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La presidenta de la Cámara de Representantes de E.U., Nancy Pelosi, ha abanderado la defensa de la reforma a la salud del gobierno Obama.
Hay casi 50 millones de personas sin seguro médico; más de 60.000 personas mueren al año por no tener con qué costearse un tratamiento o cuando lo recibieron ya era tarde, entre otras falencias.
Robin Beaton, como la mayoría de estadounidenses, pasó casi 35 años pagando cumplidamente la póliza de su seguro médico. Hace dos años, poco después de ser diagnosticada con un cáncer de seno, la compañía - Blue Cross Blue Shield- le envió una carta indicándole que su seguro había sido cancelado y, por lo tanto no pagaría por el costoso tratamiento.
Tras una exhaustiva revisión de su récord, la empresa había detectado que tras visitar a un dermatólogo para tratar un problema de acné, este había anotado "por error" que existían indicios de cáncer en su piel. Razón suficiente para alegar una preexistencia no reportada y causal de terminación. Sin seguro y enferma, tuvo que vender todo cuanto poseía e incurrir en deudas que superan los 200.000 dólares y que le llevaron hace a poco a declararse en bancarrota.
"Hay meses en que no tengo ni para comprar las drogas del tratamiento. Aún si logró sobrevivir este cáncer estoy como muerta en vida" afirma Beaton, de 59 años. A Otto Raddatz le pasó algo similar justo cuando se preparaba para recibir atención por leucemia. En su caso, la aseguradora decidió cancelar la póliza pues tenía cálculos intestinales -otra preexistencia, dijeron- que nada tenían que ver con el cáncer que le terminó costando la vida.
La situación de Carlos Mesa es aún peor. Nunca ha tenido un seguro por que no tiene con qué pagarlo. "Vivo el día a día con los dedos cruzados por que sé que si me enfermo terminó o en la cárcel -por las deudas- o en una tumba", dice este hombre de hombre de 42 años oriundo de Colombia pero ciudadano legal en E.U. Casos como estos abundan en Estados Unidos y encierran una enorme contradicción.
Uno de los peores sistemas del mundo
La principal potencia del mundo, y quizá las más ricas, tiene -bajo diversos estándares- uno de los peores sistemas de salud del planeta.
Un sistema lleno de vacíos, injusticias, e ineficiencias que son difíciles de entender para cualquier observador externo. Las estadísticas lo dicen todo. E.U., de entrada, es la única nación industrializada que no brinda cubrimiento universal a la totalidad de sus ciudadanos. De hecho, y este dato es alarmante, 46 millones de personas según el censo de 2007, carece de seguro de salud.
Como consecuencia de ello, más de 60.000 personas se mueren al año pues no tuvieron con qué costearse un tratamiento o cuando lo recibieron ya era demasiado tarde. De acuerdo con un Estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el sistema de salud de E.U. está ranqueado en el puesto 37 entre 191 naciones.
Países como Colombia (puesto 22) o Republica Dominicana, dice la OMC, sacan mejores calificaciones. En ese mismo, al evaluarse el desempeño general del sistema. E.U. ocupa el puesto 72. Otro estudio, del Commonwealth Fund, lo ubica en puesto 19 por calidad de servicio y por debajo de todas las naciones desarrolladas en cuanto a expectativas de vida y mortalidad infantil, ambas variables asociadas al cubrimiento de salud.
Lo más irónico de la situación, es que de todos los países del mundo, E.U. es quien más gasta en salud: el 15.7 por ciento de su PIB. Dato aterrador si se compara con otras naciones como España e Inglaterra, donde se invierte poco más del 8 por ciento y ofrecen cubrimiento universal, mientras en E.U. están esos 46 millones de desasegurados. También, por supuesto, es el más costoso del planeta.
De acuerdo con las últimas estadísticas, asegurar a una familia de cuatro cuesta unos 13.000 dólares anuales (26 millones de pesos). El doble de lo que costaba hace menos de 10 años. En países como Francia o Alemania, esa cifra es la mitad. Es tan costoso que la salud se ha convertido en la principal causa de declaración de bancarrota.
Hoy por hoy, 70 millones de estadounidenses están endeudados por servicios médicos que recibieron y no pudieron pagar en su momento. Adicionalmente está el tema de las aseguradoras.
