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La dura lucha de los disidentes en el mundo sigue latente

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Foto: Archivo / EL TIEMPO

Pese a que algunos casos trascienden por protestas masivas o denuncias de otros países, la mayoría se queda en la total impunidad.

Solo Amnistía Internacional tiene 45.000 casos registrados de todos los continentes. Pero los perseguidos por su forma de pensar son muchos más.

  • 'La libertad de los presos políticos es nuestro objetivo fundamental', dice Laura Pollán
  • Según Ramiro Bejarano, la represión a la disidencia es un fenómeno global
  • Fabián Sanabria asegura que 'la represión a la disidencia se produce por su desconocimiento'

La Policía llegó temprano, casi a la madrugada del jueves, para sacar de sus casas a 20 personas 'señaladas' por su manera de pensar. Tras pasar varias horas en dependencias judiciales de La Habana, la mayoría de los arrestados fueron puestos en libertad.

La masiva operación se produjo apenas horas después de que el gobierno de Cuba anunció que "no tolerará las provocaciones y acciones ilegales" de la disidencia en la isla.

Aunque se cuentan por miles y están presentes en más de 45 países, los presos de conciencia permanecen inadvertidos, no solo ante los gobiernos más poderosos e influyentes del mundo, sino ante sociedades enteras que los vieron perseguidos, exiliados o encarcelados por promover formas alternativas de pensamiento.

Tan solo en los registros de Amnistía Internacional hay más de 45.000 casos. Pero nadie se atreve a precisar con certeza cuántos hay hoy en las cárceles del mundo.

Según el abogado y columnista Ramiro Bejarano, existe una tendencia casi global a suprimir toda posibilidad de oposición o de criterios adversos a los lineamientos de gobierno. "Los gobernantes, inclusive algunos muy demócratas, cuando suben al poder se molestan con la crítica y las opiniones contrarias. Eso pasa en todos los gobiernos, terminan veladamente persiguiendo a sus críticos".

Esta tendencia se aprecia en países como Cuba, donde las organizaciones de derechos humanos a menudo enfrentan duras acusaciones por parte del gobierno, como ocurre con las Damas de Blanco, una ONG conformada por las esposas, madres, hermanas y otras familiares de los presos de conciencia de la ola represiva del 2003.

Según lo explicó a EL TIEMPO su directora, Laura Pollán, pese a que han sido señaladas como 'un riesgo para la seguridad del Estado', las Damas de Blanco no pretenden lograr cambios diferentes al indulto de sus esposos y familiares presos.

"No somos políticas, tenemos un objetivo fundamental que es la liberación de todos los presos de conciencia. Si eso es oponerse al régimen, pues entonces somos opositoras. Pero la realidad es que no tenemos preferencia por ninguna ideología", afirmó.

La represión a la disidencia, afirma Fabián Sanabria, decano de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional, es opuesta a los ideales de toda democracia. "La democracia es para hablar con el otro y construir las excepciones, no para vivir en un estado de consenso totalitario, que además es falso".

Ese fenómeno también está presente en otros muchos países, como China, Birmania, Pakistán, etc, en donde los contradictores políticos han sido perseguidos, exiliados y, en muchos casos, encarcelados, por difundir ideas contrarias a las de los regímenes gobernantes.

El reporte del 2008 de Amnistía Internacional indica que tanto Unión Europea como Estados Unidos han contribuido a que estos 'agravios' sigan ocurriendo en el mundo, pues ambas potencias, y supuestamente los faros de la democracia a nivel mundial, son proclives, dependiendo de sus intereses del momento, a una doble moral. La historia está llena de ejemplos, pero baste con recordar que el régimen de Saddam Hussein era un 'protegido' de E.U., tal como lo es hoy el de Pakistán.

