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Nicolás Maduro, el delfín de Hugo Chávez

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Maduro, el delfín de Chávez

El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, y su canciller y próximo 'vice' Nicolás Maduro, en una Cumbre de Río.

Llega a vicepresidente cuando salud de Presidente es un interrogante.

Detrás o al lado de un presidente Hugo Chávez convaleciente, entre Caracas y La Habana, recibiendo tratamiento para su enigmático cáncer, se veía siempre al canciller Nicolás Maduro. Eventualmente, al hermano Adán, al vicepresidente Elías Jaua, casi nunca al presidente de la Asamblea, Diosdado Cabello, pero a Maduro sí, atento a la mirada del 'comandante', escondiendo alguna emoción tras el alfombroso bigote que define su expresión. (Lea: Chávez mantiene a Maduro como canciller tras nombrarlo vicepresidente).

En esas fechas aciagas, ante las lagunas informativas sobre la condición real del mandatario, la búsqueda de un relevo se impuso en la agenda política venezolana y Maduro se vio catapultado ante la opinión pública como el posible receptor del cetro revolucionario en caso de un desenlace fatal. Por muchas razones, aquel joven chofer de Metrobús, que tenía 29 años cuando el teniente coronel Hugo Chávez protagonizó el intento de golpe de Estado y a quien comenzó a frecuentar cuanto este estaba en la cárcel, alcanzó el año pasado la confianza total del Presidente, que lo recompensó esta semana -pasadas las turbulencias de la campaña y la reelección- con la vicepresidencia, aunque ayer también lo confirmó como ministro de Relaciones Exteriores.

Aunque su falta de preparación formal académica es blanco de críticas, Maduro no es un novato sorprendido por la política. De su época como trabajador sobresalen sus primeras inquietudes. Fue uno de los fundadores del Sindicato del Metro de Caracas, que luego canalizaría directamente como parte de la 'revolución bolivariana' al ayudar a la fundación del primer partido liderado por Chávez, el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200, y su primer movimiento sindical, la Fuerza Bolivariana de Trabajadores. Su comprometida militancia le valió la candidatura y elección para formar parte de la asamblea constituyente que elaboró la Constitución de 1999 y, un poco más tarde, el que fue el partido oficial durante los primeros años de gobierno, el Movimiento Quinta República.

Por esa tolda fue diputado entre el 2000 y el 2005 y en la arena parlamentaria comenzó un ascenso meteórico al lado de su esposa -y también diputada, Cilia Flores-, al encargarse esencialmente del tema sindical y coordinar la bancada oficialista y las actividades del partido en zonas muy populosas de Caracas, como El Calle, Coche y Catia. Fue de los primeros en regresar al palacio de Miraflores, cuando el breve golpe de Estado del 2002, en ropas deportivas, que le quedaban cortas y que sugerían haber salido de un escondite apenas supo que el comandante podría regresar. Y allí estaba cuando volvió. Nunca colgaba su chaqueta marrón y unos jeans, aunque el calor de la ciudad alcanzara los 35 grados. Era de los chavistas más accesibles, de los pocos que no tenían aversión a la prensa, sencillo en sus declaraciones, incluso, candoroso.

Todo eso terminó en el 2006, cuando fue llamado a ser el ministro de Relaciones Exteriores, uno de los nombramientos más sorprendentes del presidente Chávez. A su pinta sindical le llegó la hora de los trajes y las corbatas. Al militante se sobrepuso el ministro reservado que trabajaba día y noche cerca del Presidente, incluso en horas imposibles, apoyado muy de cerca por el entonces embajador de Cuba en Venezuela, Germán Sánchez Otero, de quien obtuvo toda la información para mantener al día las relaciones simbióticas con La Habana.

Hoy se dice que su nombramiento como Vicepresidente cuenta con el mayor de los beneplácitos en la isla.

En cuestión de meses acomodó su verbo y se convirtió en el embajador del presidente Chávez ante el mundo, usando casi sus mismas palabras y representando su figura en situaciones delicadas.

Desde entonces, contra todo pronóstico, se convirtió en el ministro que ha durado más tiempo y, hasta ahora, en el único que ha logrado mayor poder dentro del chavismo sin aparentar que le importe demasiado. Quizás por eso el Presidente, ante la insistencia de un periodista sobre algún relevo en la revolución, respondió: "¿Quieres que te diga alguien? Bueno, ahí tienes a Maduro".

Jaua quiere gobernación

El vicepresidente de Venezuela, Elías Jaua, inscribió su candidatura a la gobernación del estado Miranda (norte) y se medirá en las regionales de diciembre con el opositor Henrique Capriles, que buscará su reelección tras perder las presidenciales.

VALENTINA LARES MARTIZ
Corresponsal de EL TIEMPO

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