Un nuevo contrato social para una nueva generación democrática

Un nuevo contrato social para una nueva generación democrática

Hoy, en el Día de la Democracia, nueve expresidentes latinoamericanos, miembros del Club de Madrid, hacen un llamado a la renovación.

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Protesta de la oposición en Nicaragua ante lo que consideran una farsa electoral montada por el presidente Ortega.

Foto:

EFE

14 de septiembre 2016 , 10:51 p.m.

 América Latina ha cerrado uno de los ciclos de mayor expansión económica de su historia (2002-2014) con escasas certezas, enormes retos, como la desigualdad económica y de acceso a derechos, y un contexto internacional donde abundan las tempestades. La necesidad de renovación es doble y urgente: alcanzar un nuevo pacto social que recupere la complicidad de una ciudadanía identificada con la democracia, pero desconfiada de sus instituciones, y un cambio del modelo de crecimiento que priorice la distribución de la riqueza y asegure la sostenibilidad económica y ambiental.

La ONU ha señalado la Agenda 2030 como tema central del Día Internacional de la Democracia que hoy celebramos. Es un plan que coloca el bienestar de las personas en el centro de su acción más allá de sus ingresos; se ocupa de nuestro derecho a la paz, a la seguridad, del inalienable acceso a un medioambiente no degradado, del ejercicio pleno de nuestros derechos humanos y ciudadanos. Es una hoja de ruta cuya aplicación respondería a los desafíos de nuestra región.

La bonanza económica generó avances extraordinarios que hoy están en riesgo de ser revertidos. La pobreza se redujo del 42 al 24 por ciento, 72 millones de personas de las cuales 59 vivían en condiciones de pobreza extrema. Además, 94 millones se incorporaron a la clase media. La desigualdad, según el coeficiente de Gini, pasó del 0,539 al 0,493.

Sin embargo, el último informe del PNUD afirma que entre 25 y 30 millones de personas podrían volver a ser pobres. Sería un golpe durísimo para las democracias latinoamericanas cuando menos pueden permitírselo. Al parón en el crecimiento económico (0,2 por ciento en el 2016, según Cepal) se suman las demandas de una ciudadanía más exigente en el cumplimiento de sus expectativas, más empoderada y más participativa.

Cambia el ciclo económico. Y también el político. Sí, hoy las democracias latinoamericanas son más fuertes y la agenda social es más sólida que hace 20 años, pero los retos son enormes. La presión ciudadana, con protestas en países como Brasil, Chile o Venezuela, nos recuerda que esa nueva clase media reclama democracias más efectivas, una más nítida separación de poderes y mayor rendición de cuentas.

Los partidos políticos no escapan de estos nuevos niveles de exigencia. Internet y las redes no cambiarán por sí solas las democracias, pero sí han puesto de manifiesto la necesidad de una conversación profunda acerca de las estructuras de poder. La democracia del siglo XX tiene que cambiar en el siglo XXI y los partidos también.

Esta misma clase media ha alzado su voz para instaurar lo que en el foro organizado por el Club de Madrid en Bogotá en 2015 ‘Democracia de Nueva Generación para las Américas’ se denominó “una nueva y bienvenida intolerancia con la corrupción”. El fracaso de las expectativas de millones de ciudadanos puede exacerbar la crisis de legitimidad de las instituciones democráticas, ahondar la distancia entre representantes y representados y romper el contrato social. Factores que preparan el terreno para otros dos males recurrentes: los populismos y los hiperpresidencialismos.

Es pues el tiempo de la política y del liderazgo participativo, es el momento de una nueva generación democrática. Latinoamérica está en forma en cuanto a innovación política: así lo hemos visto con la plataforma digital presentada recientemente para recabar opiniones e ideas de los ciudadanos chilenos en la reforma de su propia Carta Magna, en las buenas prácticas en los ámbitos de la reducción de pobreza en Brasil y Costa Rica, e-democracia en Argentina o en la elaboración de presupuestos públicos en México.

Innovación, política, liderazgo y una nueva formación cívica que rechace el autoritarismo, la impunidad, la corrupción y la violencia; que asegure el derecho a un medioambiente no degradado; que extienda el progreso desde las élites a las bases, desde las ciudades a los campos y que ponga en pie de igualdad a las comunidades indígenas.

Se trata, como hace la Agenda 2030, de recuperar a las personas como centro de la acción política, como ciudadanos libres e iguales sin consideraciones de clase, religión raza, género u orientación sexual. Latinoamérica, en suma, debe inaugurar una era de gobernanza democrática de calidad y dotarse de un nuevo contrato social para un nuevo modelo económico, más justo, más equilibrado, más sostenible; en definitiva, más humano.

Firmado:
Óscar Arias (Costa Rica), Fernando Henrique Cardoso (Brasil), Laura Chinchilla (Costa Rica), Vicente Fox (México), Eduardo Frei Ruiz-Tagle (Chile), Luis Alberto Lacalle (Uruguay), Ricardo Lagos (Chile), Julio María Sanguinetti (Uruguay), Ernesto Zedillo (México).

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