Dado que en E.U. el sistema es operado principalmente por la industria privada, hay una constante batalla con el consumidor para disminuir o cancelar el cubrimiento y elevar los márgenes de ganancia -o reducir pérdidas-. Una investigación reciente, que fue revelada durante una audiencia en el Congreso, mostró como muchas compañías incentivaban a sus empleados -incluso con bonificaciones- para que detectaran errores así fueran minúsculos que permitieran cancelar una póliza que ya no les fuera rentable.
En resumidas cuentas, el sistema más costoso pero uno de los más ineficientes y plagado de injusticias. Algo que sorprende pues E.U., pese a todo, es líder en investigación y avances en la medicina e industria farmacéutica. Cómo se llegó hasta aquí es materia de intenso debate y depende de a quien se le pregunte.
Pero hay algunos puntos en los que hay coincidencias. Por un lado, esos mismos avances tecnológicos se han traducido en tratamientos que son más costosos. Y lo mismo pasa con las nuevas drogas que se han venido desarrollando.
Además están los altos costos administrativos que genera un complejo sistema de pago que no está estandarizado. En promedio, el 20 por ciento de la factura se va pagando estos "gastos de oficina".
Controversiales monopolios
Así mismo están los monopolios que ejercen las aseguradoras en algunos estados, que limita la competencia e impide que los precios se regulen por el mercado. Por ejemplo, una persona en el área de Washington está limitada a las dos o tres empresas que ofrecen cubrimiento en el área, pese a que existen 1.300 proveedoras de salud en el país que ofrecen tarifas más reducidas.
Suma el hecho de que E.U. es el país industrializado donde existe el mayor número de aseguradoras y proveedores de salud con ánimo de lucro.
Otro problema que se menciona con regularidad es el sobre costo que generan, irónicamente, los mismos desasegurados. Como no tienen cubrimiento, evitan el doctor a toda costa y por lo tanto no se detecta una enfermedad cuando está en su etapa preliminar y puede ser controlada por la vía preventiva y a menor costo.
Cuando finalmente llegan a la sala de emergencia -en E.U. una persona tiene que ser atendida en estas salas así no tenga seguro- el problema por lo general está muy avanzado y requiere de una intervención que suele ser mucho más onerosa.
Más de 100 mil millones de dólares anuales
Además, muchos de los desasegurados -y también ilegales- saben que en emergencias, por ley, los atienden sin pagar un peso. Ese costo, que anualmente supera los 100 mil millones de dólares, termina distribuido en las cuotas mensuales de los que sí pagan y contribuyendo al alza. Y hay otros problemas que son ideológicos.
En gran parte, los que se oponen al "cubrimiento universal en salud", que por lo general es obligatorio para el individuo- no solo mencionan que encarecería el costo para todos sino que violaría su derecho a la libertad. Es decir, el derecho a escoger si quieren o no un plan de salud. Que el sistema necesita un remedio, y con urgencia, está fuera de discusión.
El presidente Barack Obama ha hecho de la reforma a la salud una de sus prioridades. Y el tema actualmente está siendo discutido en el Congreso. Pero el debate es feroz.
Algunos quieren un sistema de "salud publica" que le haga competencia a las aseguradoras. Pero los detractores gritan "socialismo" y han prometido oponerse hasta la muerte.
Y son muchas las variables que se cruzan. Entre ellas, el enorme negocio de las aseguradoras y las industrias farmacéuticas, que defienden su pedazo del pastel a dentelladas. Y los pronósticos son bien reservados.
Hace dos semanas, el Comité de Finanzas del Senado aprobó un proyecto de ley para reformar el sistema. Un hito, pues se trata de la primera vez en 100 años que una reforma de esta magnitud avanza más allá de la etapa del Comité. El problema es que existen varios proyectos de ley avanzando simultáneamente en ambas cámaras y todos con iniciativas diferentes y polarizantes.
Aunque los chances de aprobar "algo" de aquí a diciembre son buenos, podría terminar siendo solo una "reforma de papel" que no ataque los problemas estructurales. La historia, además, juega en contra Como Obama, más de ocho presidente a lo largo de una centuria -comenzado con Theodore Roosevelt en 1909- lo han intentado, siempre terminado en fracaso.
El último fue Bill Clinton en 1992 y se dice que por ello se hundió su primer período en la Casa Blanca. Mientras se resuelve, no obstante, personas como Robin, Otto o Carlos seguirán pagando las consecuencias.
SERGIO GOMEZ MASERI
CORRESPONSAL DE EL TIEMPO
WASHINGTON
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