'Los cambios de Raúl son cosméticos'

José Gabriel Ramón Castillo, más conocido en Cuba como 'Pepín', es un periodista independiente y disidente exiliado en España que fue liberado recientemente por el régimen de los hermanos Castro, tras cinco años de prisión. Más de 200 presos de conciencia permanecen privados de la libertad en la isla, por crímenes contra la seguridad del estado. EL TIEMPO habló telefónicamente con él.

¿Qué fue la llamada 'Primavera Negra' para la disidencia cubana?

En el 2003, el gobierno cubano encarceló a 75 disidentes. Algunos éramos periodistas, los otros: activistas políticos y de derechos humanos, sindicalistas, pedagogos, médicos independientes... es decir, toda una representatividad de lo que es la naciente sociedad civil en Cuba. A todos nos encarcelaron por la simple y sencilla razón de tener un criterio alternativo y de proponer y promover cambios pacíficos hacia la democracia.

¿Cómo fue su experiencia en la cárcel?

Fue muy dura. Y fue mi segunda prisión política. Fuimos sometidos a un riguroso régimen, confinados en celdas de castigo, totalmente aislados, sin ningún derecho a recibir información, ni radio, ni libros ni periódicos. Lo único que se podía leer era la Biblia (...) Te cogían entre cuatro carceleros y te daban una paliza. También había tortura sicológica.

¿Cree que con el gobierno de Raúl Castro podría haber un cambio?

De momento son cambios cosméticos. Lo que ha ocurrido es que había una serie de prohibiciones absurdas, como que el cubano no tenía derecho a tener un teléfono móvil, una computadora, o un DVD. Lo que se hizo fue quitarle un poco las ataduras a la sociedad para que esas prohibiciones no incitaran rebeliones espontáneas.

¿Ve posible una transición en Cuba?

Para que en Cuba se produzca la transición tiene que darse irremediablemente algo que todavía no existe: el ciudadano. Sin aquella persona, con los valores cívicos y democráticos y una cultura de cambio, es muy difícil que en Cuba se produzca la transición.

JORGE MENDOZA
PARA EL TIEMPO

'En Birmania se vive con mucho miedo'

Sann Aung es miembro del Consejo de Ministros de la Coalición Nacional del Gobierno birmano, organización que actúa como gobierno en el exilio de Birmania. Desde Bangkok (Tailandia), Aung se ha convertido en una de las voces más respetadas de la disidencia birmana. EL TIEMPO habló con él Bangkok.

Luego del ciclón Nargis, el mundo vio con sorpresa cómo Birmania condicionaba la entrada de ayuda extranjera. ¿Cree que la presión internacional aumentará tras la catástrofe?

Esperamos que haya quedado todavía más claro que la Junta Militar es un régimen asesino. Hay que presionar a China para que deje de apoyar a la Junta Militar.

¿Todo depende de China entonces?

Sí, todo acabará cuando los generales se queden sin apoyo. Las peores dictaduras asiáticas siempre han tenido el respaldo de una gran potencia y cuando esta les retira el apoyo, caen por su propio peso. Pasó en Filipinas, en Indonesia, etc.

¿Y es eso probable en estos momentos?

Quizá sea un buen momento, porque China tiene ahora el problema del Tíbet y las Olimpiadas cerca y es más sensible a las críticas.

¿La emergencia por el ciclón frenó la represión interna, continúa?

Hemos sabido de actos intimidatorios, casa por casa. Hace dos meses encarcelaron a varios disidentes y van a seguir así si la comunidad internacional no nos ayuda.

¿Hay alguna voz crítica dentro del Ejército, dentro del propio régimen?

Las amordazan rápidamente. Es una de las dictaduras con más purgas internas del mundo.

¿Y entre los soldados de a pie?

Los soldados, por lo general, sobre todo en los rangos más bajos, también quieren que este régimen acabe, pero la maquinaria del miedo es muy fuerte y nadie se atreve a dar el paso. En Birmania se vive con mucho, mucho miedo.

ÁNGEL VILLARINO
PARA EL TIEMPO
BANGKOK

 

 

 

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