‘Lo que pasa con la ciencia en Venezuela es un desastre'

‘Lo que pasa con la ciencia en Venezuela es un desastre'

El químico Claudio Bifano habla de la situación del país en materia de ciencia y tecnología. 

Moisés Wasserman y Claudio Bifano

Moisés Wasserman, de la Academia Colombiana de Ciencias, condecoró a Bifano.

Foto:

César Melgarejo / EL TIEMPO

17 de agosto 2017 , 10:33 p.m.

A los 78 años, el profesor y químico inorgánico venezolano Claudio Bifano Rizzuti, quien preside la junta directiva de la Academia de Ciencias de América Latina, fue posesionado el miércoles pasado por la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales como académico honorario, por su aporte a la investigación científica en las últimas décadas. En la actualidad, Bifano se dedica a la docencia universitaria en Venezuela.

Para usted, ¿cuál es el mensaje que envía el Gobierno colombiano frente a un recorte del presupuesto del 41,6 por ciento para el sector de la ciencia?

Nuestros países latinoamericanos tienen un conjunto de problemas de tipo social que deben ser atendidos por el gobierno y exigen una solución inmediata. Ciencia y tecnología siempre han sido los ‘patitos feos’, pues cuando se hace un recorte presupuestario estos son los primeros en caer drásticamente.

Desafortunadamente, todavía no están siendo consideradas como factores importantes del desarrollo y el bienestar humano. Pero hay que insistirles a los gobiernos para que comprendan que estos temas no son ningún adorno dentro de sus agendas políticas.

Si se mira a largo plazo, es necesaria una inversión sustancial en ciencia, tecnología, medioambiente y en formación de recursos humanos de alto nivel. Sin embargo, los problemas que debe enfrentar el gobierno, que exigen soluciones inmediatas y son apremiantes, obligan a tomar este tipo de decisiones tan desafortunadas.

¿En un escenario de posconflicto no cree que el presupuesto para la defensa debería ser menor y mayor lo que se destina a investigación y humanidades?


Sería lo ideal, pero la defensa sigue siendo un factor preponderante dentro de la mentalidad política y social de nuestros gobernantes. En medioambiente sí creo que la conciencia ecológica está aumentando y nos hemos dado cuenta de que existe una diversidad enorme que hay que preservar porque, si destruimos el ambiente, estamos destruyendo también el medio en el que nos movemos y vivimos. Lo sentimos como una problemática más cercana, mientras la ciencia sigue siendo un tema poco comprensible por la mayoría.

¿Cuáles son las ramas de la ciencia que más se investigan en Latinoamérica?

Las biomédicas, sin duda, porque responden a una demanda social. Luego vienen la química, física y matemáticas, que se están reforzando poco a poco, pero aún no tienen la suficiente fortaleza. La mayoría de inversiones económicas se hacen en Brasil y México, en actividades científicas que están orientadas hacia la producción de bienes y servicios. Chile está repuntando de una manera muy importante, al igual que Argentina. Y luego hay países como Colombia, Venezuela, Perú, Ecuador y algunos centroamericanos, donde la inversión en ciencia y tecnología es del 0,3 por ciento del PIB aproximadamente.

¿Cómo ha afectado a la ciencia la situación política que vive Venezuela?

Lo que está pasando en Venezuela es un verdadero desastre, y eso lo demuestra la cantidad de gente que ha migrado del país. La situación está tan mal que, incluso, a la gente que ha recibido una formación académica adecuada no le queda más remedio que irse del país para poder desarrollarse profesionalmente. De Venezuela se han ido más de 100 químicos con formación de Ph. D., y ya nos quedamos sin matemáticos para las universidades. No hay posibilidades de trabajo ni de tener una vida adecuada ni de seguridad. Me cuesta mucho decir esto, pero la situación en Venezuela es terrorífica. La ciencia, la tecnología, los servicios médicos, el servicio de transporte, las comunicaciones, absolutamente todo ha sido destruido.
Este gobierno, que ya tiene 18 años y se ha vendido al mundo como humanista, progresista, de izquierda y cuanta cosa se les ocurra, ha ocasionado el declive de la institucionalidad y de la infraestructura técnica y educativa del país.

¿Qué le espera a Venezuela con la migración intelectual que vive el país?

Cuando cayó Marcos Pérez Jiménez, en 1958, yo estaba en primer año de la universidad, y había una enorme ilusión de futuro. Venezuela ofrecía una promesa de futuro extraordinaria que se convirtió en realidad desde muchas formas. Cuando este chaparrón se acabe habrá que comenzar nuevamente a construir lo que están destruyendo. Algunos volverán, otros ayudarán desde afuera, pero lo importante es que todavía contamos con buena materia gris y, sobre todo, experiencia que podemos transmitirles a las juventudes.

En Venezuela los funcionarios se llenan de orgullo diciendo que la inversión en ciencia y tecnología es de más del 2,5 % del PIB. Pero es mentira

¿Cuál es la inversión del gobierno venezolano para el sector de ciencia?

