Kathi Lynn Austin, la mujer que cazó al 'mercader de la muerte'
Por: SERGIO GÓMEZ MASERI | 12:05 a.m. | 12 de Febrero del 2012
Kathi Lynn Austin fue recogiendo pruebas de las actividades ilegales de Víctor Bout en África.
Foto: Archivo particularSiguió por años a uno de los mayores traficantes de armas del mundo, proveedor de las Farc.
Washington. Durante los últimos 20 años, Kathi Lynn Austin, oriunda del sur de los Estados Unidos, ha estado recorriendo las cuatro esquinas del planeta dando cacería a los traficantes de armas más peligrosos del mundo y documentando un millonario negocio que vive de alimentar conflictos en África, América Latina, Asia y Oriente Medio.
De hecho, fue su trabajo lo que permitió acorralar al ruso Víctor Bout, el llamado 'Mercader de la muerte', que fue capturado en Tailandia en el 2008 y hallado culpable el año pasado, en Nueva York, por intentar apoyar a un grupo terrorista: las Farc.
Lynn, que trabajó con Naciones Unidas por varios años, es directora ejecutiva de la organización Conflict Awareness Project y acaba de recibir el premio Arms Control Person of the Year por su trabajo en este campo.
La Paramount ya se hizo con los derechos de la historia de esta valiente mujer y prepara una película en la que ella y Bout serán los protagonistas. Y el rol de Lynn sería interpretado nada menos que por Angelina Jolie. EL TIEMPO conversó con esta 'cazadora' de traficantes de armas.
¿Cómo es que una mujer como usted, que creció en en una zona rural de EE. UU. y que tenía un grupo musical con sus hermanos que tocaba en iglesias, termina persiguiendo a peligrosos traficantes de armas en en cuatro continentes?
Cuando era niña vivíamos viajando de un lado a otro y nos mezclábamos con gente de todo tipo, de todos los estratos. Crecer en ese ambiente me preparó, pero lo que más me motivó fue lo que vi durante esos viajes. Mucha pobreza, mucho racismo en este país, especialmente en el sur. Mi familia no era política, pero sí tratábamos de ayudar a los más necesitados y cruzar esas barreras raciales con nuestra música. Lo que vi me horrorizó.
Pero de allí al mundo de las armas hay un gran tramo...
Quería salir al mundo para hacer el bien, algo que viene de la Iglesia bautista. Pero en la universidad me volví más política y me involucré de lleno en el movimiento contra el Apartheid en Sudáfrica. Cuando acabé mis estudios fui a Washington a trabajar como practicante en los National Security Archives y mi primer trabajo fue en el escándalo Irán-Contras: ahí pude entender cómo funcionó una de las más grandes operaciones ilícitas de tráfico de armas. Luego me concentré en África, porque a esta zona del mundo no se le prestaba tanta atención como a Nicaragua o Afganistán. Mi primer viaje fue a Angola en 1989, para mirar las operaciones encubiertas de EE. UU. y su apoyo a los rebeldes de la Unita; todavía reinaba la mentalidad de la Guerra Fría. Allí me di cuenta de que las guerras funcionan por pura logística. Cómo llegan las armas, el combustible y otras cosas a un país o a las manos de un grupo y cómo se paga por ellas. Cómo se usan las drogas, el oro, el marfil como métodos de pago y cómo se camuflan esas transacciones.
Su trabajo es a todas luces peligroso. ¿Nunca ha temido por su vida?
Es como ser corresponsal de guerra. He estado al frente de milicias armadas, en medio de conflictos, en accidentes aéreos. Me han amenazado de muerte muchas veces. Por fortuna, nada ha pasado.
¿Cuándo 'descubre' a Víctor Bout?
Durante la Guerra Fría eran los gobiernos los que armaban a las partes. Pero cuando esta acaba y ellos se retiran, quedan los intermediarios, que antes eran rivales, pero ahora se vuelven socios, y se convierten en los grandes empresarios de la guerra. Me topé con Bout la primera vez mientras trabajaba para Human Rights Watch monitoreando el embargo de armas en Ruanda durante el conflicto. Estuve ocho meses en el terreno, entre 1994 y 1995. Hice un reporte sobre todas las entidades privadas que violaban el embargo. Y su nombre comenzó a aparecer en las transacciones. Era todavía uno más entre varios que se querían meter en el negocio. A finales de los 90 ya había construido un imperio: primero en el centro de África y luego en el norte.
