¿Qué es lo que piden los brasileños frente a la situación de Temer?

¿Qué es lo que piden los brasileños frente a la situación de Temer?

Hay hastío por denuncias de corrupción que envuelven casi todos los ámbitos de la política del país.

Temer

El presidente brasileño, Michel Temer (c), fue acusado de soborno por la Fiscalía ante el Tribunal Supremo. Las denuncias fueron calificadas por el mandatario como "ficción".

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Reuters

29 de junio 2017 , 09:54 a.m.

Es tanto el hastío que siente el pueblo brasileño por la situación de la clase política de su país, envuelta casi toda en escándalos de corrupción, que surgió hace un tiempo una propuesta, descabellada a todas luces, pero que tuvo cierta acogida en algunas personas que no encontraron una solución pragmática u otra alternativa para depurar a la clase dirigente.

Se trataba de volver a la monarquía. Tal vez un delirio. El último emperador que tuvo Brasil fue Pedro II de Portugal, quien fue expulsado de tierras suramericanas en 1889, luego de haber gobernado por cerca de 49 años. Después vino la democracia, las dictaduras, la democracia otra vez y la corrupción.

La propuesta, si bien es coyuntural referenciarla hoy día, no es nueva. De hecho, la causa monárquica en Brasil recogió cerca de 7 millones de votos en 1993, una cifra nada despreciable, cuando en un referendo se le preguntó al pueblo por el tipo de gobierno que preferían. Sin embargo, es en estos momentos cuando la situación parece abrir un espacio para esta causa. Incluso, uno de sus promotores es Dom Bertrand, descendiente directo del último emperador, algo así como su tataranieto.

Dilma

Michel Temer fue la fórmula vicepresidencial de Dilma Rousseff (d) en el 2014 y asumió el poder luego de que esta fue destituida por maquillar cuentas públicas.

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AFP

Pero esto es solo una forma de ilustrar el sentimiento en las calles brasileñas, la impotencia y las ganas de un cambio radical. Todos los días aparecen en los noticieros, periódicos y demás medios al menos una noticia que vincula a algún servidor público o político en ejercicio con el caso LavaJato.

Y, como si fuera poco, los titulares de los últimos meses los ha acaparado el presidente brasileño, Michel Temer, acusado de corrupción, de soborno, de recibir dineros ilegales para la campaña de 2014, en la cual fue la fórmula vicepresidencial de Dilma Rousseff. Pero tal vez las denuncias no hastían tanto como las declaraciones que el mandatario ha dado para defenderse.

De hecho, el martes calificó de "ficción" la denuncia de corrupción que hizo la Fiscalía en su contra ante el Tribunal Supremo Federal. Y ha insistido, en más de una ocasión, que no renunciará, pese a los pedidos, incluso de la misma clase política brasileña, para que lo haga.

Los sindicatos a la calle

Como si fuera poco, los sindicatos se lanzaron a las calles por varias semanas para protestar contra la reforma laboral que el presidente Temer quiso tramitar en el Congreso. La polémica se basaba, principalmente, en la flexibilización de las leyes del trabajo, lo cual implicaba que lo acordado entre empleador y empleado primaba sobre la legislación general.

Protestas

Los sindicatos salieron a las calles en Brasil para protestar contra la reforma laboral que el presidente Temer trató de impulsar en el Congreso.

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EFE

Según los sindicatos, eso favorecía a que ciertos beneficios que estaban estipulados en la ley fueran reducidos ante un eventual acuerdo entre las partes. El gobierno, por su parte, justificó estas medidas con el argumento del ajuste económico, que busca impulsar nuevamente la economía brasileña y sacarla de la recesión que ha sufrido por varios años, además de incentivar la inversión extranjera.

La reforma fue aprobada en la Cámara de Diputados, pero finalmente se cayó en el Senado, a pesar de que el mandatario contaba con una mayoría cercana al 60 por ciento de los Congresistas, lo que dejó entrever las posibles fisuras que hay dentro de su propio partido. Incluso, el director de la colectividad de Temer, Renan Calherios, le sugirió al jefe de Estado a finales de mayo que debía dejar su cargo.

Cunha

El expresidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, promovió la destitución de Rousseff y luego fue condenado a 15 años de prisión por estar involucrado en el caso Lava Jato.

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EFE

Pero la situación es compleja. Es más, Calherios fue denunciado por el fiscal general de Brasil, Rodrigo Janot, en diciembre del año pasado, por estar involucrado en el caso Lava Jato. Y así pasa con muchos. Y así ha pasado durante ya bastante tiempo. Un ejemplo es el caso del expresidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, quien promovió la destitución de Rousseff como cabeza de esa corporación y luego fue condenado a 15 años de cárcel por estar involucrado en el caso Lava Jato.

No hay por dónde escoger

Eso es precisamente lo que tiene al pueblo brasileño hastiado de la clase política brasileña. El Senado y la Cámara de Diputados, los encargados de llevar a cabo un eventual juicio político contra Temer por las denuncias de corrupción, están llenos de legisladores que también son investigados por la Fiscalía y también por la misma causa corrupta.

Janot

El fiscal general de Brasil, Rodrigo Janot (foto), acusó a Temer ante el Tribunal Supremo por intentar comprar el silencio de un exdiputado, en el marco del caso LavaJato.

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REUTERS

Incluso una de las preguntas que ronda por los pasillos de las instituciones gubernamentales y las calles de las distintas ciudades brasileñas es: si Temer cae, ¿quién tomaría la presidencia? Cuando Roussef fue destituida, era claro que su vicepresidente tomaría las riendas del país. Ahora no es así. 

Se sabe que si se aprueba la destitución, Temer quedaría apartado del cargo por 180 días y el encargado de reemplazarlo, por los primeros 30, sería el presidente de la Cámara de Diputados, Rodrigo Maia. Y, en ese tiempo, el Congreso, ese mismo que está llenó de diputados investigados por corrupción, sería el encargado de nombrar a la persona que terminaría el mandato que comenzó Dilma Roussef y que concluye en el 2018.

Maia es el más opcionado para asumir ese rol, es decir, que el Legislativo eventualmente prolongaría los 30 días hasta que el nuevo presidente que se elija en las presidenciales del otro año tome posesión. El problema, sin embargo, es que Maia también es investigado por corrupción, lo que puede significar más escándalos y revelaciones si este llegara al poder.

El hastío es evidente y las soluciones no se ven por ninguna parte. Por eso, algo tan descabellado como volver a la monarquía resulta ser, en medio de tanto caos y corrupción, una posible salida.

*Con información de Efe y AFP

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