Así vive Jojutla su tragedia cuatro días después del terremoto

Así vive Jojutla su tragedia cuatro días después del terremoto

Esta población en el estado de Morelos presenta el panorama más crítico. Ayudas no son suficientes.

México

Casi todas las edificaciones de Jojutla, en Morelos, están en ruinas o inhabitables. La gente intenta salvar lo que más puede.

Foto:

Edgar Garrido / Reuters

22 de septiembre 2017 , 07:23 p.m.

En la casa de Lorena Barrera duermen tres familias. Comparten colchonetas, víveres y ropa. También se preocupan por revisar durante el día que las paredes sigan firmes y no tengan grietas. No saben aún si la vivienda está en riesgo de desplomarse, pero es la única que quedó en pie en esa cuadra y con techo para resguardar a 14 personas, tras el terremoto del martes pasado que golpeó al centro de México y dejó más de 290 muertos y miles de viviendas afectadas.

Este es el panorama en Jojutla, en el estado Morelos, el municipio más afectado por el terremoto del martes pasado en México. Según el boletín oficial entregado este viernes, 73 personas murieron en esta región tras el terremoto y casi todas las edificaciones resultaron afectadas.

Hay zonas de la ciudad que huelen a gas, calles enteras con fachadas desplomadas sobre la vía, y hay casas tan inclinadas que parecen que hubiesen sido succionadas por la tierra.

La Gobernación de Morelos reportó que este sábado, cuatro días después del terremoto, se dará inicio a la fase del censo de las 10.000 viviendas que resultaron afectadas para verificar su estado.

En el parque principal están instalados los campamentos en donde duermen decenas de familias. Nadie sabe un número exacto. Mary Cruz, de 21 años, llegó el martes desde Cuernavaca, un municipio cercano que sufrió daños menores, e instaló una cocina improvisada con lo que fue llegando al parque. Dice que ha cocinado sin parar durante el día, y en las noches se ha quedado a dormir entre quienes lo perdieron todo.

En la mañana de este viernes, por ejemplo, prepararon más de 600 chilaquiles (plato de desayuno), pero la cifra del almuerzo casi que se duplicó. “Llega mucha gente de Jojutla y de las poblaciones cercanas. Hay mucha gente en la calle pidiendo ayuda, y esta será una constante por un largo tiempo”, cuenta.

Sin embargo, el esfuerzo de cientos de voluntarios parece que evitara que el ánimo decaiga, a pesar de las dificultades. Recorren constantemente la ciudad entregando alimentos, medicinas y herramientas de trabajo. Ofrecen su ayuda de todas las formas posibles. Las cadenas humanas para remover escombros o transportar víveres son una constante, y no hay casa desplomada en la que esté un damnificado solo levantando los escombros.

Voluntarios

Jojutla es una pequeña ciudad que vive especialmente del comercio. Pero, desde el martes, las tiendas de abarrotes, supermercados y restaurantes que no se vieron afectados han cedido en su mayoría sus víveres y sus locales para los damnificados. Mientras se escribe esta crónica, por ejemplo, una mujer es atendida en una inmobiliaria que cuenta con electricidad. Presenta fiebre, entre otros síntomas, y la inyectan. Le piden que descanse y que deje los trabajos, pero ella, dice con ánimo, debe seguir ayudando a su familia.

Cientos de miles de voluntarios recorrieron las zonas más afectadas de la Ciudad de México el jueves en la noche. Durante la madrugada se veían ‘pelotones’ enteros de voluntarios recorriendo los sectores de Condesa, la Roma Norte y Xochimilco buscando ayudar. Tenían cascos, tapabocas y sus datos personales marcados en sus brazos. En la mañana de este viernes, muchos de ellos decidieron viajar en la madrugada hacia las poblaciones cercanas que también resultaron afectadas.

Camilo Rodríguez es uno de ellos. Es colombiano y salió este viernes con un grupo de amigos de Ciudad de México a Jojutla, luego de haber trabajado como voluntario desde el martes. Llegó sin una fecha de regreso, a la espera de poder ayudar durante los próximos días en los pueblos afectados.

Fernando Montesinos, un mexicano que vivió hace 32 años el terremoto que golpeó al país, también hizo lo mismo. Llegó con una sobrina y tres amigos a la terminal de buses de la capital mexicana y se unió a un grupo de voluntarios que fue creciendo con el paso de los minutos. Allí, las empresas de transporte ofrecían transporte gratis a los brigadistas. Según dicen, no hay suficientes manos en los pueblos para ayudar, como se ha visto recientemente en la capital mexicana.

“La mayoría no nos conocemos. Llegamos y aquí y nos hicimos amigos. Nos compartimos implementos y conformamos el grupo, y los brigadistas profesionales van dando las instrucciones sobre cómo podemos ayudar” cuenta.

JULIÁN I. ESPINOSA ROJAS
Enviado especial de EL TIEMPO
Jojutla (Morelos).

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