Los días cuando Colombia y Perú estuvieron cerca de una segunda guerra

Los días cuando Colombia y Perú estuvieron cerca de una segunda guerra

Cables desclasificados de la CIA revelan que en 1949 preparaban una ofensiva militar en la frontera.

Los días en que Colombia y Perú estuvieron cerca de una segunda guerra

El presidente Enrique Olaya (Izq.) y el general Alfredo Vásquez Cobo, los héroes de la guerra contra Perú.

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EL TIEMPO

04 de abril 2017 , 05:33 p.m.

Tres lustros después de terminada la guerra en la que Colombia confirmó su soberanía sobre Leticia ante Perú, los dos países estuvieron al borde de tener un segundo conflicto bélico. Eso es lo que revelan documentos desclasificados de la CIA que recogen reportes de la embajada de los Estados Unidos en Bogotá desde febrero hasta junio de 1949.

El ‘florero de Llorente’ de esa discordia fue el asilo político concedido por Colombia al líder peruano Víctor Raúl Haya de la Torre, fundador de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (Apra) en 1924 y opositor del régimen militar peruano.

Según los cables, militares colombianos estaban listos para pasar a la ofensiva en la frontera si el gobierno del general Manuel Odría se atrevía a tomarse la embajada en Lima, donde vivió como refugiado Haya de la Torre durante cinco años.


La amenaza de un asalto a la sede diplomática era latente, al punto de que durante el tiempo en que el político peruano estuvo allí, el sitio estuvo rodeado de francotiradores a la espera de la orden de fuego del general Odría. Este hecho puso de inmediato a la defensiva al Gobierno colombiano.

El primer reporte, que data del 28 de febrero de 1949, dice que “Mariano Ospina, presidente de Colombia, sostuvo una reunión secreta con el Ministro de Guerra y miembros de las Fuerzas Armadas colombianas en la que se estableció el plan para invadir Güepí, Perú, desde Leticia, Colombia, si el Gobierno peruano llegara a violar la inmunidad diplomática de la embajada colombiana en Lima en un intento de apoderarse de Haya de la Torre”.

El caso de asilo al fundador del Apra, quien fue uno de los líderes más importantes de Perú, es uno de los más conocidos en el tema de conflictos diplomáticos y refugiados políticos en Latinoamérica. El 3 de enero de 1949, Haya de la Torre pidió resguardo en la embajada de Colombia por la persecución que venía sufriendo por parte del general Manuel Odría, quien había llegado a la Presidencia del Perú un año antes, tras un golpe de Estado, y declaraba que Haya incitaba a manifestaciones en su contra.

Hasta donde se sabía, la tensión solo había llegado a nivel político entre ambos países por este caso. De hecho, el historiador Enrique Santos Molano no recuerda que en ese momento se hubiera dado una movilización militar.

“Hubo una enérgica protesta del Gobierno colombiano y una reiteración de que se mantenía el derecho de asilo y de que, en caso de que se intentara un asalto a la embajada, habría un rompimiento de relaciones con todas sus consecuencias –sostiene–. Pero de movilización de fuerzas militares no hubo noticia”. De hecho, la hermandad entre los dos países, luego de los hechos del Amazonas, es considerada un ejemplo en la región.

Sin embargo, los nueve documentos desclasificados de la CIA hablan de la acomodación de tropas colombianas en la frontera amazónica, de una posible alianza militar entre Colombia y Ecuador contra Perú y de un supuesto intento de retaliación por este último país.

Para principios de marzo del 49, de acuerdo con los reportes secretos de la embajada, el Gobierno colombiano enviaba constantemente “refuerzos de grupos motorizados y de infantería” a la frontera colombo-peruana. También, armas y suministros a la base aérea de Tres Esquinas, en Caquetá, “y a otras ciudades en la porción central de Colombia que están preparadas para un ataque en la frontera”. “Tres B-25 completamente equipados y siete P-47 (aviones Boing y Thunderbolt, respectivamente), de los cuales tres están armados, serán localizados en Villavicencio. Dieciséis AT-6 (North American T-6 Texan), con armas montadas en sus asientos traseros, serán localizados en Neiva”, reporta el cable del 3 de marzo de 1949.

