Capriles logró reunir a más de 50.000 seguidores en tierra de Chávez
Por: VALENTINA LARES MARTIZ |
EL TIEMPO acompañó al candidato de oposición en su visita al lugar de origen de su rival.
Con afinada precisión simbólica, el candidato opositor Henrique Capriles inició el cierre de su campaña electoral en el estado Barinas, cuna de su contrincante, bastión de la familia del presidente de Venezuela, Hugo Chávez. Y con un acto masivo el pasado 24 de septiembre -del que se dijo congregó a más de 50.000 personas-, dejó claro que en Venezuela, a pocos días de las elecciones, es cada vez más difícil asegurar que hay territorios 'chavistas' por definición. (Visite aquí el especial multimedia de ELTIEMPO.COM 'Directo Caracas: un viaje a las elecciones de Venezuela)
Desde las 12 del día comenzó el hormigueo de personas en la capital barinesa que buscaban acomodo para verlo. Cientos escogieron recibirlo en el aeropuerto, a donde llegó a las cinco de la tarde tras protagonizar una larga caravana en el costero estado Vargas (cercano a Caracas, otra zona históricamente chavista), pero miles prefirieron fundirse con la marea multicolor que se apostó frente a una pequeña tarima, en la que hizo acto de presencia 45 minutos después, arropado por el estribillo unánime: '¡Se ve, se siente, Capriles presidente!'.
"Esto no se veía desde hace como 13 años, cuando (el presidente) Chávez nos convenció, pero luego nos engañó", dice aferrada a la baranda Milagros González, apostada en la primera fila del mitin y con una banderita verde -que hace juego con su vestido- de apoyo al candidato. "Yo por eso te digo, en Barinas ya Chávez no gana; su hermano el gobernador y el alcalde son unos corruptos y ya nos cansamos. Esto se acabó", agrega. A su lado, Nidia González pide a los asistentes de Capriles que le ayuden a entregar una carta al candidato, porque sus hijas están grandes, se graduaron y no tienen trabajo. "¿De verdad le vas a dar la carta? No la vayas a botar; el 'flaco' (Capriles) la tiene que leer".
Las interrumpe un alboroto creado por el animador de la jornada, un reconocido locutor venezolano que acaba de anunciar la llegada de Capriles, quien, al trote, alcanza el micrófono de la improvisada tarima y desata una euforia total: "¡Que viva Barinaaaas!", y apunta al cielo con el dedo. En un mismo segundo ondean banderas de todos los colores y cientos de teléfonos se alzan buscando captar una imagen, así sea lejana, del saludo. En cinco cuadras no cabe un alma, ni en las azoteas de los edificios, según muestran las fotos de la gente de su comando de campaña.
Algunos de ellos llegaron con un día de anticipación para preparar el tinglado y comentan que, contra lo que esperaban, no tuvieron problemas con las autoridades ni con simpatizantes del chavismo, que en otras oportunidades han reaccionado violentamente a la presencia del entorno de Capriles.
El candidato opositor ha cambiado de camisa, pues llegaba de la costa a Barinas; pero desde que empezó la campaña lo que ha cambiado es el discurso. Lo endurece, sabiéndose en la recta final. "Fíjense en la gran contradicción. Esta es la tierra natal del que gobierna desde hace 14 años y es el estado con el más alto índices de pobreza del país (...). ¡Quien se olvida de su tierra natal no tiene derecho a seguirla gobernando, y el pueblo de Barinas tiene la llave para abrir ese candado!", dijo.
La confrontación ahora es directa. Se apoya en el programa y las promesas del presidente Chávez para diferenciarse. Lee un pasaje del plan de gobierno del chavismo 2013-2019 que reza: "(...)
Contribuir al desarrollo de una nueva geopolítica internacional en la cual tome cuerpo un mundo multicéntrico y pluripolar, que permita lograr el equilibrio del universo y garantizar la paz planetaria".
Entonces ruge: "¿Y quién les garantiza la paz a ustedes? (...) ¿Quién salva la vida de ustedes? (...) ¿Qué le ha dado la revolución a Barinas?". La marea responde una y otra vez: "Naaaaadaaaaa".
Desde su elección en las primarias como candidato único de la oposición, se percibe el cambio de talante, de voz y de actitud de Capriles. Al pragmático gobernador del estado Miranda, de carisma dudoso, se sobrepone ahora un verdadero fenómeno de masas, implicado del todo en la carrera por la Presidencia. En Vargas, a los chavistas que salían a su paso con afiches del "comandante" les hacía un ademán de acercamiento, como diciendo "vengan conmigo".
A los hombres les hace un abrazo imaginario y a las mujeres (que gritan como si Ricky Martin se les hubiera cruzado en su camino), les lanza besos y más besos. Tantos, que una periodista llegó a contarle más de 280 en un trayecto de cinco kilómetros.
Solo deja de sonreír cuando se refiere al "otro candidato", blanco de su crítica incesante: "¿Dónde está la nueva carretera Mérida-Barinas? ¿Qué pasó con el hospital de la ciudad? Yo vengo aquí a comprometerme. No tenemos ningún plan oculto. Yo no traigo facturas en mi carpeta; soy de una nueva generación. ¡Se acabó la cháchara después del 7 de octubre, y ustedes indican el camino!", dijo.
Esta es la cuarta visita que hace a Barinas desde que comenzó la campaña, y sus discursos han ganado 15 minutos más de lo habitual hasta alcanzar la media hora. Se repetirán en los cierres de campaña que hará en otras 10 ciudades antes del 4 de octubre.
"Quiero decirles desde lo más profundo de mi corazón: no tengan miedo. Le quiero decir a nuestro pueblo oficialista que también va a ganar el 7 de octubre. Yo tengo a Dios en mi corazón y no odio a nadie; por eso vengo a invitarlos a que juntos saquemos este país adelante. ¡Me tocará a mí como Presidente entregarles todo lo que se les ha prometido!", afirmó.
Barinas representa solo el 3 por ciento de la población electoral de Venezuela (tiene registrados 525.000 votantes de un total de 18,9 millones inscritos), pero el peso de este mitin trasciende los números. Un candidato de la oposición a alcalde comenta que en la reunión hay gente de todos los rincones del estado. El mismo, asegura, contrató a última hora seis autobuses adicionales a los que ya había pagado para traer gente desde Socopó -un pueblo barinés que queda a dos horas y donde se comenta mucho la presencia de guerrilleros colombianos-, deseosa de participar en el encuentro con Capriles.
"Me tocó pagarlos porque esa gente no tenía cómo llegar y ya se estaban poniendo bravos", dice, entre risas, antes de saludar al candidato, que ya terminó su discurso.
Capriles lleva ahora la certeza de que acaba de ocurrir algo muy especial. Con dificultad atraviesa los últimos 10 metros que lo llevarán de vuelta a la van, mientras decenas de brazos lo jalan para demostrarle afecto al bajar de la tarima. Un 'cariño' que lo deja aporreado, magullado, con visibles marcas en sus brazos, pero la sonrisa intacta, hasta que dos hombres fornidos le ayudan a entrar al vehículo.
En ese microclima de relativa calma, el candidato, impresionado, se permite un hondo suspiro, se lleva las manos a la cabeza y dice ya sin voz al grupo que lo asiste: "Qué energía, señores; esto es increíble. Vamos a echar el resto".
Valentina Lares Martiz
Corresponsal de EL TIEMPO
Barinas.
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