Tras destitución de Dilma Rousseff, ¿qué viene para Brasil?

Tras destitución de Dilma Rousseff, ¿qué viene para Brasil?

Michel Temer hereda el gobierno de un país que no lo eligió luego de un proceso muy polémico.

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El Senado brasileño destituyó este miércoles a la mandataria Dilma Rousseff por 61 votos a favor y 20 en contra.

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AFP

01 de septiembre 2016 , 07:39 a.m.

Tras la destitución de la ya ahora expresidenta brasileña Dilma Rousseff, Michel Temer –su exvicepresidente y ahora enemigo acérrimo– asumió un país azotado por una recesión galopante, un creciente desempleo (más de 11 millones de personas) y un masivo escándalo de corrupción que pone en aprietos a toda su clase política, tanto de izquierda como de derecha.

Temer completará el mandato de Rousseff, que va hasta el 2018. ¿Cuáles serán sus principales desafíos? ¿Y cómo queda la izquierda que comenzó a gobernar en el 2003 con Luiz Inácio Lula da Silva? ¿Cuál es el próximo paso en la carrera de Rousseff? Un mar de preguntas rodea la principal economía latinoamericana. (Lea también: Dilma Rousseff, una eterna luchadora en la política)

¿Qué será de Rousseff?

Después de perder la banda presidencial tras una votación en la que 61 senadores dijeron sí y 20 se negaron, Rousseff tendrá que entregar las llaves del Palacio de la Alborada, la residencia presidencial donde estuvo prácticamente desterrada cuando fue suspendida en mayo.

Dilma, no obstante, se salvó de una inhabilitación de ocho años, que ella misma había decretado como “una pena de muerte política”. El Senado no consiguió los votos para quitarle el derecho de ejercer cargos públicos. De esta forma, puede ejercer y presentarse incluso a cargos de elección popular, aunque no puede presentarse en las elecciones presidenciales del 2018. “Ellos piensan que nos vencieron, pero están engañados. Sé que todos vamos a luchar, tendremos contra ellos la más firme, incansable y enérgica oposición que un gobierno golpista puede sufrir”, aseguró la exmandataria, en su primer discurso después de ser destituida. (Lea también: La imagen del día después en Brasil / Análisis)

Sin aval popular

Temer, quien se posesionó como presidente en propiedad a las 2 p. m. (hora colombiana) ha insistido en que es la Constitución la que le da legitimidad, pero carga en los hombros el peso de no haber sido elegido popularmente para este cargo. De hecho, encuestas han mostrado que este abogado constitucionalista tiene bajísimos niveles de intención de voto si concurriera a unas elecciones.

Temer ha asegurado hasta ahora que no se presentará en las elecciones del 2018. Tampoco escapa a las revelaciones de los masivos escándalos de corrupción. Y si es declarado culpable de violar reglas del financiamiento de campañas, podría verse impedido de presentarse a un cargo de elección durante 8 años.

El presidente también enfrenta una investigación del Tribunal Superior Electoral sobre presunta financiación ilegal durante la campaña que involucra a la fórmula que integró con Rousseff. De ser hallados culpables, la victoria del 2014 sería anulada y habría que escoger un nuevo presidente. (Lea: Después de 13 años, Lula da Silva vuelve a ser de la oposición)

Si esto pasara este año, el presidente de la Cámara de Diputados, Waldir Maranhão, asume el poder y convoca a elecciones. Si ocurre en los últimos dos años de mandato, es el Congreso el que deberá escoger al presidente de forma indirecta.

Nueva línea de gobierno

Desde que asumió la presidencia de forma interina, Temer, un astuto negociador político en las sombras, armó un gobierno pensando que Dilma sería destituida. Su gabinete no tiene mujeres y está conformado por hombres blancos y conservadores.

Pero tiene el aval del mercado y, más importante, del Congreso, que ya aprobó la revisión de la meta fiscal –170.500 millones de reales (52.500 millones de dólares al cambio actual) en 2016– y está abierto a pasar el ajuste fiscal que fue rechazado cuando Rousseff lo presentó. El foco del nuevo gobierno será la economía y Temer ha dicho que no le temblará el pulso para aprobar medidas impopulares, como nuevos impuestos. (En video: Los mensajes que la destitución de Dilma Rousseff deja a Latinoamérica)

La política, diseñada por el ortodoxo ministro de Hacienda, Henrique Meirelles, comenzó con el recorte de ministerios y el establecimiento de un techo al gasto público.

La izquierda

La llegada de Temer al poder supone el fin de trece años de gobiernos de izquierda en Brasil, que comenzaron con la llegada al poder de Lula y el Partido de los Trabajadores (PT) en el 2003. Lula y Rousseff cambiaron la imagen de la vieja izquierda latinoamericana, combinando políticas ortodoxas y amigables con el mercado con programas sociales revolucionarios, que sacaron a millones de la pobreza e impulsaron una clase media de consumo.

Pero la crisis echó todo abajo y en medio del desempleo, la inflación y los altos intereses, creció el descontento y el rechazo al gobierno, con gigantescas manifestaciones que pedían la caída de la primera presidenta de Brasil.

Algunas protestas contra Temer han sido convocadas, pero están lejos de ser masivas. La imagen del PT de Rousseff y Lula, así como el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMBD) de Temer, se ha visto igualmente afectada por el megafraude a Petrobras. (Lea: 'Volveremos para continuar', dijo Dilma Rousseff tras su destitución)

La izquierda pasa ahora a la oposición, donde hará de todo para volver al poder en el 2018 con Lula, si no cae antes en manos de la justicia, que lo investiga por corrupción.

La crisis diplomática

El presidente de Ecuador, Rafael Correa, decidió retirar este miércoles a su máximo representante en Brasil tras la destitución de la presidenta Dilma Rousseff. “Destituyeron a Dilma. Una apología al abuso y la traición”, escribió el mandatario en Twitter.

A su vez, su homólogo boliviano, Evo Morales, convocó a su embajador en Brasilia, José Antonio Kinn. “Condenamos el golpe parlamentario contra la democracia brasileña”, dijo Morales en su cuenta de Twitter @evoespueblo.

Venezuela decidió “retirar definitivamente” a su embajador y congeló “las relaciones políticas y diplomáticas con el Gobierno surgido de este golpe parlamentario”.

En la región, seis presidentes en 25 años

Fernando Collor

A finales de 1992 varios casos de corrupción hicieron que el Senado de Brasil destituyera al presidente Fernando Collor. Su renuncia, horas antes, no se tuvo en cuenta.

A. Bucaram y L. Gutiérrez

En febrero de 1997 el Congreso de Ecuador destituyó a Abdalá Bucaram por “incapacidad mental”. En abril del 2005 el Legislativo destituyó a Lucio Gutiérrez por corrupción.

Alberto Fujimori

Tras meses de protestas, por varios casos de corrupción, en noviembre del 2000 el Congreso del Perú destituyó a Alberto Fujimori, aunque este intentó renunciar desde Japón, a donde huyó.

Zelaya y Lugo

En junio del 2009 el Congreso de Honduras
destituyó a Manuel Zelaya. En junio del 2012 el Congreso de Paraguay le hizo un juicio a Fernando Lugo y lo sacó del poder.

AFP y EFE

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