Cascos blancos, los héroes de la guerra Siria

Cascos blancos, los héroes de la guerra Siria

La labor de estos rescatistas les valió ser postulados al premio Nobel de paz. Sus testimonios.

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Los cascos blancos son los primeros que llegan a edificios que han sido bombardeados en Alepo.

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Ameer Alhalbi / AFP

16 de octubre 2016 , 06:21 a.m.

Son los héroes de la guerra en Siria. Con muy pocos recursos y con la intención de salvar tantas vidas como sea posible, los cascos blancos –un grupo de voluntarios que conforman el grupo de Defensa Civil sirio– trabajan en las zonas rebeldes, especialmente en la ciudad de Alepo, sometidas a intensos bombardeos del régimen sirio y de su aliado ruso.

“Salvar la vida sigue siendo el premio más importante”, afirma el responsable de 3.000 voluntarios, Raed Saleh.

Su labor no es fácil. Según Bibars Mashaal, jefe de la Defensa Civil en Bab al Nayrab, desde el lanzamiento de una ofensiva contra los barrios rebeldes de Alepo hace dos semanas, los aviones del régimen y de Rusia atacan “sistemáticamente” los centros de los cascos blancos.

(Además: Siria: un drama de casi seis años y sin ninguna señal de pronto final)

Este grupo de voluntarios en el que hay panaderos, carpinteros, estudiantes y pintores, entre otros, se ha vuelto famoso por publicar en redes sociales fotos y videos que muestran su trabajo, lo que los llevó a estar nominados este año al premio Nobel de Paz.

Los cascos blancos, que cuentan con 78 mujeres, suelen ser los primeros en llegar a los sitios que acaban de ser bombardeados para ponerse a excavar, a veces solo con sus manos, en busca de sobrevivientes atrapados bajo los escombros.

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Su vida siempre está en riesgo. A Jaled, de 31 años, –uno de los cascos blancos que rescató a Mahmud, un bebé de dos meses que estuvo atrapado durante 12 horas en los escombros de un edificio en Alepo en el 2014– se lo llevó la muerte hace dos meses, en un bombardeo. Jaled se convirtió en la víctima 142 de la organización.

(Vea: Niños sirios, víctimas que más duelen)

Hace dos semanas, otro de ellos, Mohamad Wawi, también estuvo cerca de morir. “Cayó un obús y todo el equipo resultó herido, uno de ellos grave”, explica. “Estábamos salvando civiles, pero luego fueron los habitantes los que vinieron a socorrernos”, recuerda.

Louay Mashhadi, de 25 años, responsable de otro grupo de cascos blancos, da cuenta del horror que viven a diario. “Hace unos días encontré a un bebé de cuatro o cinco meses entre los escombros, en Salhin. La parte inferior de su cuerpo estaba destrozada, pero seguía con vida”, dice.

“Estuvo un cuarto de hora en mis brazos, antes de morir”, rememora este hombre, que antes trabajaba como obrero y que tiene un bebé de la misma edad. “Fue tan duro que me enfermé, estuve en la casa durante tres días”, concluye.

En dos meses, Louay Mashhadi también perdió a cuatro compañeros: “Nosotros, los cascos blancos, somos como una gran familia(...). Lloré su muerte como si fueran de mi familia”.

Los cascos blancos dicen que la situación en Alepo es extrema. “Hay una gran escalada. Hace ya cuatro días que no duermo, debido a la gran intensidad de los bombardeos”, afirma Ibrahim Abu Laith.

Sin embargo, para seguir adelante recuerdan un lema que sacaron del Corán: “Aquel que salva a un hombre, ha salvado a la humanidad”.

Estos voluntarios denuncian que los civiles en Alepo se han vuelto el centro de los ataques del régimen de Bashar al Asad y de Moscú, quien niega esa información. Y pese a que han declarado que son “independientes, neutrales e imparciales” y que “no están afiliados a ningún partido político o facción armada”, también son objetivo de ataques.

Damasco los acusa de ser títeres internacionales por recibir donaciones de países como el Reino Unido, Holanda, Dinamarca, Alemania, Japón y Estados Unidos. Otros dicen que entre los cascos blancos hay yihadistas.

Pero ninguno de esos comentarios les quita mérito a su extraordinaria labor. Una prueba de esto es que en septiembre recibieron el premio sueco Right Livelihood, para algunos un Nobel alternativo, en reconocimiento a “su coraje excepcional, su compasión y su compromiso humanitario”.

REDACCIÓN INTERNACIONAL*
* Con AFP

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