‘No soy feminista, pero defiendo a muerte a las mujeres’: Topolansky

‘No soy feminista, pero defiendo a muerte a las mujeres’: Topolansky

La esposa del expresidente José Mujica y vicepresidenta de Uruguay habla de su pasado guerrillero.

Lucía Topolansky, vicepresidenta de Uruguay

La senadora y actual vicepresidenta de Uruguay, Lucía Topolansky.

Foto:

Diego Batiste / El Mercurio - GDA

13 de enero 2018 , 10:47 p.m.

¿Cómo prefiere que le diga: vicepresidente o vicepresidenta?

Me da lo mismo.

¿No se adhiere a la causa feminista?

Yo feminista no soy. Defiendo a muerte a las mujeres, pero no me defino así (...). Ahora bien, como yo estoy en esa posición, ninguna feminista se alegró de que la única mujer en la historia de Uruguay, y que ocupó la Vicepresidencia en forma interina varias veces en el periodo pasado, y la Presidencia en este periodo, fuera yo. No vi ningún comentario. Y es que pareciera que hay que ser feminista y pensar como ellas.

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Lucía Topolansky, 73 años, esposa del expresidente José Mujica, mujer con fama de dura y hoy la vicepresidenta de su país luego de que su antecesor renunciara al cargo tras un escándalo de uso de tarjetas corporativas oficiales y por presentarse con un título académico que no obtuvo, remata: “Y bueno, ese jueguito yo no lo agarro”.

Lucía Topolansky comenzó a militar políticamente cuando tenía 14 años. Hija de un ingeniero civil y empresario de la construcción, nació en una familia acomodada. Estudió, junto a su hermana melliza, en un colegio de monjas privado.

“Nunca les pedí permiso a mis padres para militar. Lo hice no más”, dice sentada en su oficina del Palacio Legislativo en Montevideo.

A su familia no le pareció bien su opción y menos aún cuando, tras entrar a arquitectura, ingresó a las filas del Movimiento Nacional de Liberación Tupamaros, grupo que reivindicaba la lucha armada.

¿Aún respalda la lucha armada como opción política?

La lucha armada fue producto de una época. Algunos decidimos tomar las armas para combatir los golpes de Estado que llegaron a toda América Latina orquestados desde fuera. Otros eligieron la vía electoral. Las dos fracasaron, a las dos nos derrotaron, el ejemplo más concreto es Chile. El neoliberalismo se impuso en todo el mundo, de norte a sur, de este a oeste. Entonces decir con el diario de hoy, estoy de acuerdo o no con la vía armada, no vale de nada.

Lucía Topolansky y José Mujica se conocieron en esa época, cuando ella tenía 23 años y él, 32. Ambos eran militantes del mismo grupo.

Él dijo una vez que el miedo los había juntado...

Es que cuando uno está en una organización clandestina, uno vive con mucho más intensidad el hoy y el minuto, porque mañana puedes estar preso, vivo o muerto.

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Los dos cayeron varias veces presos y se escaparon, hasta que finalmente, cuando llevaban dos años de relación, fueron detenidos y estuvieron 13 años en la cárcel. Solo salieron luego de una ley de amnistía que dictó el presidente Julio María Sanguinetti, en 1985, tras el regreso a la democracia.

Durante el tiempo de cautiverio no estuvieron en contacto, aunque ella tenía algunas noticias de él, de vez en cuando, gracias a la Cruz Roja.

“Cuando salimos nos juntamos de inmediato. Yo fui a saludar a mi mamá y luego me fui con él. Tuvimos la suerte de reconstruir la pareja a la salida”, cuenta ella.

Y ambos, al otro día, agrega, ya estaban militando de nuevo.

“Comenzamos a buscar un local para reconstruir la organización. Entonces, fuimos a hablar con los curas de la orden de San Francisco, ellos nos dieron un espacio en el convento. Nos instalamos ahí junto a nuestros compañeros y convocamos a los que habían salido y a los que volvían del exilio”, asegura.

¿Por qué la decisión de no tener hijos?

Cuando estábamos en la clandestinidad, optamos por no tener porque las circunstancias eran muy difíciles. Y cuando salimos, simplemente no vinieron los hijos. Para mí no fue ningún trauma. Yo no tengo esa película, siempre fui media anarquista en eso.

