Expresidente Saleh, aferrado al poder en Yemen hasta su muerte

Expresidente Saleh, aferrado al poder en Yemen hasta su muerte

Rebeldes lo mataron cuando intentaba huir de la capital, Saná, en medio de enfrentamientos.

Ali Abdalá Saleh

Ali Abdalá Saleh, expresidente de Yemen, que murió este lunes a manos de rebeldes hutíes.

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AFP

04 de diciembre 2017 , 05:49 p.m.

Ali Abdalá Saleh, que murió este lunes a manos de rebeldes hutíes, se pasó los últimos cinco años de su vida buscando alianzas que le permitieran mantener sus opciones de recuperar el poder en Yemen, que perdió en 2012, como consecuencia de las protestas surgidas en 2011 al calor de la Primavera Árabe.

Antiguo enemigo de los hutíes, a quienes combatió durante su largo mandato presidencial (1990-2012), Saleh perdió la vida a manos de rebeldes que le dispararon en un puesto de control cuando intentaba huir de Saná, después que decidió romper la alianza que lo unía a estos desde 2014.

Nacido en 1942 en la población de Bait al Ahmar, Saleh, militar de profesión desde 1958, mostró sus aspiraciones políticas en junio de 1974, cuando participó en el golpe de Estado que derrocó al Consejo de la República presidido por Kadi Abdul Rahman al Iryani.

A partir de ahí, su carrera despegaría y en 1978 fue elegido miembro del Consejo Provisional Presidencial y meses después presidente de Yemen del Norte y comandante en jefe de las Fuerzas Armadas.

Tras la reunificación del Norte y del Sur, en 1990, Saleh continuó a la cabeza del Estado reunificado y reforzó su poder tras aplastar en 1994, en menos de dos meses, una tentativa soberanista del antiguo sur, en una guerra civil en la que murieron 8.000 personas.

Desde entonces, gobernó sin rivalidad y reforzó un poder autoritario, que intentó disfrazar de una democracia formal que lo llevó a celebrar elecciones presidenciales con varios candidatos en 1999 y 2006.

Los principales retos de seguridad a los que hizo frente fueron la amenaza de Al Qaeda, gracias a la que estrechó sus relaciones con EE. UU., así como los levantamientos protagonizados a mediados de 2004 y en agosto de 2009 por los rebeldes hutíes. Ese conflicto causó decenas de muertos y no concluyó hasta febrero de 2010, cuando se acordó el fin de las hostilidades.

Perpetuarse en el poder: el plan

Los aires de la Primavera Árabe de 2011 sorprendieron a Saleh cuando ya había logrado una aprobación del Parlamento para aspirar a un tercer mandato, prohibido por la Constitución.

Pero las presiones de la oposición, que salió a la calle el 27 de enero, lo obligaron a dar marcha atrás en sus planes de concurrir a unas nuevas elecciones en 2013.

Sin embargo, y a pesar de que las protestas fueron en aumento, se negó a escuchar las exigencias de la oposición, e incluso la propuesta del Consejo de Cooperación del Golfo, que intentó convencerlo de que renunciara en favor de su vicepresidente, Abdo Rabu Mansur Hadi.

Un bombardeo contra el complejo presidencial el 3 de junio de 2011, que estuvo a punto de acabar con su vida, no redujo tampoco sus ansias de mantenerse en el poder, al que finalmente se vio obligado a renunciar en febrero de 2012 por las presiones internas y de la comunidad internacional.

Ese mismo mes traspasó el poder a Mansur Hadi, después de que este se impuso en unas elecciones anticipadas en las que fue el único candidato. No obstante, mantuvo su influencia política y militar a través de familiares y socios políticos con altos cargos en las instituciones del país, como su hijo Ahmed, que no fue expulsado del Ejército sino hasta abril de 2013.

Sus intentos de entorpecer la transición política llevaron al Consejo de Seguridad de la ONU a imponerle sanciones el 7 de noviembre de 2014 por amenazar la paz y la seguridad y dificultar la transición en el país.

Sometido cada vez a más presiones, en septiembre de ese año, cuando sus antiguos enemigos hutíes tomaron la capital en medio de protestas contra el Gobierno y el aumento del precio de los combustibles, Saleh se unió a ellos.

Las protestas dieron paso a una cada vez mayor intervención en los asuntos del poder y finalmente los hutíes forzaron la dimisión, el 22 de enero de 2015, de Mansur Hadi, quien un mes después lograría huir a Aden.

En marzo de ese año, una alianza militar encabezada por Arabia Saudí intervino en el conflicto contra los hutíes y su principal socio, Ali Abdalá Saleh, que desde entonces han perdido terreno, aunque sin perder sus principales bastiones, entre ellos Saná.

En la capital tuvo lugar, el pasado fin de semana, la última maniobra política de Saleh, quien, tras unos enfrentamientos entre combatientes de ambas facciones rompió su alianza con los hutíes y mostró su disposición a dialogar con Riad, que se precipitó a darle su apoyo.

Pero los hutíes se impusieron a sus hombres y cuando Saleh intentaba ayer huir el convoy en el que viajaba fue tiroteado en un control de seguridad, poniendo fin a su vida.

Agencia/ Efe / El Cairo

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