¿Cómo ayudó usted en el proceso que llevó a su captura?
Yo recolecté la evidencia de su crecimiento a lo largo de todo este período, por casi 15 años. Y la llevé ante los gobiernos con la idea de que la usarían en su contra. Y si bien fue importante y la usaron como inteligencia, no actuaron. Y dado que los gobiernos no actuaban, fue la ONU, donde trabajé, la que llenó ese vacío. Estuve en dos misiones, en el Congo y en Liberia. Allí recolectamos evidencia sobre sus actividades. Eso condujo a que lo pusieran en la lista de personas sancionadas por tráfico. Aunque los gobiernos tampoco actuaron en ese momento, se generó tal presión interna en EE. UU. que finalmente la DEA, actuando en solitario, planeó la operación que condujo a su captura. Y aunque yo no participé en esa operación, mi trabajo ayudó, pues le dio valiosa información sobre cómo operaba y cuáles eran sus redes.
Bout cayó pensando que estaba haciendo negocios con las Farc, cuando en realidad eran agentes de la DEA. ¿Le sorprendió que se dejara engañar de esa manera?
La gente se va confiando con el paso de los años. Además, él ya había tenido negocios con las Farc. Fueron sus aviones los que se usaron para entregar ese cargamento de armas que luego se rastreó hasta Vladimiro Montesinos en Perú. Yo documenté todo ese caso y lo llevé a las autoridades. Lo que me molesta es que en el juicio que se realizó en Nueva York no se usó nada de esta evidencia ni tampoco nada de sus actividades en África. Las autoridades decidieron usar solo lo relacionado con el engaño de la DEA, pues dado que las Farc son un grupo terrorista, eso fue suficiente para condenarlo. Pero al ignorar todo lo demás, se perdió la oportunidad de marcar un precedente para futuros casos, así como la oportunidad de que cientos de víctimas pudieran reclamar indemnizaciones. Bout tiene miles de millones en activos congelados, pero nada de eso puede usarse para reparar a las víctimas. Estoy feliz por que lo hayan condenado, por que lo hayan sacado del negocio. Pero no progresamos mucho a la hora de enfrentar el tráfico ilegal de armas.
Ahora se sabe que Bout tuvo negocios hasta con el Gobierno de EE. UU. cuando ya era conocido como el 'Mercader de la muerte'. ¿Cómo fue eso posible?
Durante las guerras de Afganistán e Irak, el Gobierno necesitaba entregar armas y recursos. Y Bout no solo tenía la infraestructura, sino que ofrecía el servicio más barato. Lo increíble es que por las sanciones de la ONU, el Departamento del Tesoro tenía bien documentadas cuáles eran sus compañías. Aún así, el Pentágono hizo negocios con él. Peor aún, George Bush firmó una orden ejecutiva prohibiendo cualquier negocio con su entorno, pero el Pentágono decidió ignorarla. Y hasta hoy a nadie se ha castigado por eso.
¿En dónde compran las armas los grupos irregulares en Colombia?
Estuve un buen tiempo en el norte de Colombia monitoreando las armas que entraban por Panamá y el río Atrato. Hay tres redes criminales muy similares a las Bout. Dos rusas y una israelí, que operan en Centroamérica y Suramérica. Hay enormes cantidades de armas de la época de la Guerra Fría que aún siguen flotando por el mundo. También llegan vía Venezuela.
¿Y frente a eso qué se está haciendo?
Hay esfuerzos para negociar este año en la ONU un tratado sobre tráfico de armas, específicamente sobre las transferencias de armas entre Estados que luego se filtran a grupos irregulares. Necesitamos leyes para poder criminalizar estas acciones.
¿Y cómo va la película?
Avanzando, al igual que el libro que estoy escribiendo: La espía no oficial. Pero ahora esperamos el resultado final del juicio a Bout, que recibirá sentencia el 12 de marzo. Él es un personaje central en ambos proyectos.
SERGIO GÓMEZ MASERI
Corresponsal de EL TIEMPO