En Venezuela existe un programa que se llama la Ley Orgánica de Ciencia, Tecnología e Innovación. En ella se estableció que todas las empresas públicas y privadas deben aportar un porcentaje de sus ingresos brutos para la ciencia y tecnología, lo que es una muy buena idea. El impuesto alcanza a ser del 2,5 por ciento de sus ingresos; eso trae como consecuencia una gran cantidad de dinero que va directamente al Ministerio de Ciencia y Tecnología, quienes lo manejan con demasiada discreción. No hay transparencia en el uso del dinero. Por ejemplo, mandamos al espacio un par de satélites que fueron metidos en ese gasto, pero ni siquiera un tornillo fue hecho en nuestro país.

Si uno suma el aporte del Estado, del orden de 0,3 por ciento, más lo que proviene del programa, los funcionarios se llenan de orgullo diciendo que Venezuela tiene una inversión de más del 2,5 por ciento del PIB en ciencia y tecnología. Pero es mentira, eso no lo tiene ni Dinamarca.

¿No saben en qué se está invirtiendo esa plata?

No, no tenemos ni idea. Puede ser desde una carretera hasta para seguridad o cualquier cosa. Pero, en el origen, las mismas empresas decidían en qué proyectos querían invertir su dinero. El problema fue que cuando el gobierno se dio cuenta de la cantidad de dinero que le estaba entrando; cancelaron esa opción, y ellos empezaron a recolectar la plata y a usarla como quieran.

Si el dinero se utilizara en lo que supuestamente se debe utilizar, sobraría, y nadie se iría del país. Tendríamos unos laboratorios perfectamente equipados, podríamos publicar en las mejores revistas científicas del mundo, ir a todos los congresos, organizar los congresos. Pero, nada de estas cosas se pueden hacer.

¿Cuál fue la mejor época para la investigación científica en Venezuela?

Los años 80 y 90. En 1958 nos empezamos a organizar, y ahí se creó la facultad de ciencia de la Universidad Central y el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas. Allí comenzó a verse la ciencia como una actividad profesional.

Claudio Bifano

Bifano preside la Academia de Ciencias de América Latina.

Foto:

César Melgarejo / EL TIEMPO


Si conseguir suministros de comida o salud es tan complicado, ¿cómo hacen para la experimentación en investigación, por ejemplo?

Es que ya no podemos. No se hace. Los costos están muy por encima de cualquier financiamiento que uno pudiera llegar a tener por parte de alguna cartera del gobierno. No alcanzaría para comprar reactivos, y muchísimo menos instrumentos de ciencia.

¿De qué viven entonces?

Del pasado. De la infraestructura que se logró montar hasta principios de los años 2000. De ahí en adelante estamos cayendo.

¿Y las clases prácticas cómo las dictan?

No podemos dictarlas tampoco. A veces les enviamos la información solo por internet. Pero hay que seguir manteniendo la esperanza y confiar en que las cosas mejorarán. Seguiremos dispuestos a trabajar.

¿Cómo evalúa la posición internacional frente a la situación que vive su país?

Los amigos son circunstanciales. Yo primero me ocupo por mis problemas y después por los suyos. Y, adicionalmente, no me puedo meter a su casa a arreglarle el alboroto que tiene. Eso se llama injerencia. No se trata de que nos ayuden, sino de que se informen bien de lo que está pasando. Aunque sí es muy importante que se abran canales humanitarios, como los que Colombia está teniendo. Lo que sí es cierto es que el 80 por ciento de la población está descontenta, y no necesariamente en términos de ideología, sino por las condiciones de vida que ha generado el sistema. Si usted no puede conseguir comida ni medicamentos, el Estado está atentando contra su vida. La gente se siente absolutamente desprotegida.

Los maestros parecieran ser uno de esos sectores desprotegidos, pero no solo en Venezuela…

No entendemos como sociedad que el maestro tiene una función extraordinariamente importante para cumplir: se le está confiando, nada más y nada menos, que la educación de nuestros hijos.

La situación de la educación en ciencia en nuestros países es terrible. Si hay algo que se enseñe mal en los colegios y escuelas en Latinoamérica es la ciencia. Debería enseñarse a través de la indagación y la experimentación. Los jóvenes dicen que las matemáticas, la química y la física son aburridas, pero es porque las enseñan a través de la memorización, y no hay peor cosa que tener que aprender algo que no se entiende solo para pasar un examen.

Hay que enseñar a que los niños y jóvenes se apropien de conocimientos. Se puede hacer un experimento por medio del cual él o ella pueda llegar con sus propios resultados a una conclusión que le permita explicar una hipótesis, una ley o un principio. Así nunca se le olvidará lo que aprendió.

Tristemente, las escuelas ahora son unos depósitos de niños. Unas guarderías donde los padres dejan a sus hijos para que sean cuidados mientras trabajan. Hay un problema social: la valoración de la educación como instrumento vital de desarrollo.

TATIANA PARDO IBARRA
Redactora de EL TIEMPO

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