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Campanazo de alerta para Obama en las elecciones locales de Estados Unidos

Para Michael Steel, director del Comité Nacional Republicano, los triunfos de su partido el martes son la prueba de que los estadounidenses están preocupados por el rumbo del país en las manos de Obama.

Foto: AFP

Para Michael Steel, director del Comité Nacional Republicano, los triunfos de su partido el martes son la prueba de que los estadounidenses están preocupados por el rumbo del país en las manos de Obama.

La victoria de los 'resucitados' republicanos en los comicios de gobernador en Virginia y Nueva Jersey anticipa lo que sucedería en las legislativas del 2010 si los demócratas no aplican correctivos.

Quizás no fue un referéndum sobre la gestión de Barack Obama. Pero la barrida republicana en las elecciones especiales del martes, cuando se cumplió este miércoles 4 de noviembre un año de su histórico triunfo, fue un campanazo de alerta para el Partido Demócrata y para el nuevo presidente afroamericano, que el año entrante tendrán que defender las mayorías que hoy poseen en Cámara y Senado.

El partido del elefante se llevó, y con holgura, la silla para gobernador, vice gobernador y fiscal en el estado de Virginia. E hizo lo propio en Nueva Jersey, donde Chris Christie derrotó al gobernador Jon Corzine, que buscaba la reelección en un estado que se caracteriza por su inclinación demócrata.

Ambas elecciones son un campanazo para Obama y su partido por varias razones. Primero, y eso lo destacaron muchos medios como la CNN, por que implican una especie de 'resurrección' de los republicanos, que habían sido dados por 'muertos' durantes los comicios del 2008 cuando Obama ganó las elecciones con amplio margen y los demócratas extendieron su control en ambas Cámaras del Legislativo.

En ese momento se habló de un partido "desconectado de la realidad" y en vías de desaparecer.

Ahora, de acuerdo con Michael Steel, director del Partido Republicano, las elecciones locales prueban que los estadounidenses están preocupados por el rumbo actual del país, algo atribuible a Obama y a los demócratas.

Economía, poderosa razón

Además, las encuestas a boca de urna indicaban que el mal estado de la economía fue el tema decisivo para la mayoría.

Aunque las últimas estadísticas muestran que el país creció un 3.5 por ciento en el último trimestre, las tazas de desempleo siguen aumentando y siguen siendo pocos los nuevos puestos de trabajo creados, pese a los 800 mil millones de dólares que se aprobaron a comienzos de año para estimular la economía.

Temas que recaen en Obama y los demócratas por estar en el poder y a los que se suman la polémica reforma al sistema de salud, que todavía no avanza en el Congreso, y la recrudecida guerra en Afganistán.

"Puede que lo del martes sólo sea un síntoma, pero a los demócratas les podrían pasar la cuenta de cobro el año entrante si las cosas no mejoran", sostiene el estratega político Mark Mellman. 

Otro elemento crucial -y muy simbólico- que emerge de los resultados es que la magia de Obama no se trasladó a los candidatos del partido en ambas carreras. Peor aún, el Presidente le dedicó mucho tiempo de su agenda a promoverlos sin que eso se tradujera en votos. En el caso de Virginia, por ejemplo, Bob McDonnell, aventajó a su rival Creigh Deeds por 21 puntos. 

Otra precupación para los demócratas

Las estadísticas también deberían ser otro factor de preocupación para los demócratas. En gran parte, las victorias llegaron por cuenta de los votantes de corte independiente, un grupo que se inclinó mayoritariamente por Obama y por candidatos demócratas en las elecciones del año pasado.

Además, los jóvenes y  afroamericanos, que tanto pesaron en esos mismos comicios, no salieron a votar en masa.

En cualquier caso, la victoria del martes, como mínimo, revitaliza a los republicanos.

El Partido Demócrata, por su parte, ha preferido ver el vaso medio lleno y no medio vacío y subraya las mismas estadísticas para demostrarlo.

Tanto en Virginia como en Nueva Jersey, las encuestas indicaban que los votantes no sufragaron pensando en Obama. En Virginia, un estado que es muy conservador, el Presidente sigue contando con un apoyo del 58 por ciento (por encima de la media nacional, que tiene al mandatario con un 50 a 52 por ciento de popularidad). En Nueva Jersey, el número fue del 60 por ciento.

Los demócratas resaltan a su vez, que el resultado era predecible y que encaja con una tendencia bien establecida en estos dos estados, que suelen elegir a gobernadores del partido opositor a la Casa Blanca.

Mark Warner, por ejemplo, ganó Virginia en el 2001, cuando George W. Bush acababa de llegar a la Casa Blanca y su popularidad era inmensa tras los atentados del 9-11. Y el caso de Nueva Jersey es muy similar.

Finalmente, destacan la victoria para una curul en la Cámara del demócrata Bill Owen. Aunque Owen triunfó gracias a una división de los republicanos -que presentaron dos candidatos- es la primera vez desde la Guerra Civil, en el siglo XIX, que un demócrata gana en este distrito. Y advierten, también, que dos victorias para cargos de gobernador -una en un estado de por si muy conservador- no pueden servir como termómetro del sentir nacional.

Muchos analistas, de hecho, responsabilizaron a la prensa por haber convertido el tema de las elecciones en una especie de "referéndum", cuando la realidad es que este tipo de contiendas suelen enfocarse en temas locales: el desempeño de sus funcionarios y la personalidad de los rivales.

Sin embargo, como lo puso 'The Washington Post' (http://www.washingtonpost.com/) en su edición poselectoral, se trata de una clara advertencia para los demócratas: "Ya no estamos en el 2008", decía el titular de primera página.

En otras palabras, los factores que provocaron esa aplastante victoria -un impopular presidente al que se le atribuía el estallido de la crisis económica, dos guerras de nunca acabar, casi una década de desgaste político con los republicanos al frente, y un magnético candidato que supo recoger el clamor por el cambio que quería el pueblo- han ido cediendo terreno frente a la cruda realidad. Y si Obama y su partido no cumplen con lo prometido, serán castigados en las legislativas del 2010.

SERGIO GÓMEZ MASERI
CORRESPONSAL DE EL TIEMPO
WASHINGTON

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