El despliegue de militares por el sur del país se estaba dando en respuesta al rechazo del Gobierno peruano de garantizarle el salvoconducto a Haya de la Torre para que saliera de su territorio. El 4 de marzo, la Oficina de Relaciones Exteriores de Colombia presentó una nota como objeción a la negación del salvoconducto, y cuatro días después el mismo Odría pronunció un encendido discurso en Lima en el que fustigó a Colombia y aseguró que para Haya solo podía haber cárcel.

Posible alianza militar

De acuerdo con los documentos desclasificados, desde febrero de ese año el entonces presidente, Mariano Ospina, no solo mantenía reuniones con miembros del Ministerio de Guerra colombiano, sino también con el presidente de Ecuador, Galo Plaza Lasso, para discutir una “posible alianza militar” frente a una eventual ofensiva del Perú.

En un documento del 16 de marzo se afirma que el Presidente de Ecuador, después de su regreso de Bogotá, le contó a un amigo cercano que había discutido “una alianza militar secreta con el Presidente de Colombia”. Según el reporte recibido en Washington, Ospina llegó a decir: “Las dificultades entre Colombia y Perú solo puede ser arregladas a la fuerza, y como Perú es enemigo común de Ecuador y Colombia, los dos países deberían unirse en este asunto”. El Presidente de Ecuador, agrega el reporte, se comprometió a analizar la idea de la coalición.

Tras el regreso de Plaza a su país, reportó la embajada, “varios miembros del staff general de las Fuerzas Armadas de Ecuador se encontraron en privado con el Ministro de Defensa (Manuel Díaz Granados), con el propósito de alentar al Ministro a que prevalezca sobre el Presidente para discutir tal alianza con Ospina Pérez”.

El 16 de marzo, los diplomáticos norteamericanos en Bogotá reportaron la “aprobación” por el Partido Conservador ecuatoriano “de conversaciones sobre tratados entre los dos presidentes”. Rafael Florencio Arizaga, quien para entonces era el líder de este partido, sostuvo que su coalición “había tomado una postura a favor de la autorización de Plaza para discutir la alianza militar con Colombia”, pero que bajo ninguna circunstancia se le permitiría concluirla o firmarla sin primero cumplir con los requisitos constitucionales.

Perú decidió llevar el caso Haya de la Torre a la Corte Internacional de Justicia en abril de 1949. Un cable fechado el 8 de ese mes reportó que ese paso “ha disminuido la tensión en Colombia”, al punto de que el Gobierno colombiano “dio órdenes a la Fuerza Aérea para abandonar la frontera”, aunque en el terreno permanecerían fuerzas adicionales de infantería. Pero esto no marcó el fin de la estrategia militar.
Mientras esto pasaba entre Bogotá y Lima, en Quito la actividad era intensa. El ministro ecuatoriano de Defensa, Díaz Granados, le ofreció a Colombia entregar información de inteligencia sobre los movimientos peruanos.

Pero la ayuda no era desinteresada, pues, según los mismos cables, el deseo de Ecuador de tomar un papel activo en la disputa “podría ser una oportunidad para eventualmente realizar un reajuste en los límites acordados de su frontera en 1942 (Protocolo de Río de Janeiro)”.

A mediados de mayo, Díaz recibió información de que los peruanos estaban fortaleciendo sus guarniciones a lo largo de la frontera con su país y que además estaban “planeando acciones militares contra Colombia”. La ofensiva, según la información, estaba calculada para junio, “cuando el factor estacional pueda ser más favorable”.

Su reacción fue designar una comisión a cargo de los tenientes coronel César Alfaro, Carlos Patiño y Ernesto Villacis, del equipo general del Ejército de Ecuador, para que fueran a la frontera a investigar sobre el terreno.

