Diez años de Raúl Castro, la otra revolución que se tomó a Cuba

Diez años de Raúl Castro, la otra revolución que se tomó a Cuba

Restableció las relaciones con Estados Unidos e inició una apertura económica.

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El mandatario socialista (centro) terminó siendo el insospechado adalid de la apertura económica y del acercamiento a Estados Unidos.

Foto:

Alexandre Meneghini / Reuters

01 de agosto 2016 , 02:14 a.m.

Una proclama de Fidel Castro leída en el noticiero de la televisión cubana el 31 de julio del 2006 sorprendió al mundo al anunciar que un grave quebranto de salud lo obligaría a “permanecer varias semanas en reposo, alejado de mis responsabilidades y cargos”, y a un traspaso “provisional” del poder al general Raúl Castro, su hermano.

La enfermedad del Comandante era “secreto de Estado” y con frecuencia corrían rumores sobre su muerte, desmentidos por alguna foto y por la publicación de sus “reflexiones”, cada vez más esporádicas.

La interinidad duró 20 meses. En febrero del 2008, Fidel, quien cumplirá 90 años el 13 de agosto, confirmó su retiro definitivo y su nuevo estatus de “soldado de las ideas”.

El hito de este decenio con Raúl Castro en el poder fue el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, en julio del año pasado, que derivó en un ‘boom’ turístico.

Sin embargo, los cubanos de a pie no sienten muchos beneficios en su vida cotidiana, respecto de lo que tenían diez años atrás.

Como presidente, Raúl ha practicado su “pragmatismo” dentro de la ortodoxia comunista y promovido “la actualización del modelo económico y social”, como llaman a las reformas.

Las expectativas del pueblo cubano han venido aumentando de la mano de los cambios, muy lentos o demasiado rápidos dependiendo del interlocutor.

En estos diez años se eliminaron “prohibiciones absurdas”, permitiendo a los cubanos comprar líneas de telefonía móvil, acceder a hoteles turísticos, alquilar vehículos, y comprar y vender viviendas –una casa personal en la ciudad y otra en el campo o la playa– y carros de segunda.

Así mismo, se autorizó la entrega en usufructo de tierras ociosas para reducir importaciones de alimentos. Cerca de 200.000 personas han recibido 1,7 millones de hectáreas. Buscando aligerar las abultadas plantillas estatales, en el 2010 se ampliaron las actividades que podían realizar los trabajadores autónomos, llamados ‘cuentapropistas’, que pasaron de unos 130.000 a más de 500.000.

Otra novedad fue la concesión de créditos para financiar microempresas o reparar viviendas, así como la ampliación del modelo de cooperativas a sectores no agropecuarios.

Tras el crecimiento del trabajo particular llegó la ley tributaria (2013) para pagar impuestos por utilidades, tasas aduanales, ventas, mano de obra e ingresos personales, algo nuevo para los cubanos.

Los dos últimos congresos del Partido Comunista (2011 y 2016) aprobaron limitar a dos mandatos consecutivos de cinco años los cargos gubernamentales, y fijar en 60 años la edad tope para pertenecer al Comité Central y en 70 años para otros cargos de responsabilidad partidista.

Una medida de impacto fue la reforma migratoria por la supresión del “permiso de salida” y la posibilidad de permanecer fuera de la isla hasta 24 meses sin perder los derechos sobre las propiedades en Cuba.

Sobre el papel y desde una mirada macroeconómica, todo ha sido positivo. Incluso, la nueva Ley de Inversión Extranjera, que da facilidades a empresarios foráneos para instalarse en la isla, copada de ‘paladares’ (restaurantes privados), viviendas reparadas y taxis ‘almendrones’ (antiguos).

Pero la falta de liquidez, la necesidad de aplazar pagos y la reducción de envíos de petróleo desde Venezuela, junto a los reparos para aceptar proyectos de inversores extranjeros (en el puerto de Mariel, de unas 400 propuestas de urbanización solamente funcionan cinco y apenas una decena están aprobadas) hacen vislumbrar en el horizonte nubarrones que el gobierno raulista intenta controlar afectando lo menos posible a una población sufrida, pero cada vez menos dispuesta a aguantar penalidades.

El mes pasado, Raúl Castro ratificó su intención de hacer “todas las reformas que haya que hacer” manteniendo “el carácter socialista de la Revolución”. Una difícil cuadratura del círculo, especialmente cuando hay resistencia interna de quienes no quieren perder estatus y de trabajadores poco dispuestos a esforzarse por salarios insuficientes. El tema salarial y la unificación monetaria son asignaturas pendientes.

Mientras tanto, compañías aéreas estadounidenses empezaron a operar frecuencias regulares, los cruceros bajo la bandera de las barras y las estrellas ya son una realidad en los puertos cubanos y los ‘lobistas’ buscan agilizar el levantamiento del embargo.

MILAGROS LÓPEZ DE GUEREÑO
Corresponsal de EL TIEMPO
La Habana.

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