Vicepresidenta de 'abuelas de Plaza de Mayo' no se rinde a sus 97 años

Vicepresidenta de 'abuelas de Plaza de Mayo' no se rinde a sus 97 años

Aunque recuperó a su nieto, la mujer lucha por ver condenados a quienes desaparecieron a su hija.

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Rosa Tarlovsky de Roisinblit cumplirá proximamente 97 años.

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AFP

02 de agosto 2016 , 05:58 a.m.

A poco de cumplir 97 años, Rosa Tarlovsky de Roisinblit aún confía en ver condenados a los acusados por la desaparición durante la dictadura en Argentina de su hija y su yerno, cuyo bebé robado es uno de los 120 recuperados por las Abuelas de Plaza de Mayo.

Roisinblit, vicepresidenta de esa emblemática organización, se enorgullece por haber logrado sentar en el banquillo al brigadier general retirado Omar Graffigna, de 90 años, uno de los excomandantes de la Fuerza Aérea durante la dictadura (1976-83), junto a quien se apropió de su nieto.

"Estoy muy emocionada porque finalmente se ventila el caso. Miren cuántos años han pasado y recién ahora se llega a la verdad", dice Roisinblit al recibir a la AFP en su modesto apartamento a 50 m2 del Congreso argentino, mientras asiste a la fase final del juicio de los verdugos de su hija y yerno.

Recuerda que inició "la querella contra el Estado en 1979, ahora se sumaron mis nietos. Sé que vamos a ganar", confió con voz firme de ligero acento ruso.

Graffigna, quien había sido absuelto en el histórico Juicio a las Juntas de 1985, se enfrenta ahora a la justicia por la desaparición de Patricia Roisinblit y su marido, José Pérez Rojo, militantes de la organización armada peronista Montoneros.

Ambos fueron secuestrados el 6 de octubre de 1978 con su hija Mariana de 15 meses, que fue devuelta a la familia. Pero Patricia estaba embarazada de 8 meses. Los alojaron en la Regional de Inteligencia de Buenos Aires (RIBA) de Morón (periferia oeste), que dependía de la Fuerza Aérea.

Para el parto, la joven fue trasladada al centro clandestino de detención de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) y días después de dar a luz en un sótano y en condiciones infrahumanas, le fue arrebatado el bebé. Paradojas de la vida, Rosa fue obstetra en su juventud.

"A Graffigna, lo vi en el juicio. Lo veo como un viejo que va a negar todo, pero yo sé que es verdad de lo que lo acuso", dice Roisinblit.

Un problema en las piernas le impide por estos días ir a la Casa de las Abuelas como lo hizo a diario durante los últimos 39 años, y a asistir a todas las audiencias del juicio, uno más en este país que aún no cierra la herida de una dictadura que dejó 30.000 desaparecidos.

Junto a Graffigna son juzgados en esta causa el ex agente civil de la Aeronáutica Francisco Gómez, ya condenado como apropiador de su nieto, y el exjefe de la Riba Luis Trillo.

Dolor que no cesa

"Dolor hay siempre, esa herida no se cura nunca... Pero ¿decir que paro? No, nunca paro", asegura Rosa, quien nació el 19 de agosto de 1919 en Moises Ville, un pueblo de inmigrantes judíos en el campo de Santa Fe (centro-este), donde su padre había llegado siendo niño "huyendo de la persecución zarista", dice.

El nieto de Rosa que "vivió 21 años sin saber que era hijo de desaparecidos", repite Rosa, hoy recuperó su identidad y lleva los apellidos de sus dos padres, aunque eligió conservar el Guillermo con el que lo llamaron siempre.

La vida de Guillermo dio un vuelco el 27 de abril de 2000 cuando una joven se presentó en su trabajo y le dijo: "Hola soy Mariana, hija de desaparecidos y busco a mi hermano que podés ser vos". Él se acercó a Abuelas y la prueba de ADN fue definitiva: Mariana era su hermana y hoy este hombre corpulento de 37 años es Guillermo Rodolfo Pérez Roisinblit.

Ambos declararon en el juicio. "Contra la verdad no hay nada que hacer. No se puede luchar contra ella", afirma su abuela al admitir que la relación no siempre fue fácil. "En un principio el reencuentro fue idílico", recuerda Rosa, pero después Guillermo se enojó cuando sus apropiadores fueron juzgados y condenados.

Para Rosa no había otra opción que la justicia: lo robaron, lo inscribieron como propio, fraguaron una partida de nacimiento y mintieron. Sólo el tiempo permitió la reconciliación.

"Ahora me dice 'baba' (abuela). Es un buen muchacho", dice Guillermo, padre de tres hijos. "¿Cómo puede ser tan bueno una persona criada por un represor?", se pregunta Rosa y se responde: "es que tiene los genes". "Nosotras luchamos, pero los héroes son nuestros hijos que se levantaron contra una dictadura feroz y dieron la vida por un país mejor", sostiene.

AFP

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