Lima llamó a consultas a su embajador en La Paz, el tema fue notificado a la OEA y ya se está pensando en la mediación de algún país latinoamericano, para que el asunto no llegue a mayores.
Y es que aunque el enfrentamiento se ha limitado por ahora a las palabras, algunas de ellas han sido sumamente agresivas. El presidente Evo Morales llamó a su homólogo peruano, Alan García, "gordo y poco antiimperialista". Y, a su turno, García mandó a callar al presidente boliviano recurriendo a la famosa frase del rey Juan Carlos de España.
Esta semana la disputa subió de tono considerablemente luego de que Evo Morales aseguró que el gobierno de Lima iba a permitir la instalación de bases militares de E.U. en su territorio y llamó a los peruanos a "resistir" esa decisión y a "expulsar" a los estadounidenses.
Pero esta guerra verbal viene de tiempo atrás. Morales la inició cuando acusó a Perú y a Colombia de querer excluir a Bolivia de las negociaciones para un Acuerdo de Asociación con la Unión Europea (UE), y aseguró que esa pretensión pondría fin a la Comunidad Andina de Naciones.
Luego, el mandatario boliviano agravó la situación al afirmar que Perú, actuando a instancias de la CIA, había solicitado la extradición del ex asesor de la presidencia boliviana Walter Chávez, un peruano vinculado al Movimiento Revolucionario Túpac Amaru, y que la justicia de su país reclama por terrorismo.
A juicio del investigador Adrián Bonilla, director de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), el tema de las negociaciones comerciales con otros bloques ha jugado un papel importante en esta escalada.
"Bolivia -dijo Bonilla a EL TIEMPO- fue el país que más se esforzó para bloquear las negociaciones que se estaban dando entre la UE y la CAN. Esas negociaciones eran muy importantes para los peruano, porque la UE tiene un peso importante en el comercio con ese país".
Bonilla también menciona las fricciones que se produjeron con las negociaciones para un Tratado de Libre Comercio (TLC) de Perú con Estados Unidos, y la idea que existe en Lima, muy fuerte, de que Morales, muy cercano al presidente de Venezuela, Hugo Chávez, 'auspicia' a una serie de políticos y entidades que le hacen oposición al gobierno peruano.
De hecho, durante la campaña que llevó a García a la presidencia de Perú, Chávez apoyó a su opositor, Ollanta Humala.
Y es que los dos gobiernos son como el agua y el aceite. Mientras que el boliviano está casado con el estatismo, el peruano es abiertamente neoliberal y, por cierto, muy exitoso.
¿Mecanismo de distracción?
En Bolivia hay preocupación. El Instituto Boliviano de Comercio Exterior (Ibce), que agrupa a los exportadores bolivianos, manifestó: "Es peligroso que los agentes económicos peruanos perciban que Bolivia es problemática y decidan cambiar de abastecedores para determinados productos".
Para muchos, las declaraciones del presidente boliviano contra su par peruano -duramente criticadas por la oposición y por ex cancilleres de su país-, responden a una maniobra de distracción frente a la gravísima situación política interna de Bolivia.
El canciller peruano, José Antonio García Belaúnde, lo dijo sin rodeos: "Cada vez que (Morales) sufre una derrota ataca al Perú como si fuéramos responsables de que lo venzan en las urnas".
Y los hechos parecen darle la razón. Morales atacó a Perú poco después de los referendos que convirtieron en provincias autónomas a Beni y Pando, con lo cual lo ocurrido en Santa Cruz el 4 de mayo dejó de ser un hecho aislado.
Y algo similar ocurrió esta semana, cuando su candidato perdió la elección para prefecto (gobernador) del departamento de Chuquisaca, y la ganadora -la quechua y ex aliada de Morales, Savina Cuéllar- se alineó con el movimiento de oposición regional que defiende un sistema de autonomías para las regiones bolivianas.
La gota que colmó la copa
Dos días después de este hecho, Morales llamó a los peruanos a protestar por la supuesta inminencia de una base de E.U. en su territorio.
Este hecho colmó la paciencia del presidente Alan García, quien denunció una injerencia boliviana en los asuntos internos de Perú y, parafraseando al rey de España, le dijo a Evo Morales: "Habría que decir, como Juan Carlos de España, '¿por qué no te callas?'. Métete en tu país y no te metas en el mío. Ya estás jalando demasiado la pita, así que ten cuidado con las consecuencias de lo que estás haciendo (...)".
Morales no se quedó callado y ante una pregunta de un periodista que planteaba la posibilidad de unas excusas al Perú, respondió que él no se disculpaba ante "neoliberales".
El analista internacional peruano Juan Velit asegura que nunca antes un mandatario boliviano había tenido un comportamiento tan ofensivo hacia Perú y sus autoridades. "Es importante que Evo Morales entienda que ya no es un líder cocalero, sino un jefe de Estado y debe tener, por lo tanto, talla de estadista y un comportamiento de altura. No puede acusar a otro país sin ninguna prueba y utilizando un lenguaje decimonónico", aseguró.
PAOLA PINEDO GARCÍA
Y CARLOS ORÍAS B.
PARA EL TIEMPO
LIMA y LA PAZ