Las movidas de Arabia Saudí que le pueden salir caras a toda la región

Las movidas de Arabia Saudí que le pueden salir caras a toda la región

Purga de príncipes y presiones a Gobierno libanés, juego en que Irán es contraparte en guerra fría.

Propaganda del rey Salmán bin Abdulaziz

Propaganda del rey Salmán bin Abdulaziz al- Saúd (der.) y el príncipe Mohamed bin Salmán, de Arabia Saudí.

Foto:

Faisal Al Nasser / Reuters

11 de noviembre 2017 , 11:00 p.m.

En las desérticas tierras del Oriente Próximo se fragua una crisis sin precedente, provocada por la purga política emprendida la semana pasada en Arabia Saudí, que puso tras las rejas a una veintena de príncipes, miembros de la familia real y a los más influyentes y poderosos hombres de negocios, alegando una cruzada anticorrupción.

La inusitada movida, liderada por el príncipe heredero Mohamed bin Salmán, hijo del rey Salmán bin Abdulaziz, tomó por sorpresa al mundo diplomático y económico, que aún no logra decantar las repercusiones que pueda traer lo sucedido para ese país y para la región, golpeada en la última década por el surgimiento de movimientos radicales islamistas, por la llamada Primavera Árabe –que vio el desmoronamiento de varios regímenes autocráticos–, los conflictos en Siria, Irak y Yemen y la confrontación con Irán. Una especie de mano a mano o de guerra fría entre los representantes del sunismo y el chiismo.

Todo comenzó el pasado sábado 4 de noviembre, en horas de la noche, cuando fuerzas a las órdenes del príncipe Mohamed realizaron, sin acusaciones formales ni procedimientos jurídicos, redadas y detenciones en los lujosos aposentos reales, siendo los principales objetivos personajes como el multimillonario inversionista príncipe Alwaleed bin Talal, uno de los hombres más ricos del mundo y accionista de empresas como Apple, Citigroup, Twitter, 21st Century Fox y Disney.

Otra figura visible entre los apresados es el hijo favorito del difunto rey Abdalá bin Abdulaziz al-Saúd, el príncipe Mutaib bin Abdalá, quien hasta junio pasado detentaba la posición de heredero del trono saudí. Horas antes de las detenciones, Mutaib bin Abdalá fue destituido de su posición como jefe de los servicios de seguridad de la realeza.

La cruzada anticorrupción es una forma de Mohamed para deshacerse de sus rivales entre la misma familia real saudí, según expertos en la región. Se trata de una pugna entre la vieja guardia y la corriente más progresista de la nación con más reservas petroleras del mundo y que controla las decisiones de la Opep.

Príncipe ‘millennial’

Del lado del príncipe heredero de 32 años está la nueva generación de saudíes que crecieron en la era de las redes sociales y la nueva tecnología. Con el apoyo del rey, Mohamed ha planteado una serie de reformas que pasan por la oferta pública de las acciones de Aramco, la poderosa compañía estatal de petróleo, y el fin de la prohibición de que las mujeres conduzcan en el reino. Incluso, lanzó el plan Visión 2030 para reducir la dependencia que tiene la economía saudí de las regalías petroleras y promover el desarrollo turístico y de los sectores de educación y salud, similar al alcanzado por el gobierno del vecino Dubái.

El príncipe Mohamed prometió en mayo pasado, en una entrevista para la televisión local, que “nadie sobrevivirá a un caso de corrupción, sea quien sea, príncipe o ministro”. Esas palabras le granjearon muchos seguidores en la red social de Twitter entre los jóvenes menores de 30 años, que conforman el 70 por ciento de la población y que ven en el príncipe una esperanza de cambio en la nación marcada por un desempleo juvenil de más del 30 por ciento. “Estas acciones son populares entre la gente común, que ve a la familia real como intocables”, según Steffen Hertog, profesor asociado del London School of Economics, autor del libro ‘La burocracia saudí’.

El propio Mohamed es un ‘millennial’ criado entre los privilegios reales, pero con una educación occidentalizada que quiere arrinconar a los ultraconservadores religiosos, según sus defensores.

La tormenta perfecta

Sin embargo, hay mucho escepticismo sobre estas movidas del príncipe heredero y de su padre el rey, quienes mantienen sus privilegios, sin que haya nadie que les pueda cuestionar sus gastos ni decisiones. Por tradición, todas las leyes son emitidas por decreto real o derivadas de la ley islámica, y carecen de regulaciones.

Los miembros de la realeza nunca han revelado las fuentes de sus ingresos, cuánto pueden sacar sus miembros de los ingresos petroleros del país, cuánto ganan con los contratos estatales o cómo se permiten sus lujosos estilos de vida.

“Mohamed es un populista que, al mejor estilo del chavismo venezolano, grita a los cuatro vientos ‘vamos a meter presos a todos los corruptos’, pero él mismo es producto de ese sistema nepotista y donde nadie puede hacer nada sin que medie el soborno”, aseguró un exempleado de la casa real que trabajó muy cerca del joven líder por dos años, y que no puede dar su nombre por haber firmado una cláusula de confidencialidad.

“La pregunta es ¿cómo va a montar un juicio a tanta gente, cuando el propio sistema judicial depende de esas prebendas existentes?”, insistió. Ni siquiera hay una cárcel adecuada que acoja a los detenidos, quienes fueron alojados en un lujoso hotel en Riad. Según el funcionario, lo único que ha logrado es “subirle la temperatura” a la política. “Mohamed se ha granjeado unos 250 enemigos nuevos, que no se quedarán tranquilos”, apuntó.

En esa línea, Bruce Riedel, director de Brookings Intelligence Project, un exasesor presidencial de cuatro gobiernos estadounidenses en temas del sureste asiático y Oriente Próximo, explicó a medios internacionales en Londres que hasta ahora la política de la familia real ha sido tradicionalmente consensual con gran énfasis en proteger el decoro y el honor, incluso de aquellos ministros fracasados. A su juicio, romper con esa tradición “puede provocar mucho descontento a puertas cerradas en la familia real”.

Riedel advirtió que “la ruptura de la regla del consenso puede tener implicaciones tanto al interior como al exterior” del país árabe, “particularmente en la relación entre los saudíes y su rival regional, Irán”. “El joven príncipe podría tratar de saldar viejas vendettas con Irán”, alertó el exsubdirector de operaciones de la CIA Robert Ritcher, al calificar la situación regional como “la tormenta perfecta”, donde una guerra directa con Irán parece más certera.

De hecho, la renuncia del primer ministro libanés Saad Hariri, al parecer por presiones saudíes, fue una jugada contra la creciente influencia del movimiento chií Hezbolá, cuyo principal aliado es Irán. Y dada la característica fragilidad libanesa, el pequeño país puede terminar entre dos enormes fuegos.

MARÍA VICTORIA CRISTANCHO
Para EL TIEMPO

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