Foto: AFP
Entre 12.000 y 15.000 soldados del ejército de Sri Lanka están sitiando el último reducto urbano de la guerrilla tamil.
En Puthukudiyiripu, en el distrito de Mullaitivu, noreste del país se libra la que podría ser la última batalla en el último núcleo urbano en poder de los rebeldes tamiles.
Tres divisiones del Ejército srilankés han logrado avanzar hasta esa ciudad y están combatiendo "cerca del centro urbano", según declaró el portavoz militar Udaya Nanayakkara.
La lucha es tan intensa como desigual: la guerrilla tamil, los Tigres para la Liberación de la Patria Tamil (LTTE, por su sigla en inglés), cuenta con unos 500 guerrilleros experimentados -además de sus reclutas temporales- y se enfrenta a entre 12.000 y 15.000 soldados, estimó el portavoz.
Se cree que los Tigres se encuentran acorralados en un área selvática de unos 100 kilómetros cuadrados en el noreste del país, donde unos 250.000 civiles se encuentran atrapados, víctimas del fuego cruzado entre ambos bandos y sin acceso a medicinas o alimentos.
Por eso, lo que suceda en las próximas semanas podría ser el capítulo final de una guerrilla que inició a combatir al ejército en 1983 para buscar un Estado independiente en la áreas mayoritariamente habitadas por le etnia tamil -en el norte y este del país-, y que ha sentido a su pueblo discriminado por la mayoritaria etnia cingalesa, a la que pertenece el 75 por ciento de la población del país.
La guerra, que de manera oficial comenzó cuando 12 militares murieron por una emboscada tamil, ya contabiliza alrededor de 100 mil personas muertas, y más de 1,6 millones de desplazadas o exiliadas.
Con todo, los partes de bajas que emiten el Ejército y la guerrilla carecen de confirmación independiente, porque esta prohibido el acceso a los frentes de batalla.
Ambas partes acordaron un cese de hostilidades en el 2002, que muchos esperaban marcaría el inicio de un proceso de pacificación para alcanzar un compromiso político y acabar con la guerra civil. No obstante, las charlas se estancaron y una nueva ola de violencia comenzó hace tres años. En el 2008, el Gobierno desechó oficialmente el acuerdo de tregua y prometió destruir al grupo rebelde.
Y así parece estarlo haciendo: "Cuando la ciudad caiga -aseguró Nanayakkara- tendremos que limpiar de guerrilleros las últimas áreas costeras, aunque no podemos fijar un plazo para eso".
Hace dos días, el jefe del brazo político de la guerrilla, B. Nadesan, ofreció un alto el fuego a la comunidad internacional, pero descartó el desarme o la rendición del movimiento.
El Gobierno no solo rechazó la oferta, sino que dijo que era "para reírse".
"No podemos aceptar un alto el fuego mientras el LTTE no deje las armas. Nadesan no es un hombre del que uno pueda fiarse y no podemos creer que su oferta es sincera", indicó Nanayakkara.
El ejército de Sri Lanka cree que el líder absoluto de la guerrilla, Vellupillai Prabhakaran, continúa en el territorio controlado por sus hombres, pese a algunos informes que sugieren que envió al extranjero a su esposa y a su hijo de 10 años.
Una lágrima en el Océano Índico A pesar de ser el escenario de uno de los conflictos insurgentes más antiguos del mundo ?con excepción del birmano y el colombiano? Sri Lanka tiene una pujante economía, que no solo ha posicionado a productos como el té y el café en el mercado internacional, sino que ha proyectado al país ?al menos, a la zona más alejada de los combates- como un paraíso para el turismo de élite.
Debido a su forma, y a su cercanía a las costas indias, a la isla se la conoce como la 'lágrima de la India'. Sus ciudades son urbes pujantes que gozan del ingreso per cápita más alto de esa zona de Asia.
A pesar del optimismo de las fuentes militares, algunos observadores opinan que es imposible determinar hasta qué punto están minadas las capacidades ofensivas de los tamiles.
Tan solo el viernes de la semana pasada, dos presuntos suicidas tamiles lanzaron igual número de aviones ligeros contra edificios gubernamentales y causaron la muerte de dos personas y heridas a otras 50 en la capital económica del país, Colombo.
Esa es la razón por la que un funcionario de la ONU pidió al Gobierno y los insurgentes que eviten un "baño final de sangre''.
Señaló que muchos civiles mueren en la última fase de toda guerra civil, y recordó que los tigres, cuando están acorralados, suelen ser mucho más peligrosos.
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