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Sentada en su oficina del segundo piso del Palacio Legislativo de Uruguay, un espacio amplio y señorial, y apoyada en un escritorio donde no hay nada personal, excepto un origami de una grulla que le hicieron unos niños de una escuela básica a la que visitó hace unos meses, Lucía Topolansky dice que hoy y siempre ha vivido de manera austera. Cuenta que cuando ella y José Mujica salieron en libertad, no tenían nada. Ella trabajó en el casino de la facultad de Arquitectura de la universidad en la que estudió. Su marido se dedicó a la jardinería. Ella dice que gastaban muy poco, por lo que pudieron ahorrar para la compra de una parcela. El resto lo pagaron en cuotas.

Es una parcela de 14 hectáreas y media, en donde viven cuatro familias. Ahí tienen una escuela agraria que tiene 80 alumnos. “Hoy también vivimos con muy poco”, dice.

Gana un sueldo de 210.000 pesos uruguayos (7.300 dólares), pero que el 15 por ciento lo entrega al Frente Amplio, la coalición a la cual pertenece. Y el dinero restante a su sector político

Cuenta que como legisladora y vicepresidenta gana un sueldo de 210.000 pesos uruguayos (alrededor de 7.300 dólares), pero que el 15 por ciento lo entrega al Frente Amplio, la coalición a la cual pertenece. Y el dinero restante a Espacio 609, su sector político. “Para mí, eso es más que suficiente, me da para vivir y para ahorrar. Yo soy anticonsumo”, explica ella.

Topolansky cuenta que lo mismo hacen todos los miembros del Frente Amplio, incluso su marido, y que en lo único que realmente gasta es en libros.

“Soy muy lectora. Tengo libros de cabecera, como ‘Cien años de soledad’, que lo he leído unas diez veces y siempre le encuentro algo. También siempre releo libros de Alejo Carpentier. Me gusta tener libros de arquitectura”, argumenta ella.

Su estilo sobrio incluye no tener nadie que le ayude en las labores de la casa. Ella cocina –“cocino muy bien, me queda bien todo lo que tenga que ver con carne y la pizza”– y limpia.

“Mi casa es chiquitita, un dormitorio, un estar, una cocina, un baño. Entonces, limpio, cocino todos los días y me sobra tiempo”, añade.

No tiene por costumbre hacer regalos, tampoco recibirlos y no suele celebrar su cumpleaños.

“Yo vivo lo que dice Antonio Machado: liviano de equipaje. Se es mucho más feliz, porque si tienes muchas cosas siempre estas pensando en más y si no logras tenerlo te amargas. Yo soy feliz”, comenta.

Cuando en septiembre pasado el Congreso uruguayo aceptó la renuncia del vicepresidente Raúl Sendic, los ojos se posaron sobre Lucía Topolansky. Ella era la senadora más votada, de la coalición política más votada, por lo que le correspondía reemplazarlo. Topolansky, dice, ya estaba cerca de su retiro del congreso.

“Llevo muchos años, desde 1999, y uno empieza a burocratizarse, pero no estaba pensando en jubilarme de la política, porque no podría vivir sin ella”, afirma.

¿Qué pensaba hacer cuando se jubilara?

Me gustaría dedicarme a la formación de militantes. La dictadura cortó ese proceso, y es muy importante. A su vez, el mundo cambió mucho, se globalizó y hoy hay una interacción delicada, porque apareció un convidado de piedra para mí, nuevo, que son las redes sociales. Ahí se opina sin responsabilidad muchas veces porque es anónimo.

Una sociedad capitalista

“Acá (en Uruguay) hay un pequeño partido que se llama Unión Popular y que se dice de izquierda, y ellos tienen un diputado y lo que han traído al parlamento son cosas irrealizables, porque una de las cosas positivas que tiene el Frente Amplio uruguayo es que no se ha despegado de la realidad posible, por aquello de que lo excelente es enemigo de lo bueno. Yo, cuando negocio, lo hago bajo la lógica de ‘te doy para que me des’, entonces, nunca voy a ir a un extremo. Hay que buscar soluciones de equilibrio y las soluciones de equilibrio nunca son extremas. Tenemos claro, para qué nos vamos a engañar: esta es una sociedad capitalista, eso no lo hemos podido cambiar –continúa–. Nosotros tenemos intención socialista, queremos caminar hacia una sociedad más igualitaria, pero estamos bajo una sociedad capitalista”, dice.

