreno Ocampo, aseguró que el presidente sudanés, Omar Hasan al Bashir, podría ser arrestado en cualquier país de Naciones Unidas e instó a los miembros a colaborar con la CPI.

Al Bashir es un militar de influencia islamista que gobierna el país más grande de África desde hace dos décadas.

Largos bigotes, gafas doradas, calvo, algo gordo, Al Bashir, de 65 años, tiene por costumbre iniciar sus discursos con un brioso paso de baile, moviendo su bastón en el aire y con la espalda ligeramente encorvada.   

Sus 20 años al frente de Sudán han estado marcados por guerras civiles en el sur del país, hasta la paz de 2005, y en la provincia occidental de Darfur, un conflicto que dura desde 2003 y que según la ONU ha causado 300.000 muertos, mientras que Jartum solo admite 10.000.   

"Al Bashir es conocido por su propensión a responder violentamente a los insultos y está preocupado por lo que considera una conspiración desde el exterior para lograr su caída. Sus respuestas son imprevisibles", afirma el analista Alex de Waal.

Nacido en 1944 en una familia rural de Hoshe Bannaga, a un centenar de km al norte de Jartum, Al Bashir quedó fascinado desde su infancia por la carrera militar. 

Ya siendo general, Al Bashir y un grupo de oficiales derrocaron el 30 de junio de 1989 al gobierno democráticamente elegido de Sadiq el-Mahdi en un golpe de Estado apoyado por el Frente Islámico Nacional, el partido de su mentor Hassan al-Turabi, que más tarde se convertiría en su peor rival.

Bajo la influencia de Turabi, Al Bashir orientó hacia el islamismo radical a un Sudán de 40 millones de habitantes, fragmentados en una plétora de tribus y dividido en un norte mayoritariamente musulmán y un sur cristiano y animista.

Tras el golpe de Estado de 1989 se crearon fuerzas populares de defensa, que se desplegaron en el sur del país contra los "infieles" y para imponer la ley islámica, abriendo un nuevo capítulo de una guerra civil que se remontaba a 1983 y que causó dos millones de muertos hasta 2005. 

En los años noventa, Jartum se convirtió en la plataforma de la internacional islamista con la presencia de numerosos yihadistas que lucharon en Afganistán, incluido el jefe de Al Qaida, Osama Ben Laden, luego expulsado del país por presión de Estados Unidos.   

En este contexto, al final del decenio se agriaron las relaciones entre "Al Bashir el militar" y "Turabi el islamista". Este propuso en 1999 un proyecto de ley para limitar los poderes del presidente al que Bechir respondió sin ambages: el ejército cercó la Asamblea Nacional, que fue disuelta.   

A continuación, Al Bashir trató de desmarcarse de los islamistas y mejorar sus relaciones con la comunidad internacional.   

Su gobierno firmó un acuerdo de paz con los rebeldes del sur de Sudán, y abrió la vía a un referendo en 2011 sobre la independencia de esa zona, donde se concentran las reservas petroleras del país.   

Pero hace seis años empezó la guerra civil en Darfur, por la que la CPI le acusa de genocidio, crímenes de guerra y contra la humanidad, junto a varios responsables de su régimen.   

Al Bashir es el presidente que más tiempo lleva en el cargo desde la independencia de Sudán en 1956 debido a los estrechos lazos que ha sabido conservar con el ejército.   

"Nunca olvidó que en primer lugar es un militar y luego un político", resumió el historiador estadounidense Robert O. Collins.   

LA HAYA
Efe-AFP

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