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Benny Raz, el colono israelí quiere devolverles la tierra a los palestinos

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Foto: AP

Palestinos rezan durante una protesta en un barrio de Jerusalén este por la posibilidad de que Israel destruya 88 casas palestinas.

Por eso, perdió su trabajo en una colonia, su esposa lo abandonó después de 29 años de matrimonio, sus amigos de siempre lo consideran un "traidor" y ha sido amenazado de muerte.

 Raz es un colono israelí atípico: pasó de militar en la extrema derecha a la izquierda, denuncia la colonización de Cisjordania, no está de acuerdo con un Estado hebreo que llama "dictatorial" y pide una Palestina independiente.

Una postura que le ha salido cara, porque lo común es que los colonos militen en movimientos políticos ultranacionalistas que desean ampliar su Estado a todo lo que eran los territorios bíblicos, incluyendo los que hoy ocupan los palestinos o que podrían ser parte de su futuro Estado.

"No puedo quedarme en una tierra que no es la mía. Hay que devolvérsela a los palestinos", dice. Un discurso que le ha granjeado la amistad de más palestinos que de colonos israelíes, explica.

Pero Raz, cuyos padres inmigraron de Irak en los años 50, no siempre ha militado por la causa palestina.

Instalado desde 1992 en la colonia de Karnei Shomron (6.500 habitantes), perdida en las colinas del norte de Cisjordania, secundaba por entonces la política de la extrema derecha israelí.

Raz, de 55 años, sirvió en una unidad combatiente del ejército israelí y posteriormente trabajó en el Mossad, los servicios de inteligencia exteriores. Esto, antes de cambiarse de campo.

El asesinato en noviembre de 1995 del primer ministro Yitzhak Rabin, que se ganó un Nobel de Paz junto al líder palestino Yassser Arafat por los Acuerdos de Oslo (1993) que le dieron cierta autonomía a los palestinos, lo dejó perplejo. Su autor era un militante de la extrema derecha.

"Comprendí con quién estaba viviendo", explica.

Y el muro de 'seguridad', construido por Israel en Cisjordania para protegerse de los atacantes palestinos suicidas, y considerado ilegal por la justicia internacional, hizo el resto.

En el 2005, Karnei Shomron, donde había adquirido por 160.000 dólares una casa de siete habitaciones, se encontró al otro lado del muro de cemento y alambre.

"No quiero ser el escudo del Estado. Lo he sido toda mi vida en el ejército, en el Mossad y como agente de seguridad en la aviación civil. Ahora, quiero ayudar a mis hijos a construir su futuro", confía este padre de cuatro hijos.

"El Estado nos tomó como rehenes, nos dejó atrapados al otro lado del muro, destruyó nuestra calidad de vida, nuestra seguridad y nuestro patrimonio inmobiliario", deplora. Su casa ya solo vale 60.000 dólares.

Raz ya no sabe a quién rezar. George Mitchell, emisario estadounidense para Oriente Próximo que llegó el jueves pasado a la región, podría ser el adecuado.

"A Mitchell me gustaría decirle: cada año, los estadounidenses dan a Israel 3.000 millones de dólares. A cambio (el presidente Barack), Obama debe exigir la evacuación de las 100.000 personas que viven en colonias aisladas, la mayoría de las cuales quiere partir", afirma.

Los esfuerzos del jefe de la derecha Benjamin Netanyahu para formar un gobierno, posiblemente de tintes conservadores, están lejos de tranquilizarlo.

"Ahora, con la perspectiva de un gobierno de derecha que no quiere un Estado palestino, que no quiere la paz, no hay ninguna esperanza de hacer votar una ley" que permita la evacuación de los colonos, comentó.

En el 2005, Raz fundó con el diplomático Alon Pinkas, los ex diputados Colette Avital (Laboristas) y Avshalom Vilan (Meretz, izquierda), la asociación Bait Ahad (una casa), para concretar esa idea.

Según una encuesta realizada hace unos años por esta asociación basada en Tel Aviv, más de la mitad (57 por ciento) de los colonos que vive en implantaciones aisladas estarían dispuestos a ser reubicados en Israel a cambio de una indemnización.

Pero con un gobierno de derechas dirigido por Netanyahu, una legislación de este tipo no tiene prácticamente ninguna posibilidad de ver la luz.

TEL AVIV (AFP)
 

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