En junio, Díaz informó que se había efectuado el arresto de cinco soldados peruanos cerca de la zona de Tulcán. “Tres ingenieros y dos oficiales de la Fuerza Aérea estaban sin duda envueltos en espionaje en la medida en que fueron encontrados con muchos documentos de carácter topográfico. Los documentos, junto con los peruanos, fueron entregados a autoridades colombianas al momento del arresto”, relata el cable de la Embajada en Bogotá.

Con todo esto, los mismos documentos de la CIA retratan que la amenaza militar fue ocultada a la opinión pública y que los medios de comunicación de la época no documentaron la tensión durante esos seis meses.
“A pesar de los rumores alarmantes de los ataques en la embajada de Colombia en Lima, la prensa colombiana y el público están en extrema calma”. Y en otro documento se afirma que “la prensa colombiana ha dado mucha publicidad a la actitud peruana, pero se ha abstenido de mencionar las actividades militares colombianas”.

Después de este hecho no hay más documentación sobre el conflicto militar que casi termina en una segunda guerra entre Colombia y Perú. Finalmente, la embajada colombiana en Lima nunca fue atacada, y el fallo de la Corte Internacional de Justicia salió un año después.

Aunque el fallo del 20 de noviembre de 1950 de la CIJ reconoció el carácter de asilado político de Haya de la Torre, dejó a ambos países más enredados: Colombia no estaría obligada a entregar al refugiado, pero Perú tampoco tenía la obligación de entregar el salvoconducto. La discusión para resolver este embrollo duró cuatro años.

“Luego de un extenuante proceso jurídico y diplomático, los representantes colombianos, Alberto Zuleta Ángel y Carlos Sanz de Santamaría, y los peruanos, Hernán Bellido y David Aguilar Cornejo, celebraron un convenio en Bogotá, el 23 de marzo de 1954, que permitió solucionar satisfactoriamente la situación existente”. Así lo documentó el embajador de Perú en Colombia, Harold Forsyth, en un artículo que escribió para EL TIEMPO el 6 de abril del 2004.

El 7 de abril de 1954 pasaría lo que Víctor Raúl Haya de la Torre esperó durante cinco años y tres meses: salió del encierro rumbo a suelo mexicano, donde vivió por tres años. En 1957, ya con Odría fuera del poder, volvió a Perú. En 1962 ganó la presidencia, pero un golpe militar no permitió que la izquierda tomara el poder en ese país. Murió en 1979.

La confrontación por el Amazonas duró 2 años

A mitad de su mandato, el presidente Enrique Olaya Herrera recibió la noticia de un asalto a Leticia por tropas peruanas.

La madrugada del 1.° de septiembre de 1932, un grupo de peruanos, en cabeza del alférez Juan de la Rosa y el ingeniero Oscar Ordóñez, se tomaron a la fuerza esta población bajo el reclamo de supuesta soberanía sobre este territorio, que ya había sido resuelto a favor de Colombia 10 años antes con el Tratado Salomón-Lozano.

Los respaldó el presidente peruano de ese entonces, el general Luis Miguel Sánchez Cerro, quien enseguida oficializó reclamos por el territorio de Putumayo y Amazonas.
Aunque Colombia se enfrentaba a la trayectoria militar que tenía Perú, entre febrero y marzo de 1933, bajo el liderazgo del general Alfredo Vásquez Cobo, logró dar golpes certeros en el puerto de Tarapacá, en la guarnición de Güepí y Puca-Urco, en la ofensiva para recuperar el territorio tomado por los peruanos.

Esto cambió el curso de la guerra, que se resolvió por vía diplomática después del asesinato de Sánchez Cerro. Con el general Óscar Benavides, quien lo sucedió, se logró llegar a un acuerdo, y el 24 de mayo de 1934 se firmó el Protocolo de Río de Janeiro, con el que se ratificó el tratado que ya establecía los límites entre ambos países.

LAURA CAROLINA ÁVILA CORTÉS
Especial para EL TIEMPO

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