'No puede ser que un presidente se rebaje tanto': Nora Sanín
Por: MARÍA ISABEL RUEDA | 12:16 a.m. | 27 de Febrero del 2012
Sanín afirma que el año pasado hubo más de 90 amenazas contra la libertad de expresión en Colombia.
Foto: Mauricio Moreno / EL TIEMPOLa presidenta de Andiarios critica no solo a Correa, sino a Chávez por censurar prensa.
Prácticamente ningún periódico se negó a publicar la censurada columna del periodista ecuatoriano Emilio Palacio, contra el presidente Rafael Correa.
No. Fue unánime la posición, tanto nacional como internacional, que vino de una iniciativa del director de EL TIEMPO, Roberto Pombo. Hubo completa solidaridad con el periódico ecuatoriano El Universo, condenado por la justicia de su país.
¿Encontraron en esta campaña alguna objeción de los gobiernos colombiano o ecuatoriano?
Del colombiano, ni una llamada. Del Embajador ecuatoriano recibimos una carta durísima que contiene, en su último párrafo, lo que uno no sabe si son preguntas o amenazas. Como prueba de que la prensa colombiana hace bien su tarea, esa carta también se publicó en su totalidad.
¿Qué otros países de América Latina publicaron la columna?
Seis periódicos del Grupo de Diarios de América: El Nacional, de Venezuela; El Comercio, de Perú; O Globo, de Brasil; El Nuevo Día, de Puerto Rico; La Nación, de Argentina, y El Universal, de México.
Pero leí una opinión muy interesante de la internacionalista Laura Gil, para quien la columna de Palacio es 'exagerada, de tono revanchista y escrita desde el estómago'. Es que se llamó a Correa 'dictador y criminal de lesa humanidad'.
Aquí no se trató de hacer una evaluación ni una interpretación sobre las afirmaciones contenidas en la columna. Era más una protesta contra las medidas tomadas por el gobierno Correa, por excesivas. Se trata de un gobierno que tiene toda la comunicación en manos del Estado y todas las posibilidades de expresar argumentos para oponerse a las opiniones de otros. No puede acudir a demandar a los periodistas ni a los medios de comunicación de esa manera. Y con el poder y la influencia que ejerce en el poder judicial, menos.
Críticas iguales o peores ha hecho el periodismo colombiano contra el presidente Uribe.
Es difícil llegar a un punto justo. Uno sí quisiera que el periodismo fuera más ponderado. Pero hay situaciones en las que es imposible exigirle a un periodista que diga menos. ¿Qué hubiera pasado en la época del proceso 8.000 si en el país hubiera habido una prensa amordazada? Por duros que hayan sido los calificativos, la labor de la prensa de destapar fue más importante que el riesgo de atacar o criticar a quien estaba ejerciendo la Presidencia. Que se dan excesos, se dan, pero no creo que sea la constante. Y la manera de evitarlos no es demandando ni censurando ni amordazando la prensa.
La jueza ecuatoriana a la que en primera instancia le correspondió conocer del caso denunció la semana pasada, en rueda de prensa en Colombia, que un abogado en nombre de Correa trató de sobornarla.
Este es un caso emblemático. No es aislado ni es el primero. Los autores del libro El gran hermano, que denuncia unos supuestos negocios del hermano de Correa, Fabricio, también tienen una demanda cuantiosísima encima. Correa demandó por 10 millones de dólares a sus coautores, Calderón y Zurita, y ya hay una condena en primera instancia por 2 millones de dólares. Es impresionante lo que está haciendo el presidente Correa para silenciar al periodismo en Ecuador.
¿Es diferente lo que hace Correa de lo que hace Chávez con la prensa venezolana?
A medida que un presidente comienza a adoptar medidas de esa naturaleza, hay muchos que se sienten con patente para hacer cosas parecidas. A veces me pregunto si Correa haría todo esto si Chávez no lo hubiera hecho previamente en su país. Hay similitudes en las medidas legales, en los proyectos de ley que proponen, en las expropiaciones de medios, en las descalificaciones, en los insultos. No puede ser que unos presidentes se rebajen a ese nivel. Obviamente, para un mandatario no es agradable la crítica fuerte y dura, pero mientras más dura sea, más obligado está a dar las respuestas que le exige la opinión a través de los medios.
¿Cree que sea suficiente si, como se dice que pasará esta semana, Correa pide que se anule la condena contra 'El Universo'?
Frente a este caso, sí, porque es garantizar que un periódico sobreviva y que unos periodistas sigan trabajando, pero lo ideal sería que incluyera también su demanda contra el libro El gran hermano. Este es un símbolo de muchos actos contra la prensa. Ojalá el presidente Correa cambie de actitud.
Belisario Betancur decía en sus épocas de presidente que para él era mejor una prensa desbordada que una censurada. ¿Sigue siendo vigente esa premisa?
Prefiero que no sea desbordada. Pero, obviamente, la censura sí sugiere la inexistencia de un régimen democrático.
