Cuba, ante una nueva era tras el último adiós a Fidel

Cuba, ante una nueva era tras el último adiós a Fidel

Sus cenizas fueron sepultadas en un acto privado, en el cementerio de Santiago. ¿Vendrán cambios?

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Raúl Castro depositó la urna de cedro con las cenizas del héroe de la Sierra Maestra en el interior de una roca.

Foto:

Marcelino Vazquez / Reuters

05 de diciembre 2016 , 12:09 a.m.

“Fidel”. Es la única inscripción de la sencilla lápida colocada en su panteón, una especie de gran piedra colocada cerca del mausoleo del cementerio de Santa Ifigenia de Santiago de Cuba, donde reposan los restos de José Martí y otros próceres de la independencia de Cuba.

Fidel Castro preparó sus exequias, expresó su deseo de ser incinerado, según confirmó su hermano y sucesor, Raúl Castro, y eligió ser enterrado en el campo santo de la ciudad considerada “cuna” de la revolución.

El entierro tuvo un carácter privado e íntimo. Apenas unas 30 personas asistieron a la necrópolis que permaneció cerrada al público y a la prensa hasta pasadas las dos de la tarde.

Estaba previsto que a la inhumación asistieran los presidentes de Venezuela, Nicolás Maduro; y Bolivia, Evo Morales; así como los exmandatarios de Brasil Luiz Inàcio Lula da Silva y Dilma Rousseff, quienes participaron en el acto celebrado en la plaza de la Revolución el sábado.

No era otro evento oficial, pero centenares de santiagueros salieron para acompañar su viaje final y ver el armón militar que los cuatro días anteriores trasladó la urna de cedro con los restos del político que vivió 90 años, despertando amor y odio con similar intensidad. Ahí no hubo acarreamiento.

La televisión cubana no emitió en directo el último trayecto de la caravana, que arrancó ayer a las 6:39 de la mañana. El recorrido completo solo se vio en diferido cerca de tres horas después. Aunque el canal Telesur ofreció una imagen de apenas segundos.

No fue un tributo oficial, puesto que el último acto público se realizó en la plaza Antonio Maceo la noche del sábado.

Allí intervinieron directivos de todas las organizaciones de masas del país: la central de Trabajadores, la asociación de agricultores pequeños, la asociación de combatientes, los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), la Federación de Mujeres Cubanas, la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, la asociación de Estudiantes y la Unión de Jóvenes Comunistas. Todos destacaron el papel del líder de la revolución en cada uno de esos sectores.

El discurso del cierre corrió a cargo de Raúl Castro, que, con los presentes, juraron fidelidad al socialismo. “Juramos defender la patria y el socialismo”, afirmó. Con la voz un poco ronca repasó la vida y el legado de su hermano, desde su juventud, la prisión, el exilio en México, los primeros años de la guerrilla, la ayuda a las luchas emancipadoras en África y los que definió como “dramáticos años” del ‘periodo especial’.

El general y presidente Castro, de 85 años, repitió “sí se puede, sí se pudo” para concluir citando una frase del héroe de las luchas de la independencia Antonio Maceo: “Quien intente apropiarse de Cuba recogerá el polvo de su suelo anegado de sangre, si no perece en la lucha”. “¡Fidel! ¡Fidel! ¡Hasta la victoria!” “¡Siempre!”, corearon los presentes.

(Opinión: Una noche con Fidel)

“Fiel a la ética martiana de que ‘toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz’, el líder de la Revolución rechazaba cualquier manifestación de culto a la personalidad y fue consecuente con esa actitud hasta las últimas horas de vida, insistiendo en que, una vez fallecido, su nombre y su figura nunca fueran utilizados para denominar instituciones, plazas, parques, avenidas, calles u otros sitios públicos, ni erigidos en su memoria monumentos, bustos, estatuas y otras formas similares de tributo”, agregó Raúl.

En estos nueve días de duelo nacional una imagen fue imponiéndose. Al principio tímidamente algunas jóvenes se pintaron en el rostro o el brazo la enseña del comandante en jefe que Castro lucía en su hombro: un rombo mitad rojo, mitad negro con una estrella de cinco puntas y unos laureles abajo.

Un símbolo que lucen como insignia o en camisetas la mayoría de los conductores de la televisión cubana y de muchos de los que han desfilado o participado en las honras fúnebres. Refuerza la idea del lema “Yo soy Fidel”, de su multiplicación entre los cubanos. Si cuaja o se olvida, solo el tiempo lo dirá.

Horas más tarde, la televisión cubana volvió a emitir con normalidad películas, deportes, y musicales con trovadores, mientras los cubanos esperan con ansias los cambios, que según analistas no serán inmediatos ni radicales, pero podría acelerar reformas económicas más audaces y un estilo de Gobierno más pragmático e institucional que asuma la importancia del relevo generacional y de una cultura y periodismo más abiertos.

MILAGROS LÓPEZ DE GUEREÑO
Corresponsal de EL TIEMPO
La Habana

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