Presidente sirio, Bashar al Assad, el clon de su padre, en problemas
Por: REDACCIÓN INTERNACIONAL CON LA AGENCIA EFE | 6:18 p.m. | 02 de Abril del 2011
En el 2000 reemplazó a su progenitor y hoy enfrenta la peor crisis de sus 11 años de Gobierno.
"Alá, Siria, libertad y nada más". "El pueblo quiere la caída del régimen". En las manifestaciones sin precedentes que se han tomado las calles de varias ciudades de Siria, desde el pasado 15 de marzo, se escuchan estas consignas.
¿Por qué este país decidió seguir el rumbo de varios de sus vecinos árabes? La respuesta puede estar en su presidente, Bashar al Assad, que hoy encara la crisis más profunda de su mandato.
Bashar llegó al más alto cargo de su país en el 2000, al suceder a su padre, Hafez al Assad, quien murió de forma repentina tras estar 30 años en el poder (véase recuadro).
Educación europea
Educado en Londres, Bashar había estudiado oftalmología y había hecho carrera militar. Sin embargo, pasó muy rápido de mostrarse como un tecnócrata con aires de reformista a convertirse en un clon de su férreo padre, recordado por asfixiar a la oposición, reprimir brutalmente las manifestaciones en contra del régimen y restringir la libertad de prensa, entre otros.
El actual mandatario tuvo que volver precipitadamente a Damasco en 1994, cuando su hermano Basel, el considerado heredero natural del trono del viejo Hafez, murió en un accidente de tránsito.
En ese momento, Bashar ya había completado su curso de política y conocía los arcanos de un sistema que, para no pocos analistas, es tal vez el más cerrado de Oriente Próximo.
Al llegar a la Presidencia -con sólo 34 años y casado con Asma, otra joven de estilo muy europeo-, como aún no tenía los apoyos necesarios dentro de las filas del régimen, permitió una leve apertura política y económica, conocida como la 'Primavera de Damasco'. Decía que quería acabar con el régimen de mano de hierro de su padre y que pretendía poner freno a la corrupción e introducir reformas democráticas.
Sin embargo, pocos meses después, la maquinaria del partido único del país -el Baas-, con Bashar a la cabeza, asfixió los escasos brotes democráticos del efímero movimiento y puso entre rejas a todo lo que oliera a disidencia.
Dos caras de un régimen
Además, en sus casi 11 años en el poder, Bashar demostró ser algo más que un dócil hijo de Hafez y, con una habilidad notable, fue apartando a la llamada 'vieja guardia' para sustituirla por sus propios fieles, en los que ha puesto las riendas del Estado y entre los que se cuentan algunos familiares cercanos.
Tal vez por eso, hoy su imagen es omnipresente en Damasco, como antaño estuvo la de su padre, y en varias ciudades del norte, centro y sur del país han estallado unas protestas sin precedentes para exigir los cambios que nunca llegaron. Pero, a pesar de que el estilo de padre e hijo parecían converger cada vez más con el discurrir de los años, hasta ahora seguía existiendo un gran abismo entre ambos.
A Bashar, por ejemplo, no se lo podía culpar de matanzas como la de Hama, en 1982, donde, según organismos defensores de derechos humanos, murieron casi 20.000 personas por la represión de un levantamiento armado encabezado por los Hermanos Musulmanes.
Sin embargo, y por más que insista en responsabilizar de lo sucedido a opacos grupos armados, supuestamente incitados desde el exterior, los más de 100 muertos que se calcula han dejado los enfrentamientos estas últimas semanas en ciudades como Deraa, Latakia o Damasco, han acabado por identificar a Hafez y a Bashar como dos caras de un mismo régimen.
El otro tema que tiene al Presidente contra las cuerdas es el estado de emergencia que rige en el país desde que su partido llegó al poder, en 1963, y que prohíbe las manifestaciones públicas, permite detener a toda persona "sospechosa o que amenace la seguridad" y autoriza la vigilancia de las comunicaciones y la censura de la prensa, entre otros.
Levantar la medida es la principal exigencia de los manifestantes, pero Bashar sólo ha aceptado crear una comisión para que estudie el tema. "Las relaciones entre el pueblo y su Gobierno no deben construirse bajo presión. Hablamos sobre derogar la ley de Emergencia en el 2005, cuando no había presiones. Ese fue el comienzo del proceso de reformas. Es cierto que estamos retrasados, pero hay otras prioridades. No hay que acelerarse", dijo esta semana.
Bashar al Assad, muy educado, con maneras de terciopelo, está mostrando tener la misma piel dura de su padre.
Redacción Internacional
Con la agencia EFE
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