En Colombia ha habido una lluvia de demandas de calumnia e injuria contra los periodistas para que rectifiquen sus opiniones. ¿Cuál es la posición de Asomedios?
Esta es una causa para una labor pedagógica. Porque a una persona que se siente lastimada en su buen nombre y honra, lo primero que se le pasa por la cabeza es demandar. Pero, afortunadamente, en Colombia ha habido mucho respeto por la libertad de expresión. Hasta donde tengo conocimiento, en época reciente solo ha prosperado una demanda contra un periodista de Fusagasugá, que fue interpuesta por la exgobernadora Leonor Serrano de Camargo, quien ganó en primera instancia. Estamos muy esperanzados en que en segunda revoquen la condena. La Fundación para la Libertad de Prensa apeló y, seguramente, la van a revocar. Afortunadamente, la Corte Constitucional ha sido rigurosa en la aplicación de los estándares internacionales.
¿Y qué pasa con la defensa de quienes creen vulnerado su buen nombre?
La única manera de que haya un equilibrio entre la libertad de prensa y el respeto por el buen nombre de las personas es entendiendo que, a medida que la persona tiene más importancia, más poder y más figuración, se le restringe su posibilidad de que prevalezca su buen nombre sobre la libertad de expresión.
Si es un ciudadano anónimo, que no tiene ningún poder, que es indefenso, tiene una mayor protección. Este es el juego permanente de evaluación que tienen que estar haciendo los jueces, a ver cuál derecho prevalece sobre el otro en cada caso específico. Lo que no es admisible es que jueces, magistrados y funcionarios públicos de altísimo nivel sean los que demanden, porque ejercen una influencia que dificulta que los jueces fallen imparcialmente.
Ha habido un embate continental dirigido por Correa, que desgraciadamente Colombia apoyó, contra la relatoría de la liberad de prensa en la OEA.
La presentación que se hizo fue inteligente porque los cambios que proponen están disfrazados y son de una gran sutileza. Que les den los mismos recursos económicos a todas las relatorías, por ejemplo. Que se rija por un código ético para limitarla en sus visitas a los países y en sus comunicados. Y que sus informes no sean propios, sino que correspondan al informe general de la OEA: eso le resta importancia a la Relatoría. Le mandamos una carta conjunta al Presidente de la República con la Fundación para la Libertad de Prensa y otras organizaciones y nos contestó el Gobierno, a través de la Cancillería, que ellos hacen una defensa vehemente de la libertad de expresión y que no admitirán ninguna reforma que perjudique o limite el campo de acción de la Relatoría.
Pero si ya votamos a favor de hacerlo.
No. Todavía no ha habido una decisión definitiva. Creo que la presión internacional es mucha. Hasta ha habido dos editoriales de The New York Times. ¿Cómo un periódico de esa naturaleza entiende la función de la Relatoría, y Colombia no se vuelve más enfática para que la posición quede clara? Tiene que ser mucho más clara y más fuerte la oposición de Colombia.
¿En Colombia hay libertad de prensa?
Hay libertad de prensa, pero hay riesgos, especialmente en las regiones. Todavía se silencian temas cuando hay mezclas de política y corrupción. El año pasado hubo más de 90 amenazas contra la libertad de expresión. Hay nueve asesinatos de periodistas que se mantienen en la impunidad más absoluta. El año pasado hubo un asesinato de un periodista, Luis Eduardo Gómez, en Arboletes (Urabá), que fue muy triste. Pero sí ha mejorado la situación. El ambiente es de más libertad, la sociedad civil está muy organizada y eso no se da en otros países. Luego, en Colombia pienso que sí hay libertad de prensa, por fortuna.
Hablemos de otros países. Me sorprende que el periodismo mexicano todavía se sienta neutral en medio de la guerra que el Gobierno libra contra el narcotráfico.
No sé si esa sea la tónica del periodismo mexicano. Pero sí están atravesando situaciones muy difíciles por el maridaje entre la política local y el narcotráfico. El año pasado asesinaron a nueve periodistas, uno de ellos con su esposa y su hijo. Tendrán que unirse y fortalecer sus organizaciones. Pero los problemas del periodismo mexicano son más parecidos a los que vivimos en Colombia en los 90 porque los ataques no vienen del Gobierno, sino de la delincuencia común.
En Argentina sí...
Sí. La confrontación entre los medios y la presidenta Cristina de Kirchner es muy grande. A estas alturas del siglo XXI, se han adoptado medidas para controlar la producción, comercialización y distribución del papel periódico, declarado de interés público. Un decreto del Gobierno hasta establece cupos para el papel. La publicidad también se reparte al antojo del Gobierno, por lo que hasta se han creado medios que viven de la publicidad oficial. Es difícil la situación en Argentina. También existen problemas de libertad de prensa en Bolivia y Nicaragua.
Entonces, ¿sigue siendo absolutamente válido que, para saber si en un país hay democracia, lo primero que hay que averiguar es si hay libertad de prensa, como decía Álvaro Gómez?
Totalmente convencida de la validez de ese termómetro.
MARÍA ISABEL RUEDA
Especial para EL TIEMPO





