La mujer afgana de NatGeo es ahora un símbolo para los refugiados

La mujer afgana de NatGeo es ahora un símbolo para los refugiados

Su arresto, que le dio la vuelta al mundo, fue por una búsqueda similar a la de millones en su país.

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Este miércoles cruzó la frontera junto a sus cuatro hijos, deportada por las autoridades paquistaníes, un camino que han realizado más de medio millón de refugiados afganos en lo que va de año.

Foto:

Steve McCurry y Sham Maria / AFP

11 de noviembre 2016 , 10:34 p.m.

Sus penetrantes ojos verdes convirtieron a Sharbat Gula, conocida como la "niña afgana", en un icono de los refugiados hace tres décadas tras protagonizar la portada de National Geographic, y ahora con una imagen policial y su deportación es un símbolo de los inmigrantes no deseados.

Tras más de tres décadas en Pakistán, Gula cruzó el pasado miércoles la frontera con Afganistán con sus cuatro hijos, deportada por las autoridades paquistaníes, un camino que han realizado más de medio millón de refugiados afganos en lo que va de año, ante el ultimátum del Gobierno para que abandonen el país.

La "niña afgana" fue inmortalizada por el fotógrafo estadounidense Steve McCurry en 1984 en un campo de refugiados de la ciudad de Peshawar, en el noroeste paquistaní, cuando tenía 12 años. La instantánea del rostro de Gula, envuelto en un pañuelo rojizo y con sus poderosos ojos verdes, se convirtió en una de las más famosas del siglo XX tras aparecer en la portada de la revista National Geographic en 1985.

Tres décadas después, la imagen de Gula, hoy con más de 40 años, viuda, madre de cuatro niños y enferma de hepatitis C, ha vuelto a la actualidad, esta vez en una ficha policial en la que la afgana aparece vestida de negro y con un burka marrón levantado para mostrar su cara.

La imagen fue tomada el 26 de octubre tras su detención en Peshawar por obtener ilegalmente documentos de identidad paquistaníes para ella y dos supuestos hijos tras sobornar a tres funcionarios, delito por el que fue condenada por un tribunal a 15 días de cárcel y a la deportación.

"Al enviarla a un país que no ha visto en una generación y que sus hijos no conocen, Gula se ha convertido en un emblema del cruel tratamiento de Pakistán a los refugiados afganos", afirmó recientemente en un comunicado la directora para el Sur de Asia de Amnistía Internacional, Champa Patel.

La historia de Gula podría ser la de muchos de los aproximadamente dos millones y medio de refugiados afganos -la mitad de ellos con documentación- que vivían hasta este año en Pakistán. Cuando McCurry la fotografió en 1984, Gula se encontraba en un campo de refugiados paquistaní, huyendo de la guerra contra los soviéticos en Afganistán tras perder a sus padres en un bombardeo ruso.

Ese conflicto, en el que Pakistán apoyó a los muyahidines afganos que luchaban contra los soviéticos con dinero de Estados Unidos y Arabia Saudí, obligó a millones de afganos a establecerse en campos de refugiados paquistaníes. Gula se instaló en Peshawar, se casó con un panadero, tuvo cinco hijos, uno de los cuales murió, regresó unos pocos años a Afganistán, volvió a Pakistán y ahora retorna a un país donde apenas ha vivido, explicó a Efe Rahimullah Yusufzai, un periodista paquistaní que ayudó a McCurry a localizar a la afgana en 2002.

Al igual que Gula, millones de afganos permanecieron en el país, buscaron trabajo, se casaron y tuvieron hijos en Pakistán, que a su vez tuvieron sus propios hijos en su país de adopción. Tras años afirmando que los afganos deben abandonar su territorio, el Gobierno asiático empezó a tomar medidas para que se fuesen tras el ataque talibán a una escuela de Peshawar en el que murieron 125 estudiantes en 2014. Así, unos 374.300 afganos registrados han salido del país en lo que va de año, la mayoría desde junio, según la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR).

Otros 200.000 sin registrar han salido del país, voluntariamente o repatriados. En muchos casos se trata de segunda o tercera generaciones nacidas en Pakistán, que ahora regresan a un país que apenas conocen y que sigue en guerra, esta vez contra los talibanes. Uno de ellos es Mohamed Abdula, cuyo abuelo emigró a Pakistán hace varias décadas, su padre nació en ese país, al igual que él mismo, que se casó con una paquistaní con la que ha tenido un hijo.

Pero las autoridades paquistaníes no le conceden la nacionalidad. "Tengo miedo de ir a Afganistán, la guerra continúa y no tenemos nada allí, pero el Gobierno paquistaní quiere que nos vayamos", dijo el afgano a Efe recientemente, cuando se preparaba para salir del país en un centro de Acnur cerca de Peshawar.

El destino de los refugiados que van a Afganistán es incierto, con un tercio de los distritos del país en manos de unos fortalecidos talibanes, un gran número de desplazados internos por el conflicto y la escasa capacidad del Gobierno para hacer frente a la llegada de cientos de miles de personas.

Gula afronta un futuro algo más halagüeño, con la promesa de ayuda del Gobierno afgano, que ha afirmado que le proporcionará una vivienda. Cuando McCurry se reencontró con Gula en 2002, la familia de la afgana dijo a National Geographic no había sido feliz ni un solo día en toda su vida.

Y el futuro, para ella, sigue siendo incierto.

EFE

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