¿Cómo ha funcionado en Uruguay la legalización de la marihuana?

Primero, la ley no es de legalización, sino de regulación. En Uruguay entró el narcotráfico fuerte en 2002, cuando vino una crisis grande. Vimos que en Colombia lo combatían con el Ejército y las armas, en México también, y que nada de eso era una solución. Entonces, decidimos tomar otro camino: regularla. Nosotros lo que queríamos era sacarles el negocio a los narcotraficantes. Hoy existe un espacio que está custodiado por el Ejército, ahí las empresas piden permiso y plantan. Ese producto se distribuye a través de la red de farmacias. Es solo para uruguayos, no se les vende a extranjeros. Uno ahora sabe quiénes son los consumidores, y si tiene un problema los podemos ayudar. Yo no me atrevería a decir con la marihuana ‘esto es un éxito y es el camino’. Estamos en un proceso experimental, ya veremos.

Ni revancha, ni venganza

Lucía Topolansky, con su pelo corto y cano, sus manos que se mueven enérgicas, y su voz que se escucha fuerte cada vez que un tema la apasiona, o la molesta, dice que lo único que ha cambiado en su vida desde que José Mujica dejó la Presidencia de Uruguay en marzo de 2015 es que afuera de su casa ahora hay un cartel que dice: “El senador Mujica está muy ocupado, no puede recibirlo”.

“Lo tuvimos que poner porque era mucha la gente que llegaba. Al final todos hablan con el policía que está ahí custodiando a Pepe y él termina recibiéndolos”, asegura.

¿Y a usted la vienen a ver?

Han venido también, pero yo soy más antipática que él. En una de esas ando haciendo cosas y no quiero que me molesten.

Su marido se hizo famoso cuando la prensa lo bautizó como ‘el presidente más pobre del mundo’.


Eso era porque él donaba el salario, y porque los que conocen mi casa les parece que es una casa pobre, pero en mi casa hay agua corriente, hay luz eléctrica, hay saneamiento, tenemos la comida, hay estufa para calentarse. Tenemos lo que se necesita, yo no preciso 40 cuartos para vivir, ¿para qué?

Usted estuvo 13 años presa, fue torturada, ¿cómo se hace para sobrevivir a eso?

No vivo por revancha, ni por venganza. Si mi causa es lograr la felicidad de la gente, no puedo vivir de la revancha, es lo que me planteo políticamente. Entiendo que se reclame justicia, pero yo no vivo obsesionada por eso, porque tengo que recuperar el tiempo perdido. Yo salí y me zambullí en la vida a vivirla a pleno, me inventé un trabajo, estudié cosas, y no voy a parar mientras la vida me dé oportunidad.

“Además, tengo claro que tomé todas mis decisiones en libertad, mis aciertos y mis errores fueron tomados en libertad, y lo que me pasó fue una consecuencia de mis decisiones, no tengo que reprocharle nada a nadie”, añade ella.

¿No se arrepiente de esos años perdidos?

¿Perdidos? No, yo perdí una batalla, pero si hubiera perdido la guerra no estaría sentada acá.

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Y entonces Lucía Topolansky se emociona al recordar el día en que ella, como la senadora más votada del Congreso, tuvo que tomarle juramento a su marido, José Mujica, en el 2010.

“Acá hay un batallón que custodia el Palacio Legislativo, se llamaba Batallón Florida. Ese fue el que nos tomó presos a nosotros. Y ahí estaban ellos, haciéndonos los honores. Ese día estuvo lleno de símbolos para nosotros: primero, yo le tomé el juramento, luego, era primera vez que alguien que había estado preso, que había estado en la lucha armada, era presidente de la República, era el segundo gobierno del Frente Amplio. Y después del juramento hay un desfile militar que les rinde homenaje a las autoridades. Bueno, así que perder, no. Es todo relativo en la vida”, concluye.

ESTELA CABEZAS A.
EL MERCURIO (Chile) - GDA
Montevideo

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